El Barcelona de Hansi Flick llegó al Metropolitano con una tarea cuesta arriba tras caer 2-0 ante el Atlético en el partido de ida. En el trámite, los catalanes tuvieron más posesión, generaron más chances claras e incluso pegaron dos veces en el palo, pero el local encontró el golpe decisivo con una falta ejecutada por Julián Álvarez: el cordobés convirtió de manera espectacular el tiro libre sancionado por una infracción profesional de Cubarsí sobre Giuliano Simeone. Ya en el complemento, Alexander Sorloth terminó de complicar el panorama con el 2-0 tras una asistencia de Matteo Ruggeri. Con ese escenario, el regreso a Madrid quedó marcado por la reacción institucional del club y por un nuevo capítulo en su historia reciente de reclamos arbitrales.
La reacción del Barça tras el 2-0 y el reclamo formal a la UEFA
Menos de 24 horas después del pitazo final en el Camp Nou, el Barcelona publicó un comunicado en el que informó que sus “servicios legales” presentaron una denuncia ante la UEFA. El motivo fue una supuesta incidencia “bizarra” ocurrida en el área del Atlético, en el minuto 54 del partido.
En el texto, el club sostuvo que, una vez que la jugada fue reanudada correctamente, un futbolista rival tomó el balón dentro de su zona sin que se hubiera mostrado el correspondiente penal. Desde el punto de vista blaugrana, esa decisión —y, además, la “grave falta de intervención” del VAR— constituiría un error de gran magnitud. Por eso, pidieron que se abra una investigación, que se tenga acceso a las comunicaciones arbitrales y que, si correspondiera, se reconozcan oficialmente las fallas y se apliquen las medidas pertinentes.
El comunicado no se limitó a la jugada puntual: en el párrafo final, el Barça planteó que no sería la primera vez en ediciones recientes de la Champions League que decisiones incomprensibles perjudican al equipo, generando —según su lectura— una “doble vara” que impide competir en igualdad de condiciones con otros clubes.
Contexto: reclamos, contradicciones y antecedentes recientes con Flick y el arbitraje
El reclamo catalán se inserta en un historial que, en las últimas temporadas, estuvo plagado de denuncias y discusiones en torno a decisiones arbitrales. La nota remarca que, incluso antes de la jugada denunciada, existía un motivo para reclamar: se menciona que Juan Musso habría tomado un saque de meta del Atlético cuando, en principio, ya se habría producido un gol o una situación precedente, y que Marc Pubill habría puesto la mano sobre la pelota antes de reanudar la acción por su cuenta.
Sin embargo, el punto más sensible del argumento de la publicación es otro: el Barça, en paralelo, aparece como un club que no debería “callarse” si se considera el antecedente de la acusación por corrupción deportiva vinculada a pagos por un total de 8,4 millones de euros (equivalentes a 7,3 millones de libras o 9,8 millones de dólares) realizados a compañías vinculadas con José María Enríquez Negreira, durante su etapa como vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) en España.
La nota también trae a colación una escena de la temporada pasada: hace un año, Hansi Flick se había mostrado crítico con el Real Madrid, al señalar que desde el entorno merengue se intentaba presionar con la idea de boicotear la final de la Copa del Rey 2024-25. En ese momento, el alemán había mencionado supuesta “hostilidad y animosidad” por parte de los árbitros hacia el club.
Flick, en aquella ocasión, había dicho: “Lo que está pasando no está bien. No podemos perder el respeto por los árbitros. Esto es fútbol y es nuestra responsabilidad proteger a todos: jugadores, entrenadores y árbitros. En el campo hay emociones, pero después del partido hay que seguir”. Pero el texto marca una contradicción: menos de dos semanas después, el propio Flick no habría podido sostener esa postura al tiempo de su eliminación en Champions.
Se recuerda que, tras la caída 4-3 ante Inter en mayo pasado, la eliminación del Barça se consumó por el global 7-6 a favor del equipo italiano. Allí, Flick declaró que el resultado le parecía injusto por algunas decisiones arbitrales y agregó que no quería hablar “demasiado” del árbitro, aunque terminó insistiendo en que muchos fallos “50-50” terminaron favoreciendo al rival. También se remarca que, pese a su llamado a “seguir”, el entrenador sí confrontó al árbitro Szymon Marciniak al finalizar el partido. Esa actitud, según la nota, habría alimentado nuevas quejas posteriores de parte de los jugadores.
- Ronaldo Araújo sostuvo que Marciniak “influyó” en el partido.
- Eric García recordó agravios previos en encuentros con el árbitro polaco.
- Pedri incluso llegó a pedir que se investigara el manejo de Marciniak en la vuelta.
En la publicación se agrega que el mediocampista remarcó que no sería la primera vez que ocurre con ese árbitro y reclamó que la UEFA revisara el caso, porque existirían situaciones que no entiende y que, a su juicio, no resultan fáciles de explicar: “todos los 50-50 fueron para ellos”, repite el argumento.
