Manchester City, si este miércoles vence a Burnley en Turf Moor, pasará a liderar la Premier League por diferencia de gol y con apenas cinco fechas por jugar. En ese contexto, Arsenal llega con una preocupación enorme: el equipo de Mikel Arteta encadenó derrotas en sus dos últimos partidos de liga y, después de haber estado 10 puntos arriba hace menos de un mes, ahora teme una nueva claudicación en la recta final. La conversación en torno a los “Gunners” se instaló con fuerza tras el gran choque en el Etihad, pero el punto central es que el golpe de City pesa muchísimo en el envión del final de temporada.
City aprieta fuerte: no es una versión “clásica” de Guardiola, pero sí un equipo que no afloja
El panorama en el Etihad cambió el aire del campeonato. No se trata, en términos futbolísticos, de un City “de manual” como el de otras campañas, y hay antecedentes que lo relativizan: el equipo fue eliminado de la Champions League por un Real Madrid considerado de nivel medio, entrenado por Álvaro Arbeloa. Además, City ya perdió cinco encuentros de liga en la temporada, un número que, comparado con el tramo cuando peleaban títulos con Liverpool de Jürgen Klopp, era impensable.
Con todo, la diferencia decisiva está en la estabilidad reciente: City no sufre una derrota doméstica desde que cayó con una claridad preocupante frente a Manchester United en enero. Desde entonces, el equipo viene cerrando filas y acelerando hacia objetivos grandes, con la posibilidad real de una especie de “doblete” o incluso “triplete” local, algo que funciona como un termómetro del momento del proyecto.
En el plano de construcción, el club también recibió un empujón con incorporaciones que se consideran determinantes: Marc Guehi y Antoine Semenyo. Pero, más allá del mercado, el crédito también se asigna a Guardiola por decisiones y por el rendimiento de piezas clave en el armado actual, incluyendo la mejora de Abdukodir Khusanov, la confianza en Nico O’Reilly y el giro que terminó por abrazar el talento “impredecible” de Rayan Cherki. Y, según la lectura que domina, hay un elemento que suele ser subestimado: Guardiola encontró el once inicial más sólido y lo sostuvo.
El resultado es un City que, aun habiendo atravesado un tramo irregular en marzo (con empates consecutivos ante Nottingham Forest y West Ham), no terminó de desmoronarse y, por el contrario, se encendió. De allí vienen cuatro victorias seguidas en todas las competencias: dos ante Arsenal, más un triunfo frente a Liverpool y otro contra Chelsea.
- Racha reciente en forma: cuatro triunfos consecutivos en todas las competiciones.
- Victoria directa frente a Arsenal: dos partidos ganados contra los Gunners.
- Base del momentum: City sin derrota doméstica desde enero.
En simple: mientras City sube el nivel y responde a la exigencia, Arsenal parece estar siendo superado por el momento exacto en el que más se necesita solidez.
Arsenal: de “fin de la sequía” a la duda de siempre
La ansiedad en Arsenal es comprensible por contexto y por expectativas. El club no gana el campeonato desde 2004, y esta vez se entendía que era “su” temporada. En el verano, Liverpool, vigente campeón, captó la atención con un gasto de 450 millones de libras, pero en lo financiero Arsenal terminó con un desembolso neto mayor. La percepción general era que Arteta contaba con el plantel más profundo de Inglaterra.
Incluso hubo declaraciones que marcaban la magnitud de la ilusión: Theo Walcott se animó a poner en duda si el plantel de Manchester United de 2008 podía “competir” con el de Arteta, mientras Piers Morgan aseguró que Arsenal podía ganar el cuádruple porque, según su visión, tenía “la mejor plantilla de la historia del fútbol de clubes mundial”. Ese tipo de exageraciones sonaban disparatadas, pero reflejaban el nivel de hype alrededor de Arsenal: no solo se esperaba cortar la sequía, sino también hacer historia en el proceso.
