Luis Enrique resumió la locura de la noche con una frase que, por paradoja, terminó siendo perfecta: “Merecimos ganar, merecimos empatar y también merecimos perder”. El entrenador de París Saint-Germain dejó esa reflexión tras el memorable 5-4 (3-2) sobre FC Bayern en la ida de una semifinal de Champions, un resultado que no solo fue eléctrico por los goles, sino por lo que promete para el regreso en Múnich.

El 5-4 que lo dice todo y el “mínimo tres goles” como plan

El español no se mostró ilusionado con un partido “simple” en la vuelta. Volver a Alemania, a Múnich, aparece como un escenario que ya tuvo un capítulo glorioso para PSG: el club levantó la copa europea el 31 de mayo de 2025. Pero, a la vez, el propio desarrollo de la eliminatoria deja claro que el guion difícilmente se calme.

En esa línea, Luis Enrique aseguró que la segunda parte del cruce se parecerá a la primera. Incluso contó que minutos antes le preguntó al cuerpo técnico cuántos tantos necesitaban: la respuesta fue contundente. “Al menos tres”, dijo el DT, marcando el tono de una eliminatoria que, por cómo se abrió, parece pedir una actuación con margen y determinación.

PSG “monstruoso”: fútbol total, cambios de rol y respeto incluso en campo ajeno

Este PSG tiene una identidad que se nota en la cancha: batalla colectiva, intensidad sostenida y una dinámica que se apoya en estrellas que no se quedan quietas. Luis Enrique armó un equipo “monstruoso”, según el enfoque que transmiten sus propias decisiones en el campo, con un comportamiento que busca que el rival no encuentre una zona fija donde acomodarse.

En ese contexto, Ousmane Dembélé aportó una cuota de confianza con humor. El extremo bromeó: “Si no corro, Luis Enrique me pone en el banco”. Más allá del chiste, la idea central es clara: la presión y el trabajo sin pelota forman parte del mismo sistema que permite que aparezca el gol.

Los cambios constantes de posición y la eficacia ofensiva generan admiración incluso en un estadio donde suele pesar la experiencia de los grandes atacantes. El propio relato de Luis Enrique remarca que la lectura de PSG no se limita a atacar: obliga a correr, a pelear y a sostener el nivel cuando el partido se vuelve caótico.

La lectura post partido: orgullo, una pizca de bronca y el peso del precedente en Múnich

Tras la primera semifinal, Luis Enrique no se guardó nada y calificó el partido como el mejor en el que le tocó participar como entrenador. “Fue el mejor encuentro del que formé parte, sin dudas”, expresó. Y detalló por qué: intensidad, ritmo y exigencia física, tres componentes que, en un cruce de Champions, suelen definir a los equipos que llegan con más hambre competitiva.

Los jugadores acompañaron ese discurso. Marquinhos, capitán, trasladó la sensación al relato desde adentro: “Todos los hinchas del fútbol tienen que haberse disfrutado este juego”. Además, remarcó el disfrute en el césped y el sueño que se repite cada año: “Soñamos con partidos como este todo el tiempo”, dijo, conectándolo con la infancia, cuando el fútbol se vive con una ilusión más pura.

Sin embargo, también apareció la parte que incomoda. Luis Enrique admitió que, con el 5-2 en el marcador, el equipo esperaba algo mejor. “A los 5-2 queríamos un resultado más favorable”, reconoció, dejando una advertencia: la caída tardía podría convertirse en un problema en Múnich. En una eliminatoria donde un gol cambia la historia, ese tipo de “desconexiones” finales pesan.

El entrenador además anticipó que Bayern tendrá más potencia con el apoyo de su gente, pero sostuvo que regresar a ese escenario también le devuelve recuerdos positivos a PSG. En ese punto, el antecedente fue inevitable: la victoria 5-0 sobre Inter en una final del período moderno que quedó marcada por su unilateralidad. “Queremos entrar al partido con la misma mentalidad y hacer todo lo posible para ganar”, cerró Luis Enrique.

Antes de la vuelta: racha goleadora, impacto de lesiones y el mensaje de que el margen de un gol no vale

PSG llega con antecedentes recientes que funcionan como argumento de confianza. Esta temporada ya se impuso contra FC Barcelona por 2-1, vapuleó a Leverkusen por 7-2 y también superó a AS Monaco por 3-2 en la fase de eliminación. Más cerca del presente, el equipo ganó 3-0 a Chelsea y también sacó ventaja ante Liverpool con un 2-0.

En paralelo, hubo un golpe en la estructura defensiva: la lesión de Achraf Hakimi, un jugador clave para el funcionamiento del equipo. Aun así, la respuesta del grupo no perdió intensidad. El lateral sufrió un problema en el tendón en el cierre, después de una acción con Konrad Laimer.

Con el 5-4 de la ida, aparece un dato que obliga a no relajarse: Vitinha, figura en el mediocampo, fue directo. “Tenemos una ventaja de un gol, pero como vimos, eso no significa absolutamente nada”. Y aun así, dejó el mensaje que ordena la cabeza para la vuelta: igualmente irán a Múnich a buscar el triunfo.

La misma idea la reforzó Dembélé con una frase corta y tajante: “No hay razón para cambiar nada”. En un cruce que ya demostró que puede volverse impredecible, la intención de PSG parece ser sostener lo que mejor le salió: intensidad, circulación y un plan ofensivo que no se apaga aunque el partido se salga del molde.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.