La historia de Chris Brady tiene, en buena medida, dos facetas bien marcadas: los momentos en los que está en el foco y aquellos en los que queda más relegado. Es la vida de un arquero que suele ser primera opción en su club, pero que cada cierto tiempo también funciona como alternativa en la selección. En el fútbol internacional, esa dualidad define carreras y también la forma en que se persigue un sueño: transformar el impulso tardío de Estados Unidos en una chance real de Mundial.
Sin importar el rol o el contexto, Brady es siempre el mismo. No cambia su manera de prepararse ni su mentalidad según lo que le toque. El guardameta que se convirtió en el arquero de confianza de Chicago Fire bajo las luces de su ciudad también se fue metiendo, de forma silenciosa, en la competencia por la portería de la selección mayor. Y, en parte, esa ambición constante es lo que explica por qué está en esa pelea.
“Soy un poco más competitivo y un poco más apasionado de lo que la gente cree”, dijo Brady, riéndose, “sobre todo en los partidos. Siento que me gustaría que eso aparezca bien marcado en mi perfil, la forma en que se cuente mi historia, como sea”.
Mientras avanza su relato, su trabajo se mantiene flexible. En el Fire, se transformó en un líder y en uno de los mejores cortadores de remates de la MLS para un equipo que busca dar un salto hacia la élite. Con la selección, en cambio, casi siempre queda como tercer o cuarto recurso: el que tiene la tarea de llegar listo para que el arquero “principal” tenga su gran momento, aunque la posibilidad de jugar para él parezca lejana. Brady entiende que ese segundo trabajo no aparece sin respaldo del primero.
De un vistazo
- Chris Brady es arquero del Chicago Fire y busca consolidarse también en el ciclo de la USMNT.
- Con la selección suele ubicarse como tercera opción y su rol es ayudar a que el equipo llegue listo.
- Está en la órbita de la lista para el Mundial, a semanas de que Estados Unidos juegue en casa.
- A nivel club, ahora tiene más de 100 partidos en la MLS y es clave en la temporada del Fire.
- Su evolución se aceleró con la llegada de Gregg Berhalter al Fire de cara a la temporada 2025.
El próximo capítulo de su historia podría escribirse este verano. A pocas semanas del Mundial, el arquero de 23 años aparece entre los candidatos para integrar el plantel de la USMNT que jugará de local. Todavía no debutó oficialmente con la camiseta de Estados Unidos, pero en el último año y pico se ganó un lugar como pieza importante dentro del grupo. No todo lo “integral” recibe reconocimiento en la cancha: muchas veces, lo que no juega de forma constante queda invisibilizado. Brady, aun así, busca que se note su aporte.
“Todo arquero, sin importar dónde esté en la tabla de profundidad, tiene que estar listo para jugar”, explicó sobre su rol. “Lo mismo para cualquier jugador: tenés que estar preparado. Uno juega, otro suma minutos, otro queda como segundo arquero… pero lo importante es que todos estén en condiciones. Entrar en un entorno así siempre sentí que me iba a favorecer: poner lo mejor de mí para empujar la intensidad y la pasión”.
Sus chances de Mundial se sostienen, en gran parte, en lo que hace fuera de la foto: la intensidad en los entrenamientos, la pasión en lo cotidiano, los momentos discretos dentro del hotel, en el bus y en el vestuario. Elegir a un tercer arquero también implica encontrar a alguien dispuesto a trabajar como corresponde, sabiendo qué viene—o, más precisamente, qué no viene para él en cuanto a protagonismo.
“Ha sido un poco estresante”, admitió. “Obviamente, entrar en un plantel para un Mundial tiene una magnitud y una seriedad que yo no sé cómo se siente, porque no lo viví. Los que ya estuvieron antes probablemente te digan que te cambia la vida, pero yo ni siquiera puedo imaginarlo. Hay un poco de estrés y nervios alrededor”.
El camino que empezó en Chicago
La ruta hacia este lugar tiene su origen en un momento más silencioso. Arranca en Chicago, donde Brady comenzó a salir de las sombras para tomar su propio protagonismo.
Sus sueños profesionales no nacieron de un instante puntual, sino de una cadena de situaciones. No hubo un “punto de quiebre” único: fue como una reacción en cadena que él remonta hasta la infancia. De chico, el fútbol era diversión; con los avances, se fue poniendo más serio. Cuando llegó a la academia de Chicago Fire, la idea dejó de ser abstracta: sintió que de verdad podía pasar algo.
“El sentimiento empezó a asentarse como ‘ok, esto lo puedo llevar al futuro, y capaz esto es algo que puedo hacer como trabajo’. Incluso así, seguía pareciendo un sueño. Era una locura hablar así”, recordó.