El punto de tensión es que, tras más de 1.000 millones de libras gastadas en jugadores desde el arranque del ciclo de Arteta, ganar al menos un título grande dejó de ser un deseo para convertirse en una obligación. Y, en esa línea, desde la crítica también se señaló que, si se mira el recorrido reciente, Arsenal no terminó siendo lo suficientemente “bueno” para cerrar los partidos determinantes.
Hasta hace poco, la película parecía distinta. Antes del 22 de marzo, Arsenal había perdido apenas tres partidos en 49 disputados en todas las competencias. Pero después de ese tramo, el equipo perdió cuatro de los últimos seis encuentros. Y, dentro de esa caída, se ubica con fuerza una derrota por 0-2 ante City en Wembley, que funciona como bisagra: a partir de allí el equipo se fue desacomodando.
La final de la Copa de la Liga (Carabao Cup) también dejó señales. Era una oportunidad para cortar la racha de trofeos desde la FA Cup de 2019 y, además, enviar un mensaje a un rival que ya los había superado dos veces en la definición de la temporada. Sin embargo, Arsenal fue superado en el césped, lo que reabrió interrogantes sobre la calidad del entrenador y sobre el carácter del plantel cuando el partido exige.
Lesiones, rotación y desgaste: las piezas que no aparecen en la recta final
En el análisis del bajón aparece una palabra que pesa mucho: lesiones. Arsenal atraviesa un momento delicado con Bukayo Saka, Jurrien Timber y Mikel Merino fuera de acción. La ausencia de Saka, además, se considera especialmente relevante: el extremo derecho es el “estrella” del equipo, el que suele ser el más incisivo en la última fase.
Timber, por su parte, se volvió una figura influyente desde el lateral, mientras que la falta de Merino reduce opciones en el mediocampo. Y eso se vuelve más grave porque el equipo llega con señales de cansancio: se menciona el desgaste de Declan Rice y Martin Zubimendi. En las gradas, la lectura que empieza a imponerse es simple: el motor central ya no funciona con la misma intensidad de antes.
Arteta intentó justificar el contexto al remarcar que Arsenal es el único equipo inglés que queda en la Champions League y que el calendario “te saca de quicio”. Pero, al mismo tiempo, se le cuestiona no haber rotado lo suficiente para minimizar el riesgo de fatiga y también para protegerse de lesiones puntuales, con Timber y Saka como ejemplos concretos en este tramo.
En ataque, Arsenal no parece quedarse sin alternativas, pero el dilema es otro: Arteta no termina de confiar de forma regular en Christian Nørgaard para el inicio más frecuente. Y eso deja al equipo expuesto a un problema más grande: si Rice y Zubimendi son utilizados con mucha carga, el costo llega en el momento más caro.
El duelo del Etihad: Zubimendi sin control, Rice apagado y un capitán sin punch decisivo
En Manchester, Zubimendi mostró algo más de energía que en partidos recientes, pero aun así no consiguió imponer un control real del juego. Esa desconexión contrasta con el inicio de temporada, cuando Arteta lo describió como “el mejor jugador” de Arsenal.
El mediocampo, además, tuvo un compañero que no apareció. Rice, aun corriendo con la posibilidad de estar “sin gasolina”, dejó datos que alimentan la preocupación: perdió más de la mitad de sus duelos, ganó un único tackle en toda la tarde y cedió la posesión 13 veces, un número que solo fue superado por un dato peor dentro del equipo: Martin Odegaard con 16. Para un equipo que necesita dominio en partidos grandes, esos números no suelen venir solos.
Odegaard, con matices, sí tuvo una virtud: fue el jugador visitante con más creación en el día, por una diferencia notable. Pero, aun así, no logró marcar influencia en el momento decisivo. Y en este punto se enlaza la discusión de la cinta de capitán: parte de la hinchada siente que, hasta que el equipo no levante un título, el debate seguirá abierto.
