El primer Clásico de Mourinho terminó en una humillación absoluta, pero con el paso del tiempo logró meterse en la piel de Guardiola. Lo hizo aumentando la toxicidad alrededor de uno de los partidos más cargados de política y de pasión del fútbol mundial, al punto de provocar divisiones dentro de la propia selección española.

Ese clima de enemistad le quedaba como anillo al dedo al estilo cínico del portugués. Y, además, le permitió cortar una sequía larga de títulos en el Real Madrid: en la final de la Copa del Rey de 2011 venció a un equipo que bien podría considerarse el mejor de la historia del fútbol. Al año siguiente, también consiguió frenar el dominio del Barcelona en La Liga, que venía sosteniendo el título durante tres temporadas consecutivas.

Sin embargo, para el verano de 2013 Mourinho ya no estaba en el club. Y, en general, tampoco pareció generar demasiada tristeza su salida. Salvo por Florentino Pérez. En un período cada vez más convulsionado, el DT portugués terminó enfrentado con casi todo el entorno: jugadores y prensa, entre otros. Aun así, Pérez consideró volver a nombrarlo entrenador en 2015, 2016, 2018, 2023 y, según lo que se indica en The Athletic, ahora también estaría evaluándolo seriamente.

Entonces aparece la pregunta: ¿es realmente el momento indicado para que Mourinho regrese al Real Madrid? ¿O se trata, más bien, de una catástrofe que ya viene en camino?

Pérez, por lo visto, ve similitudes entre el presente y el 2010, y hay un par de puntos que, al menos en parte, acompañan esa comparación. El Madrid está otra vez encaminado a cerrar una segunda campaña consecutiva sin un gran trofeo, algo considerado inaceptable en el Bernabéu. Además, se encuentra opacado por un Barcelona brillante, comandado por un delantero zurdo de poca estatura.

Pero Mourinho ya no es el entrenador que parecía tener “mano de Midas”. Sigue buscando el foco y generando polémica, aunque ahora lo hace sin sumar trofeos. No gana un título de liga desde hace 11 años y su última pieza de plata, en cualquier modalidad, fue la Conference League de 2022. Para un ganador de dos Champions League, ese dato funciona como una radiografía bastante clara del nivel actual.

Pérez seguramente sostendrá que Mourinho es justamente el perfil de técnico que el Madrid necesita: una figura carismática que pueda hacerse respetar por un plantel lleno de estrellas. Y, más allá de las dudas que despierta su forma de jugar, Kylian Mbappé y compañía también podrían necesitar un líder fuerte desde el costado. Como dijo Sergio Ramos: “En el Real, gestionar el vestuario es más importante que el conocimiento táctico del entrenador”.

Ahora bien, Mourinho no se parece a los dos técnicos que ganaron Champions League con el Madrid en la era más reciente: Carlo Ancelotti y Zinedine Zidane. Su estilo es mucho más agresivo y confrontativo, y esa intensidad constante terminó cortándole temprano su primera etapa en el Bernabéu.

Mourinho suele insistir —muchas veces sin que nadie se lo pida— en que es de los pocos entrenadores que se fue del Madrid por decisión propia, y esa versión siempre contó con el respaldo de Pérez.

“A nadie lo echaron, fue un acuerdo mutuo”, aseguró Pérez en 2013. “Decidimos terminar la relación”. Pero la ruptura no tuvo mucho de amistosa. Menos de un año después de firmar una extensión de contrato hasta 2016, la situación de Mourinho se volvió insostenible.

En enero de 2013, Pérez tomó una medida inusual: convocó una conferencia de prensa para desmentir un informe de MARCA que señalaba que varios jugadores importantes, incluyendo a leyendas del club como Iker Casillas y Ramos, habrían amenazado con irse si no se cesaba a Mourinho. Aun así, quedó claro mucho antes de que su salida se confirmara finalmente cuatro meses después: el entrenador ya había perdido el vestuario.

