Hay una cuenta de redes sociales que se hizo muy popular hace algunos años: “When Playing It Out of the Back Goes Wrong”. Su gracia está en compilar situaciones de todo el mundo futbolero en las que equipos intentan construir desde el arquero y, de una u otra manera, terminan fallando: con penales, expulsiones y, sobre todo, con goles en contra que dan vergüenza ajena.

La risa, sin embargo, se apoya en una obsesión que lleva años instalada en el fútbol: la manía de jugar la pelota desde atrás. Cuando Pep Guardiola impulsó esa idea con Barcelona en 2009, se lo veía casi como una locura peligrosa, algo “escandaloso” que no se podía hacer. Con el tiempo, el propio Guardiola terminó por desarmar esa postura: dentro de una década, el método se volvió habitual. El cambio fue enorme: a los defensores se les exige saber pasar y a los arqueros, además de atajar, se les pide que puedan moverse con criterio, como si fueran piezas de mediocampo. Hoy, prácticamente todo el mundo lo abraza.

Pero llega un punto en el que el fútbol exige ajustes. La posesión es un espectáculo: valiente, audaz, con potencial para dar resultados enormes. El problema es que también tiene un riesgo altísimo. Y cuando el rival la descifra, a menudo el castigo termina en clips virales.

En esa dirección aparece San Diego FC, un equipo con un costado desafortunado: en los últimos partidos viene regalando escenas. El sábado sufrió una “barbaridad” en su propio campo. El arquero Duran Feree entregó la pelota con un pase directo a los pies de Diego Luna, a solo seis yardas del arco. Luna solo tuvo que empujarla para convertir. San Diego terminó perdiendo 4-2.

El episodio encaja perfecto en una racha oscura para el equipo de Mikey Varas. Antes eran considerados una de las atracciones de la Conferencia Oeste, pero ahora llevan sin ganar durante seis partidos y muestran un fútbol que preocupa. En un contexto complicado, con una figura molesta fuera del campo y un estilo que se nota titubeante, el panorama en San Diego no parece tan luminoso.

Antecedentes: la construcción del proyecto y el gran salto

Un año atrás, a San Diego todavía lo costaba interpretar. Su armado de plantel tenía decisiones poco convencionales. Además, su director deportivo, Tyler Heaps, era lo bastante joven como para seguir participando semanalmente en la MLS. Era, en esencia, un grupo con poca experiencia, con una academia todavía en formación, intentando abrirse camino en una escena de fútbol del sur de California que está muy poblada.

Para completar el rompecabezas, contrataron a Mikey Varas, quien en ese momento no había dirigido ni un solo encuentro de fútbol de clubes. No era tanto un movimiento de cantera como un intento de hacer funcionar una mezcla de cabezas sin demasiada espalda en el proceso.

Como suele ocurrir con las franquicias de expansión, era difícil proyectar el techo. Aun así, el consenso general era bastante claro: San Diego iba a terminar cerca de los últimos lugares del Oeste. Se asumía que ese arranque sería parte de un proyecto en marcha y que los “dolores de crecimiento” serían inevitables.

Pero con el tiempo se vio que quizás habían detectado algunas cosas a tiempo, incluso desde el otro lado de la frontera mexicana. San Diego reclutó con criterio desde Europa y también eligió bien en el draft. Empezaron a ganar y, en la práctica, no frenaron. De hecho, las señales aparecieron temprano: arrancaron la temporada viajando hacia el norte para jugar contra Los Angeles Galaxy y se impusieron 2-0 en el estadio de los campeones vigentes de la MLS Cup.

Anders Dreyer fue protagonista en esa noche: marcó dos goles y se convirtió en figura de un equipo que venía con impulso. El conjunto de Varas encontró ritmo y sostuvo el rendimiento aunque atravesara momentos complicados por lesiones y cambios. Es cierto que en la final de Conferencia Oeste quedó a la vista la diferencia: cayó 3-1 ante Vancouver. Fuera de ese tropiezo, la lectura era que estaban teniendo un debut casi ideal.

Chucky Lozano y el quiebre interno

Aun dentro de ese buen tramo, apareció un ruido de fondo alrededor de Chucky Lozano. Mucho se habló del fichaje de la estrella de la selección mexicana, un tipo de incorporación que las franquicias de expansión suelen necesitar para vender camisetas y atraer atención. El costo fue de 12 millones de dólares, una cifra que se suponía justificada por el valor comercial y deportivo.

La realidad, no obstante, fue que la temporada del mexicano tuvo cortes. Estuvo entrando y saliendo del equipo por cuestiones físicas. En la mitad del campeonato aparecieron rumores sobre algún tipo de tensión con Varas. Y en octubre el asunto explotó: no quedó del todo claro qué dijo cada parte, pero Lozano se mostró molesto con la idea de quedar como suplente en uno de los últimos partidos de la fase regular. Aun así, Varas lo dejó en el banco. Lozano solo volvió a aparecer una vez más, en un tramo final, en la derrota 3-1 de su equipo en la final de la Conferencia Oeste.

San Diego manejó el tema con franqueza. Heaps dejó claro que Lozano no entraba en los planes de cara al futuro. Remarcó que la insatisfacción no se explicaba por un episodio aislado, sino por una acumulación: el desacuerdo se había visto tanto en entrenamientos como en partidos. En su lectura, Lozano simplemente no encajaba.