Lo que más ayudó, según él, fue que la realidad se iba construyendo delante de sus ojos.
En marzo de 2020, Brady firmó su contrato “homegrown” con el Fire. Poco después, el club le dio el puesto inicial a una promesa de la portería: Gabriel Slonina. Un año más joven que Brady, Slonina fue el titular del Fire durante dos temporadas, mientras se convertía en una figura emergente en Estados Unidos y además aparecía como objetivo para un traspaso a Europa. Finalmente, firmó con Chelsea en 2022, apenas después de cumplir los 18.
Pero Slonina no era el único joven arquero con condiciones dentro de la academia. Cuando el canadiense/estadounidense—en el relato, el enfoque está en su salida a Londres—se fue a Inglaterra, el Fire le pasó la responsabilidad a Brady. Igual, no siempre sintió estar listo al cien por ciento, sobre todo al principio. El éxito de Slonina lo “arrastró” un poco, reconoció: le costó un tiempo terminar de salir del efecto sombra del anterior.
“Había una creencia de que alguien como yo podía hacerlo”, dijo. “Venimos de zonas parecidas, somos de edades parecidas, tenemos contexturas parecidas y antecedentes parecidos. Eso ayudó. Pero él era un poco distinto: su forma de encararlo, todo lo que era, era diferente. Yo me tomé mi tiempo para construir mi madurez profesional, cómo juego y todo eso. Él tuvo que afrontar mucho en poco tiempo y adaptarse rápido; yo, en cambio, tuve uno o dos años de margen para desarrollar bien mi repertorio”.
Las comparaciones eran inevitables, aunque Brady terminó comprendiendo que reemplazar a Slonina no significaba copiarlo.
“Cuando él se fue, pasó a ser más sobre cómo lo hago yo. Mucha gente estaba encima de su historia y su camino, y al principio daba un poco de miedo. Ser un arquero joven con la chance de arrancar en tu club de tu ciudad cuando el último portero estaba en una situación parecida a la tuya… había mucha comparación y, siendo joven, no sabía bien cómo manejarlo. Me molestaba bastante. Ahora lo entiendo: al menos desde el punto de vista de los medios, es natural que se comparen por las similitudes. En lo personal fue difícil al inicio, pero encontré mi ritmo un año o dos después”, afirmó.
Desde que apareció ese “ritmo”, no miró para atrás. Brady se fue metiendo entre los mejores arqueros jóvenes de la MLS y, además, se consolidó como uno de los mejores de la liga sin más.
El salto a la MLS y la evolución con Berhalter
El salto a la MLS nunca es sencillo, y menos para un arquero joven. Brady llegó con algo de rodaje: había jugado para Forward Madison y Chicago Fire II, pero la MLS tiene otra exigencia. Después de una aparición en 2022, en 2023 ya fue titular fijo en el Fire. Tenía 19 años.
“Lo más grande, en lo futbolístico, es la velocidad del juego”, comentó. “Venía de categorías formativas y entornos juveniles, y eso fue lo que más me llamó la atención al llegar a la MLS. Cuando el balón vuelve a vos o cuando lo tenés en las manos, el tiempo es muy limitado y tenés que pensar rápido. Eso me llevó un tiempo desarrollarlo”.
Con trabajo de titular, a los 19 necesitás margen, y el Fire se lo dio con paciencia. Hoy, con 23, Brady ya no es visto como “el arquero joven” aunque todavía sea la edad de algunos rookies en la MLS. Suma más de 100 partidos en la liga a nivel profesional y, además, fue una figura central para la reactivación del Fire, que sigue en esta temporada con el equipo ubicado cuarto en la Conferencia Este.
Él cuenta que la evolución fue gradual, pero que el último año se notó una aceleración fuerte. Ese cambio coincidió con la llegada de Gregg Berhalter, ex entrenador de la USMNT, que tomó las riendas del Fire antes de la temporada 2025. Con Berhalter como guía y punto de apoyo, Brady dice que cambió el enfoque mental y también subió su confianza.
“Que Gregg haya llegado el año pasado y haya cambiado la cultura y la forma en que encaramos y queremos jugar me ayudó a crecer como arquero”, sostuvo. “Me dio muchísima confianza con el balón en los pies. Es de esos tipos a los que no le importa si errás. Lo que quiere es que estés tomando decisiones correctas y que estés dando pasos para mejorar tu propio juego. Eso es lo que más valoro”.
El foco de Berhalter no pasa por detalles puntuales como ubicación de los pies, decisiones específicas o pases aislados. La conversación es más global. Brady se pregunta qué puede hacer, durante un partido completo, para formar parte del plan mayor: cómo puede influir de un modo que otros arqueros no logran o no buscan. También piensa en el impacto sobre el rival y, por supuesto, sobre el propio equipo.