Gabriel Magalhaes y el carácter: el partido como examen
También se menciona a Gabriel Magalhaes como alternativa de liderazgo, pero su actuación en el Etihad terminó funcionando como otra señal: el brasileño fue dominado durante gran parte del partido por Erling Haaland, el autor del gol que terminó inclinando el encuentro. Gabriel evitó una expulsión roja que habría sido discutible por lo “justo” del contexto, pero no porque no hubiera riesgo: el delantero de City se encargó de no castigar del peor modo un cabezazo que se describió como patético y reactivo.
Con líderes con ese tipo de imagen, el argumento es que Arsenal vuelve a quedar corto cuando el partido pide firmeza y autoridad.
Arteta bajo presión: no es Guardiola, y la historia pesa
Cuando se habla de ejemplos, el entrenador marca el clima. Y en este momento, Arteta no transmite la misma confianza que sí se le ve a otros técnicos. Aunque se lo conoce por gestos intensos en la línea de cal, se percibe una energía nerviosa, y esa tensión se asocia con el ambiente en el Emirates.
A diferencia de Guardiola, Arteta no aparece como un “ganador serial”. Se lo reconoce por haber aprendido el oficio trabajando con el catalán, pero todavía tiene que demostrar que puede cerrar el título por mérito propio. Y en su mente pesan tres finales consecutivas terminadas como subcampeón.
En ese marco se entiende que haya recurrido a “gimmicks” cada vez más extraños para intentar que el plantel logre quedarse con la Premier League. Se recuerda, igual, que la construcción del Arsenal en Europa ha sido sólida: dos semifinales consecutivas de Champions League son la prueba más visible de que el equipo puede competir al más alto nivel. Pero también existe el contraste: con todo el respaldo y la inversión, el botín de trofeos grandes sigue siendo escaso, con apenas una FA Cup.
Además, se señala un punto específico sobre el ataque: Viktor Gyökeres era pensado como la pieza que faltaba para transformar el frente, una especie de respuesta a Haaland. Sin embargo, Arteta no lo consideró para el arranque frente a City. De allí surge otra charla: el club podría apostar fuerte de nuevo en el mercado para reforzar su ofensiva el verano. El interrogante es si, aun con otro gasto, la temporada número seis seguida podría terminar sin un trofeo relevante.
¿Hay salida? Sí, pero depende del tramo final: calendario, diferencia de gol y Champions
Con todo el ruido, la nota central es que Arsenal no está eliminado ni mucho menos. Pese al derrumbe de la posibilidad del cuádruple, todavía puede ganar los dos trofeos que aparecen como más importantes para el equipo.
Incluso si City consigue ganar su partido pendiente, Arsenal tiene la ventaja en el recorrido: sus cinco encuentros restantes son contra equipos ubicados en la mitad baja de la tabla. Además, se interpreta que Arteta, acostumbrado a ser conservador, ahora no tendría margen para seguir con el freno puesto, lo que permitiría buscar una mejora fuerte en la diferencia de gol en las próximas semanas.
En Champions League, el equipo también llega con argumentos: ya superó dos veces a los rivales de semifinal, Atlético de Madrid, y se espera que pueda clasificar para un cruce de alto voltaje el 30 de mayo en Budapest. El rival podría ser Bayern Múnich o Paris Saint-Germain, dependiendo del otro cruce.
Pero la palabra clave es “debería”. Desde afuera, cuesta leer con certeza cómo está el grupo por dentro. Se menciona que dos partidos contra el Atlético de Diego Simeone, físicamente y mentalmente exigentes, no son el mejor “remedio” para un equipo que viene fatigado.
Arteta dice que el “fuego” sigue intacto, pero la sensación general es que jugadores y cuerpo técnico están sintiendo el calor.
En el plano inmediato, hay un mensaje que resume el desafío: Rice le indicó a sus compañeros en el Etihad que “no está terminado”. Ahora, ese “no está terminado” podría volverse realidad o convertirse en otra frustración. El punto es el partido del sábado en casa ante Newcastle: si Arsenal no gana, la tensión en el norte de Londres puede transformarse en pánico inmediato.