En otro escenario, eso podría haber sido suficiente para cerrar el capítulo. De hecho, en lo administrativo, lo de San Diego tiene lógica: Lozano era una inversión grande y, al menos, el club está siendo directo con su decisión de sacarlo del once. El problema es que, mientras esa salida se procesaba, el rendimiento del equipo no terminaba de enderezarse. Y en el último tiempo, San Diego se viene “desarmando” en el campo.

El problema futbolístico: el estilo se volvió una trampa

Hay muchas razones por las que un equipo entra en una sequía: lesiones, mala suerte, errores puntuales. San Diego puede señalar esa clase de factores. Pero el problema más grande parece otro: el equipo se aferra a una sola forma de jugar. Incluso el fútbol “sexy” y ofensivo que el año pasado lo transformó en uno de los más vistosos de la MLS hoy aparece como su talón de Aquiles.

San Diego no es el único que apuesta por una propuesta basada en la posesión. Y “jugarla desde atrás” ya no es aquella consigna peligrosa de antaño. Ahora bien, lo que le falta al equipo es flexibilidad. Hay partidos donde conviene tener paciencia… y hay otros donde, sin vueltas, hace falta despejar hacia adelante y buscar segundas jugadas. Los mejores equipos del mundo combinan ambas cosas: pueden ser ordenados con la pelota y, cuando toca, también juegan más directo para sacar ventaja. San Diego, en cambio, se acostumbró a ganar casi siempre con la pelota en el piso, con pases cortos como idea principal, y se mantuvo pegado a eso. Mientras tanto, los resultados se fueron cayendo.

La derrota del sábado frente a RSL fue especialmente dura. Pero también pesó un repaso en manos de Toluca —un rival que, además, es de los que compite y se hace fuerte— y un empate sin rumbo contra Dallas. Ese conjunto de resultados mostró una debilidad mayor: San Diego se volvió demasiado previsible.

Cuando un equipo empieza a ser “leído” partido tras partido, la respuesta natural del cuerpo técnico es ajustar. No hace falta rearmar todo el sistema desde cero, pero sí introducir cambios. En el fútbol actual, con el scouting y la preparación táctica tan aceitados, el rival suele conocer tu forma de atacar y de defender. La clave está en variar el plan cuando la lectura se completa.

No es un secreto. Los números lo dejan claro. San Diego sigue siendo el equipo con más posesión de la liga: ronda el 63% del tiempo con la pelota. Además, nadie completa más pases por partido. Promedian 600 pases. Incluso Inter Miami, que aparece segundo en esa lista, se queda en 500 y con un porcentaje de posesión menor. En envíos largos por cada 90 minutos, San Diego está fuera del top 10. Y aunque tenga la pelota, no genera tanto: ocupa el puesto 15 en goles esperados (xG), bajando desde el 9 del año anterior.

Defensivamente, la situación también es preocupante. En goles esperados en contra (xG contra), San Diego está 27° en la MLS, una estimación aproximada de cuántos tantos debería recibir un equipo por la calidad de situaciones que le conceden al rival. En disparos permitidos figura 8°, pero en xG por tiro está 5°, lo que indica que concede muchas chances de alta calidad. En otras palabras: San Diego permite encuentros “peligrosos” con frecuencia.

El desafío está en definir cómo cambiar sin romper la identidad. El fútbol es complejo y los equipos no cambian de una semana a la otra: las modificaciones grandes a mitad de temporada a veces se sienten más como reacciones que como una reinvención táctica. Para Varas y San Diego, la solución parece simple: no sería una catástrofe incorporar despejes largos de vez en cuando.

En esa línea se planteó que jugar directo no significa hacerlo sin rumbo. Hay formas de hacerlo con intención y estructura. Se mencionó el ejemplo de Liverpool bajo Jurgen Klopp: el equipo buscaba sacar desde atrás, pero cuando necesitaba cambiar a un plan más directo, lo hacía. La idea es poder sostener ambos caminos según el momento.

Ahora bien, para que ese “plan B” funcione, también hay que pensar en el plantel. Se necesita un arquero capaz de ejecutar envíos largos con precisión y un nueve móvil que aguante a los defensores y conecte con los jugadores ofensivos. En la lectura general, a San Diego le falta esa combinación para sostener un cambio real de patrón. El equipo fue tan fuerte el año pasado, justamente, porque estaba armado para una sola misión. Y hoy esa misión ya no produce el mismo efecto.

El cruce de caminos: MLS, Leagues Cup y una posible salida

Así, Varas podría estar frente a un punto de decisión. San Diego quedó afuera de la CONCACAF Champions Cup. Desde entonces, el calendario se reduce a MLS y la Leagues Cup. Hay un escenario posible en el que, con el tiempo, el equipo recupere su techo: la posesión alta podría volver a rendir, y el rendimiento de Anders Dreyer en goles y asistencias podría reencaminarse.

Pero también existe la alternativa de que hagan falta ideas nuevas, con caras frescas y una dosis más de calidad en el ataque directo. Y ahí aparece el elemento llamativo: un astro mexicano que, supuestamente, dejó de formar parte de los planes y que podría entrar en un posible arreglo para este momento.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.