En las próximas semanas, Carlo Ancelotti tendrá que trazar una línea bien marcada entre los delanteros de Brasil. Del lado de los citados para el Mundial de América estarán quienes consigan el pasaje. Del otro, quedarán los que se queden afuera. Y, claro, es una clase de decisiones que siempre terminan siendo dolorosas.
Vinicius Jr., Raphinha, Richarlison, Estevao, Matheus Cunha, Joao Pedro, Endrick, Gabriel Martinelli, Rayan, Neymar, Antony y Vitor Roque son futbolistas con muchísimo talento. Sin embargo, no todos llegarán al Mundial. La gran pregunta es cómo se elige entre tantos perfiles ofensivos de primer nivel. ¿Cómo se hace para dejar afuera a algunas estrellas sin que el recorte se sienta injusto?
El recuerdo de Julio Baptista: pasar de la decepción al sueño
Julio Baptista ya estuvo a ambos lados de esa línea. En la época en la que brillaban Kaká, Ronaldo y Ronaldinho, el contexto era aún más complicado para cualquier atacante brasileño. En 2006, a pesar de haber marcado ocho goles con el Real Madrid, no entró en la nómina. Cuatro años después, en cambio, sí subió al avión: formó parte del plantel de Brasil rumbo a Sudáfrica ese verano.
En apenas cuatro años, la frustración se transformó en realización. Jugadores que integran el ataque brasileño, cargado de nombres rutilantes, seguramente van a vivir en pocas semanas alguna emoción similar: para algunos será el alivio de cumplir, para otros, el golpe de no entrar.
La vida dentro del ataque de la Seleção
¿Qué se siente formar parte de una ofensiva de la Seleção que suele estar entre las mejores del mundo? ¿Cómo manejan los futbolistas la mezcla de nervios, euforia y tristeza que trae representar al país en el máximo nivel? Pocos están mejor preparados para hablarlo que Baptista, y su conclusión es directa: no es sencillo.
“El Mundial es el torneo más importante del mundo. Para todos los jugadores, ese es el sueño. La ilusión es llegar a una Copa del Mundo y poder participar. La chance de estar en 2010, en mi caso, fue increíble porque completé mi objetivo. Te puedo asegurar que no hay nada más grande en el fútbol que un Mundial”, expresó Baptista.
Al final, Baptista disputó 47 partidos con la camiseta de Brasil. Fue, literalmente, el honor de su vida. Cuando era chico y crecía en San Pablo, eso era lo único que imaginaba. Y, con matices, es una historia bastante común para la mayoría de los chicos en la ciudad: soñar con vestir la Seleção.
La diferencia es que él sí llegó a cumplirlo, incluso en el escenario más grande. Tras quedarse afuera en 2006 —principalmente por una caída de rendimiento vinculada a un cambio de posición en el Real Madrid—, recibió el llamado de Dunga en 2010. Esa vez, tuvo una participación concreta en el certamen: arrancó como titular en el 0-0 de Brasil con Portugal, en el cierre de la fase de grupos.
“Yo tenía un sueño. Mi sueño era jugar en los mejores equipos del mundo y, además, participar en el Mundial. Cuando llegás a la Copa del Mundo, sentís que algo se terminó para vos. En ese momento, tu sueño ya está cumplido. Hacer un trabajo enorme para llegar a ese punto y participar con tus compañeros es lo que queda después”, sostuvo.
Hoy, hay una nueva camada que persigue esa misma ilusión. Baptista no cree tener “consejos” exactos para ellos, pero sí sabe cómo se vive estar en ese lugar.
Un recambio con mucha calidad y presión
No hay duda de la cadena de talento ofensivo que Brasil suele producir. Desde Pelé, Jairzinho, Romario y Rivaldo, pasando por Ronaldo, Ronaldinho y Neymar, la lista es larga. Este verano —por el momento que se abre hacia el Mundial— parece traer un cambio de guardia. La figura de Neymar, por estatus y trayectoria, está consolidada; aun así, su lugar en el plantel no está garantizado. El máximo goleador de la historia de la Seleção casi seguro no será el hombre principal en esta etapa, aunque su participación sea parte del plan.