“No es un momento solamente”, remarcó. “Puedo ser el mejor arquero en una jugada, pero ¿cómo ayudo al equipo y cómo afecto el partido durante 90 minutos? ¿Cómo construyo un juego fluido? Eso todavía lo estamos trabajando este año, pero hay pequeñas cosas que algunos cuerpos técnicos pasan por alto. Y como Gregg es un entrenador de mucha calidad, lo ajusta todo. No encontrás eso en muchos lugares”.
Además, Berhalter tiene una experiencia a un nivel que Brady aspira a alcanzar. Representar a la selección es el sueño de cualquier jugador, y él está en la conversación. Berhalter—ex futbolista y entrenador de la USMNT—es, en ese sentido, el primero que lo respalda para lograrlo.
En conferencia de prensa, Berhalter dejó un mensaje claro: “Lo está manejando muy bien. Mirando a través de la liga, me parece que muchos de los jugadores que están en disputa por la selección están rindiendo en un buen nivel y no se ve que la presión les llegue. Chris es otro ejemplo de eso”.
Y agregó: “Está trabajando, entiende que lo único que puede controlar es su rendimiento. Está muy metido, muy involucrado, y realmente quiere cerrar bien esta primera parte de la temporada y, ojalá, asegurarse un lugar en el Mundial”.
La ventana de USMNT: entrenamientos, Gold Cup y rol de apoyo
Con el Mundial cerca, Brady tiene esperanzas reales de estar incluido. Hace apenas un año parecía algo lejano, pero su recorrido hacia la USMNT se aceleró fuerte el último verano.
Su primer entrenamiento con la selección mayor llegó antes del Mundial de verano pasado. Para él fue “un shock” total, en sus palabras. Toni Jimenez y Jack Robinson, el cuerpo de arqueros de la USMNT, llevaron al grupo a un trabajo intenso. Brady dice que ese primer día lo cambió para bien.
“Toni y Jack trabajan de una manera totalmente distinta”, explicó. “Te hacen pensar de formas que no sabías que eran posibles”.
Durante la Copa Oro, Brady se mantuvo dentro del plantel como tercer arquero. Su crecimiento llegó en parte por cuestiones de suerte, o mejor dicho, por la mala fortuna de otros: tanto Zack Steffen como Patrick Schulte estaban previstos para el campamento previo a la Copa Oro, pero se bajaron por lesión. Ahí se abrió la puerta para que Brady tuviera su oportunidad.
Cuando entró, no encontró una competencia fría. Halló un grupo que lo recibió con ganas de ayudar. En ese primer día de entrenamientos, trabajó junto a Steffen, Matt Turner y Matt Freese. Todos peleaban por lo mismo, pero aun así lo contuvieron y lo recibieron de la mejor manera.
“Todos fueron súper útiles y alentadores cuando las cosas no salen como esperás”, afirmó. “Siempre es ‘vamos a la siguiente’. Es un ambiente bien levantador, que armaron así, y a lo largo de la Copa Oro y de los campamentos que siguieron se sintió especial. Ese tipo de ambientes empuja a todo un cuerpo de arqueros. Siento que no pasa en todos lados. La gente es la que hace la diferencia”.
“Nunca sabés qué va a pasar, así que suma mucho que tengas un grupo que valora la camaradería y la química, que se levanta con el otro. Estoy agradecido de poder formar parte de algo así”, completó.
La camaradería, el trabajo del cuerpo de arqueros y la rutina de apoyo
Ese clima no es casualidad. En 2024, Schulte contó que Turner y Steffen, en particular, lo ayudaron con un montón de indicaciones, trucos y detalles. A su vez, Turner señaló que aprende de cualquiera que entra a la cancha con guantes: todos tienen algo para enseñar y algo para aprender. De esa forma, nadie queda afuera. Jimenez y Robinson sostienen esa misma idea.
Robinson, en 2025, explicó la dificultad del puesto: “A veces puede ser muy solitario. Como arquero sos vos y diez futbolistas de campo, entonces necesitás un entrenador que entienda eso. Si estás entrenando arqueros, tenés que tener esa relación con ellos. Nuestra relación es distinta a la del entrenador principal: él tiene que ocuparse de 24 jugadores y del cuerpo técnico. Nosotros tenemos que estar más cerca para empujarlos y desafiarlos, pero también para acompañarlos”.
