El Sevilla dio por finalizadas las conversaciones con José María Ramos y su grupo inversor luego de un giro abrupto en el planteo económico. La negociación venía con un impulso fuerte: hace dos semanas se había firmado una carta de intención para una operación de 440 millones de euros de gran escala.

En aquella propuesta inicial, el esquema contemplaba una inyección de 80 millones para una ampliación de capital, mientras que 290 millones se destinaban a los accionistas. El resto del dinero quedaba reservado para afrontar el desembolso necesario para cancelar la deuda neta estimada del club. Además, la parte vendedora había aceptado extender los pagos y, a la vez, asumir cualquier pérdida que pudiera generarse hasta la firma definitiva. Ramos, según lo transmitido a los actuales dueños, había dado garantías sobre el cumplimiento de esos pagos, por lo que la decisión de cambiar el rumbo en el encuentro de este miércoles tomó por sorpresa.

El nuevo planteo y el quiebre

  1. Durante la reunión del miércoles, Ramos se presentó con un representante distinto al que había intervenido hasta ahora.
  2. Roberto Álvarez, abogado deportivo reconocido y con participación en representación de una familia mexicana que figura como posible co-lider del proyecto, reemplazó a los asesores que venían trabajando en la operación.
  3. El consorcio presentó condiciones completamente diferentes: la valuación bajó a la mitad y la operación quedó planteada en 220 millones de euros.
  4. Con la nueva estructura, se propuso un aporte de 120 millones para una ampliación de capital considerada urgente, con la idea de que el grupo obtuviera el 42% del control.
  5. Los restantes 100 millones se utilizarían para comprar un 18% adicional a accionistas actuales, con lo cual el grupo pasaría a tener control total.
  6. En ese escenario, el resto de las acciones que no entraran en la compra quedarían con un valor prácticamente nulo.

La reacción de los actuales propietarios fue inmediata: rechazaron el cambio de condiciones y dieron por terminada la negociación. La parte vendedora rompió el acuerdo de manera unilateral al considerar que las nuevas cifras resultan inaceptables para el futuro del club.

El desenlace también estuvo ligado a la forma de plantear la compra: al no precisar qué paquetes accionarios exactos buscaban adquirir, los compradores preveían avanzar con una oferta pública general. Esa maniobra dejaría a los dueños actuales en una posición muy marginal dentro de la reconfiguración accionaria. A su vez, el ofrecimiento revisado terminó siendo sustancialmente más bajo que otra alternativa que había presentado un grupo inversor distinto con anterioridad, propuesta que en ese momento no había sido considerada por el directorio.

Con este quiebre repentino, el balance para todos los involucrados es frustrante: la sensación es que, tras cinco meses largos de conversaciones intensas, la negociación se perdió por completo.

Qué viene para Sevilla

Ahora, el Sevilla deberá moverse con urgencia para conseguir inversión. La ampliación de capital obligatoria sigue siendo un requisito ineludible, por lo que el club necesita encontrar rápidamente un nuevo comprador.

La situación, al menos en lo inmediato, tiene un costado positivo: para el conjunto andaluz ya se acercaron varios inversores con intención de reactivar su interés, lo que permitiría que se inicien conversaciones nuevas en muy poco tiempo.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.