En su lugar, aparece una generación nueva con nombres que vienen fuerte. Vinicius Jr. y Raphinha aparecen entre los mejores del mundo. Y futbolistas jóvenes como Endrick y Estevao muestran señales claras de que están listos para dar el salto. Hay motivos para ilusionarse con el ataque brasileño, sí. Pero también hay razones para preocuparse: es un equipo que todavía tiene bastante por demostrar al más alto nivel internacional.
Brasil ganó solo cinco títulos importantes desde la última vez que levantó la Copa del Mundo en 2002. Tres de esos trofeos fueron en la desaparecida Copa Confederaciones. Comparado con sus propios estándares, no alcanza. Aun así, con el nivel y la materia prima que tiene este plantel, siempre aparece la esperanza.
“Está bueno porque hay jugadores más jóvenes. Tienen el compromiso de hacer algo importante, algo por lo que yo intenté luchar cuando era jugador: ganar el Mundial. Sabemos que ganar es muy difícil, pero también es un logro para Brasil. Somos un equipo nacional grande, así que siempre esperamos que les vaya muy bien”, agregó.
Para estar a la altura, Brasil probablemente necesite que una de sus figuras jóvenes dé un paso enorme. Baptista también conoce ese tipo de salto en primera persona.
De Brasil a España: la adaptación y el fútbol que cambia
Baptista tenía 22 años cuando llegó por primera vez a España. Lo hizo después de varias temporadas en San Pablo. Aun así, reconoció que no fue fácil: el período de adaptación existe, y es real.
“Te mudás a un país que no conocés, no hablás el idioma. Las cosas en otros lugares son muy distintas si las comparás con tu país. Cuando yo llegué, la gente me ayudó a integrarme. Además, la cultura española me resultó accesible porque España se parece mucho a Brasil. Eso me ayudó bastante y también hizo más sencillo integrarme en el fútbol y en la vida”, comentó.
Una carrera con muchas paradas y una lección de constancia
Es sabido que Baptista no se quedó mucho tiempo en un solo lugar durante su carrera. Empezó en Sevilla, luego de una etapa de despegue dio el salto al Real Madrid. Después pasó por Arsenal, donde se ganó el cariño del hincha y se volvió un referente de cult. Jugó también en Roma, Málaga, Cruzeiro, Orlando City y, finalmente, CFR Cluj, antes de cerrar su trayectoria en 2019. Incluso hoy, con el paso del tiempo, se mantiene conectado con esos clubes. Dice que es algo que valora con orgullo: haber construido relaciones en cada paso.
“El camino no es fácil porque son muchos años y mucho trabajo para jugar al máximo nivel. Nunca es sencillo. Tal vez sea fácil llegar y tener una buena temporada en un club, pero sostenerte en la cima ocho o diez años es lo más difícil. Esa fue mi experiencia: una carrera exigente, pero con una gran travesía, con puertas abiertas en todos los clubes donde jugué”, analizó.
Los hinchas pueden recordarlo de distintas maneras, pero casi todos coinciden con su apodo: “The Beast”. Se lo ganó. Fue cambiando de rol a lo largo del tiempo: comenzó como mediocampista defensivo, luego pasó a jugar como volante ofensivo y también terminó como centrodelantero. En cualquier posición, se imponía por una presencia física que resultaba una molestia constante para los rivales.
“Toda mi carrera estuvo abierta. Crecí en Brasil y después me fui a España, donde me gané el nombre ‘La Bestia’, ‘The Beast’. Jugué en el Real Madrid, Arsenal, Roma y también en la Selección de Brasil. Fue todo increíble para mí”, remarcó.
Sudáfrica 2010: el momento que más pesa
De todas sus etapas, pocas fueron tan significativas como Sudáfrica. Ese verano, por algunas semanas, vivió su sueño. Fue uno de los tantos capítulos memorables de su carrera, aunque el mejor de todos siempre llegó con la camiseta amarilla y azul de la Seleção.
“Para mí fue un honor jugar con la selección durante ocho años y tener la posibilidad de que el mundo conozca más sobre Julio Baptista”, expresó.
Este verano, el mundo va a descubrir a algunas nuevas estrellas brasileñas. Ahora les toca a ellos: la oportunidad de aprovecharla o quedarse a mitad de camino. Y, como lo ve Baptista, es exactamente eso que soñaron desde chicos: vivir su propio sueño, igual que él lo hizo hace 16 años.