Jimenez amplió: “Esa relación es muy, muy cercana. Pasamos mucho tiempo juntos y menos tiempo con el equipo. Tenemos que asegurarnos de que los arqueros entiendan que estamos al lado de ellos. Puede ser delicado, pero hay que poder transmitir cosas reales. Al final, el fútbol lo juegan los jugadores, el arquero y los que están en el campo. Nosotros somos herramientas para ellos, pero lo más importante es el arquero”.
Brady todavía no tuvo su momento “de firma” con la USMNT. Después de integrar el plantel que llegó a la final de la Copa Oro, fue convocado otra vez para campamentos de octubre y de marzo. Aun así, no vio minutos. El entrenador Mauricio Pochettino apostó como titulares a Freese y Turner. Por eso, el trabajo de Brady es elevarlos mientras, al mismo tiempo, sigue mejorando su propio nivel en ese rol de tercer o cuarto arquero dentro del campamento.
Aunque en la cancha todavía no llegó el instante que todos buscan, Brady ya construyó recuerdos. Ese tipo de experiencias aparecen cuando estás en listas de torneos: viajar por el país, compartir rivales que luego pasan a ser compañeros y, con el correr de los días, terminar siendo amigos.
“Sea un juego por teléfono o estar en el hotel, todos encontramos una forma de integrarnos y construir esa química”, dijo. “Creo que eso impactó mucho en hasta dónde llegamos en el torneo. Los equipos de torneos son distintos: estás con los chicos mucho tiempo, con muchos viajes, con caras diferentes, en lugares diferentes… pero si el grupo base disfruta esa compañía, está todo bien. Para mí, lo más grande fue ser parte de algo así. Se me va a quedar marcado”.
Hay, por supuesto, otro torneo muy cerca. Brady intenta no obsesionarse con eso.
Incluso ahora, después de cada partido, él vuelve a la rutina de siempre. Y, pese a los cambios en su vida, no busca modificarla. Terminada cada salida, llama al director de arqueros del Chicago Fire en el nivel de academia. Lo hace desde hace años y sostiene el hábito, incluso con la posibilidad de un verano que podría ser transformador, con potencial inicio la semana próxima.
“No hubo un momento que me cambiara, sino una persona: Igor Dimov”, contó. “Él es mi sostén, mi tablero para pensar. Estuviera o no involucrado en mis sesiones y partidos con el primer equipo, él era el que estaba. Incluso hoy le sigo llamando después de cada partido y me da su opinión. Aprecio su criterio. Fue la persona que ayudó a guiar y liderar mi camino”.
¿Terminará ese camino llevándolo a un Mundial? Solo Pochettino y su staff saben. Ese tema está presente en la cabeza de los futbolistas desde hace meses: algunos dicen que se los fue comiendo el pensamiento, imaginando cada vez más la preparación para el torneo a medida que el Mundial se acerca. Ahora que la lista se anunciará el martes, todo se está calentando: es lo que muchos tienen en mente.
Brady también admite que lo piensa, aunque intenta apartarlo. Es difícil ignorarlo, sobre todo en este momento: tiene la chance de ir a un Mundial y, aun con 23 años, sabe lo que esa oportunidad significa.
“Voy a decir que en estas últimas semanas estuve bastante bien separando eso y enfocándome en lo que buscamos lograr acá en Chicago”, señaló. “Al final, lo que hacemos cada semana es lo más importante hasta que llegue el Mundial. Cuando te incluyen o cuando no, ahí se ve después. Yo pude desconectarme porque si lo pienso demasiado, probablemente me agobie por lo grande que puede ser el impacto”.
Parte de esa capacidad de compartimentar viene de lo que todavía representa Chicago para él.
“Tuve la suerte de que todos mis amigos y mi familia estuvieran en las tribunas para mi primer partido con el Fire en 2022. Esa experiencia, incluso hoy, me da confianza. Cuando salgo a la cancha, sé que mi familia y mis amigos están ahí. No represento solo el nombre de la camiseta, sino también quién era cuando todavía no era pro. Para mí significa todo: es una experiencia de vida para mí y para ellos. Me aseguro de no darla por sentado”.
Por ahora, no hay suposiciones ni expectativas. Brady mira directamente el próximo fin de semana. El Fire juega contra Toronto en el último ensayo antes del Mundial el sábado. Y, con bastante probabilidad, no volverá a jugar hasta el 16 de julio.
La gran pregunta, entonces, es qué ocurre entre medio. ¿A él le toca la oportunidad? ¿Se la dará a otro? ¿Todo lo que Brady hizo en el último año termina llevándolo a ese lugar? Eso no depende de él. Pero si está, y si integra el grupo de arqueros que llevará a Estados Unidos a la cita mundial más grande de la historia del país, Brady va a estar preparado para competir: con independencia de contra quién sea, por qué compita y cuánta gente esté mirando.
