El organigrama de Chelsea confirmó el despido de Mauricio Rosenior el miércoles, tras un tramo particularmente flojo en la Premier League: acumuló cinco derrotas consecutivas y, en ese lapso, no convirtió ni un solo gol. La goleada 3-0 sufrida ante Brighton terminó de definir la situación y dejó al club en la octava posición, en medio de una crisis de identidad que se volvió evidente en el rendimiento. En sus 23 partidos al frente, Rosenior perdió 10, un dato que lo ubica como el entrenador más rápido en llegar a las dos cifras de derrotas desde que Glenn Hoddle registrara 10 tropiezos en apenas 20 encuentros, allá por noviembre de 1993.
En un primer momento, se habló de un posible desembolso grande: se estimaba que el club tendría que afrontar un acuerdo de 24 millones de libras por la duración del vínculo contractual del ex técnico. Sin embargo, más adelante se dio a conocer que la conducción de Chelsea logró negociar una cláusula de rescisión que reduce de manera considerable la compensación final. Esa condición, en la práctica, protege las finanzas del club frente a un costo elevado, considerando que la decisión de cortar el compromiso de Rosenior se produce seis años antes del vencimiento previsto, que estaba atado al año 2032.
Con Rosenior fuera del cargo, el directorio resolvió aguardar hasta el verano para designar de forma definitiva a un sucesor que se haga cargo del proyecto de largo plazo en Stamford Bridge. Mientras tanto, Calum McFarlane fue promovido desde su rol de asistente y asumirá como entrenador interino para lo que resta de la temporada. El objetivo principal del interino será levantar la moral en un vestuario que aparece fragmentado y, además, conducir al equipo en las últimas cinco presentaciones de liga, en paralelo al inicio de la búsqueda de un reemplazante de jerarquía mundial.
McFarlane tendrá un desafío inmediato en el retorno a la competencia decisiva: este domingo, el interino conducirá a un plantel golpeado anímicamente en la semifinal de la FA Cup ante Leeds United, en Wembley. Para Chelsea, el camino copero sigue siendo la única vía que conserva para conseguir un trofeo, pero deberá sortear a un Leeds que llega con impulso y con un funcionamiento en alza, mientras lidia con el propio desgaste de confianza. Tras el viaje a Wembley, el entrenador tendrá que encontrar una solución táctica para poner fin al bache goleador del equipo, de modo que el club pueda asegurar su presencia en competiciones europeas durante la próxima temporada.