En el fondo, los métodos que le dieron resultados en Porto, Chelsea e Inter fueron exactamente lo que terminó jugándole en contra en Madrid. Su idea querida de la “mentalidad de asedio” funcionó durante un tiempo, pero el mismo clima de desconfianza y falta de respeto que Mourinho fue instalando terminó, tarde o temprano, filtrándose hacia el plantel. El resultado fue que los futbolistas terminaron dándole la espalda al técnico.

Casillas se mantuvo en silencio sobre haber quedado relegado al banco durante la temporada 2012-13, pero Pepe sí habló públicamente sobre su malestar por el trato recibido por el guardameta por parte de su compatriota. La respuesta de Mourinho fue insinuar que Pepe estaba resentido por el hecho de que su lugar en el equipo lo había tomado un adolescente: Raphael Varane.

Por su parte, Ramos —según trascendió— habría hecho burlas sobre las aptitudes futbolísticas de Mourinho en ámbitos internos, antes de soltar un comentario bien marcado sobre Ancelotti cuando el ex mediocampista italiano tomó el mando en junio de 2013: “Se nota que era un jugador de nivel”.

Además, fue Ramos quien empujó el cuestionamiento a la idea que defendían tanto Mourinho como Pérez: que el portugués fue quien dejó sentadas las bases del éxito posterior del Madrid en Champions League. Desde el relato de Mourinho, incluso Pérez le habría pedido que se quedara en 2013. “No te vayas ahora”, habría dicho el presidente del conjunto blanco. “Hiciste lo difícil y lo bueno todavía falta por venir”.

Ramos, en cambio, no quiso concederle crédito a Mourinho por las cuatro conquistas de Champions League del Madrid entre 2014 y 2018. “No creo que haya tenido que ver con eso. Al contrario, en realidad…”, explicó el defensor.

La insinuación de que Mourinho podría haber estado frenando al Madrid quizá se fue de rosca, pero sí es claro que el plantel se benefició enormemente con la llegada de una figura calmante y unificadora como Ancelotti.

También cuesta imaginar cómo un retorno de Mourinho podría devolver algún tipo de estabilidad, después de una campaña marcada por la alteración constante de planes: Xabi Alonso fue reemplazado con dureza por el joven entrenador Álvaro Arbeloa apenas poco más de seis meses después de iniciarse un proyecto pensado, en teoría, a largo plazo bajo el ex DT del Bayer Leverkusen.

Mbappé quizá haya apreciado una publicación de Instagram que presentaba a Mourinho como el próximo técnico del Real Madrid, pero se intuye que Vinícius Jr. no estaría tan entusiasmado con la idea de ser entrenado por un entrenador que, de hecho, lo acusó de haber impulsado el vergonzoso abuso del que fue víctima en Lisboa a comienzos de esta temporada. Ese episodio terminó forzando una sanción: la suspensión del partido en el cruce de playoffs de Champions League del Madrid ante el Benfica de Mourinho.

También trascendió que, si bien el regreso es posible, no contaría con el aval de todo el directorio. Aun así, eso no garantiza que no ocurra. Pérez sigue manejando los hilos en el Bernabéu y su idea histórica —que los jugadores necesitan un líder de vestuario más que un director táctico— se habría reforzado con el fracaso del intento con José Ángel Sánchez y el experimento de Alonso.

Sin embargo, que Mourinho siga encabezando la lista de deseos es, por sí mismo, una señal preocupante: habla de desesperación y de una falta inquietante de ideas. Como se vio de forma contundente en el duelo de Champions League entre Paris Saint-Germain y Bayern Múnich en el Parc des Princes el martes, el fútbol avanzó y el tiempo de Mourinho, al menos en su forma clásica, ya no es el mismo.

Está claro que Pérez no lo ve así. Y si la decisión termina siendo la de volver a apostar por Mourinho, el Madrid estaría metiéndose en un problema grande. Porque si en 2015 la recontratación ya habría sido una mala determinación, ahora podría ser todavía peor.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.