La respuesta de Marciniak fue calificar como “ridículas” las acusaciones del Barça. La nota subraya que el árbitro incluso había sancionado un penal a favor del equipo catalán, pero el VAR, con Dennis Higler, intervino porque una falta de Henrikh Mkhitaryan sobre Lamine Yamal habría ocurrido fuera del área. Además, se menciona que Higler fue el responsable del penal que terminó otorgándose a Inter y que el mismo sistema estuvo implicado en la secuencia de decisiones que, según la crítica, alimentó las quejas sin fundamento.
VAR, reclamos y el ejemplo de la Liga: cuando la tecnología sí o cuando no
La nota también insiste en un punto que considera clave: el Barça cuestiona la intervención del VAR en el caso del Atlético, pero cuatro días antes había aceptado el uso de la tecnología en otro escenario en el Metropolitano. Se recuerda que, en el duelo de Liga entre Barcelona y Atlético, el VAR —Mario Melero López— le pidió al árbitro Mateo Busquets Ferrer revisar la expulsión de Gerard Martín por una entrada temeraria sobre Thiago Almada.
En ese caso, Busquets Ferrer cambió la sanción: bajó la roja a amarilla. No obstante, el artículo señala que, según la evaluación del CTA, el VAR no debería haber intervenido, dado que la decisión original de expulsar a Martín habría correspondido y debía mantenerse.
En el contexto de la lucha por el título de Liga, se afirma que fue una determinación de enorme impacto: allanó el camino para que el Barça ganara y se colocara siete puntos por encima del Real Madrid (aun con ventaja que la nota ubica en nueve). Aun así, la publicación recalca que en Cataluña también hubo quienes, desde la lógica de la conspiración, activaron su reclamo legal tras la derrota europea del miércoles.
La dimensión futbolística: filosofía, La Masía y la falta de autocrítica
Más allá del capítulo arbitral, el texto intenta explicar por qué el caso se vuelve tan sensible: el Barcelona tiene una identidad futbolística que se describe como admirable y de larga data, basada en la enseñanza de Johan Cruyff. En esa línea, se destaca que su escuela formó jugadores de gran capacidad técnica y comprensión táctica, y que el club no teme incluir juveniles como parte central de su modo de competir. Se remarca también que esa apuesta por la cantera aparece como una fuente de orgullo ligada al “causa” catalana.
En esa misma idea, se ubica a Lamine Yamal como un talento excepcional: el artículo lo define como un futbolista de ataque con características “tipo Lionel Messi” y sostiene que, con 18 años, ya hace cosas en La Liga y en Champions que nadie habría logrado antes. El texto apunta que el extremo estaría destinado a grandes cosas con un plantel lleno de graduados de La Masía.
Pero el diagnóstico que deja la nota es duro: crecen las sospechas de que este Barça se cree su propio relato. Por eso, según la publicación, el equipo reacciona con facilidad con rabietas cuando pierde y, lo que considera más preocupante, no se mira lo suficiente por dentro. La idea de que todavía no alcanza el nivel para ganar la Champions, siempre según esta lectura, no habría aparecido como tema central en el análisis interno.
Se recuerda, por ejemplo, que el Barcelona llegó a autoproclamarse como el mejor equipo de Europa antes de su encuentro de fase de liga con Paris Saint-Germain en octubre, hasta que lo dejó en evidencia el campeón de la temporada anterior. En ese contraste, se reconoce que la calidad del Barcelona de Flick no se discute: está a punto de ganar un segundo título español consecutivo por algo. No obstante, se insiste en que persisten dudas sobre la mentalidad.
La nota marca un dato que enmarca ese problema: la tarjeta roja de Cubarsí ante Atlético fue la quinta expulsión del Barça en dos temporadas bajo Flick, y se considera que eso habla tanto de la tendencia a la autodestrucción como de la ausencia de autocrítica posterior.
El martes en el Metropolitano: la gran chance de mostrarlo en cancha
Con la serie 2-0 en contra, el artículo plantea que el Barcelona tiene una oportunidad “gloriosa” de demostrar que es tan competitivo como dice. La consigna sería clara: dar vuelta el marcador en condición de visitante ante el Atlético. Se afirma que el equipo tiene la convicción de poder lograrlo, y se suma un dato motivacional: Ferran Torres prometió una “remontada” después del 4-1 del sábado ante Espanyol en el derbi.
Pero, al mismo tiempo, se remarca que llegó el momento de “poner o callarse”. El texto sostiene que el exceso de discurso suele terminar en relato de victimismo, y que la paciencia de los sectores más puristas se está agotando. La expectativa final es que Yamal y compañía hagan una declaración futbolística en Madrid, en lugar de leer, al día siguiente, un nuevo comunicado legal.
