Con la recta final cada vez más cerca en la Premier League 2025/26, ya no quedan demasiadas dudas de que Liverpool y Chelsea estuvieron muy por debajo de lo esperado en esta campaña. El contexto no ayuda: los reds llegaron como campeones de la Premier League y los blues como monarcas del Mundial de Clubes, pero el rendimiento colectivo no acompañó. En Anfield, el duelo dejó claro que se enfrentaron dos equipos con recursos, aunque con fallas recurrentes que hoy les impiden competir de igual a igual con el nivel de Arsenal y Manchester City.

Datos clave

  • El partido en Anfield mostró a dos planteles con potencial, pero con carencias en los mecanismos para dar el salto de nivel.
  • Liverpool y Chelsea formaron con esquemas similares 4-2-3-1, aunque con variantes por lesiones (Allison y varios extremos en el caso de Chelsea).
  • Chelsea consiguió reacomodarse tras el gol inicial y terminó dominando tramos del juego con una estructura en posesión que desordenó a Liverpool.
  • Los movimientos de Cucurella al espacio fueron una amenaza constante, especialmente por la sincronización de sus llegadas al “espaldas” de la defensa.
  • Las dificultades de Liverpool al recuperar fuera de posesión frente a equipos de gran calidad posicional volvieron a aparecer como patrón.

Formaciones y el contraste entre esquemas

Liverpool, como local, arrancó con el 4-2-3-1 habitual de Arne Slot. En el arco estuvo Mamardashvili, debido a la ausencia de Allison por lesión. En defensa, la línea la completaron Jones como lateral derecho y la zaga central con Konaté, Van Dijk y Kerkez. En el doble pivote aparecieron Gravenberch y Mac Allister, ubicados por detrás de un cuarteto ofensivo: Frimpong, Szoboszlai, Ngumoha y Gakpo.

Del otro lado, Chelsea también eligió un 4-2-3-1 con Jorgensen en el arco, en lugar de Sánchez. La defensa la integraron Hato, Colwill, Fofana y Gusto. En el mediocampo, Caicedo compartió el pivote con Santos. Más arriba, el equipo alineó una línea de cuatro: Cucurella, Enzo, Palmer y Joao.

Chelsea, más ordenado en posesión: presión rival y control del partido

Aunque Chelsea recibió un gol temprano, logró recuperar la calma y se fue acomodando para construir desde una forma de 3-2-5 cuando tenía el balón. La clave estuvo en que, al estar en posesión, el equipo generó sobrecargas naturales contra el 4-4-2 de Liverpool sin balón. Ese desequilibrio se explicaba por varios factores: la superioridad numérica 3 contra 2 en la primera línea, un “mediocampo en bloque” dentro del área de influencia frente al doble pivote de Liverpool, y el rol de Joao Pedro bajando para sumar un jugador extra (+1). Todo eso terminaba amplificando el control central del partido para Chelsea.

Con el dominio de la pelota y la capacidad de volver a Liverpool hacia su campo durante largos pasajes, el enojo creció en Anfield. La gente local se impacientó por lo que estaba viendo: Liverpool no lograba recuperar el balón con eficacia y, cada vez que intentaba cortar el circuito, Chelsea volvía a circular con paciencia. En varias fases, los jugadores de Liverpool quedaban persiguiendo sin sentido, como si corrieran detrás de una sombra, mientras el equipo visitante sostenía el ritmo.

En ese contexto, el entendimiento entre Caicedo y Santos como pivotes fue determinante. La dupla se conectó con fluidez para “manipular” el intento de presión de Liverpool, invitándolos a saltar donde convenía y luego saliendo con criterio, con pases que quebraban el plan rival.

Caicedo, además, había explicado en una entrevista reciente que Maresca le dejó a Chelsea “estructura e identidad”. Esa idea se vio reflejada en el partido: los automatismos y la manera de moverse con intención colectiva aparecieron en varios momentos, con el equipo funcionando como una maquinaria aceitada cuando necesitó volver a encarrilar el juego y aprovechar las grietas de Liverpool.

En paralelo, la nota también marcó un contraste con el momento del banco de Liverpool. Se menciona a Liam Rosenior como un DT que intentó cambiar demasiado rápido y que, incluso, había probado un estilo de presión nuevo después de la derrota ante Newcastle. Sin embargo, esa búsqueda de “continuidad” no habría terminado de consolidarse, afectando la confianza del plantel en esa forma de jugar, lo que finalmente derivó en su salida.

El texto ubica a Callum McFarlane como el interino actual, señalando que supo aprovechar los automatismos de Maresca desde su primer partido contra Leeds. El resultado no fue inmediato ni suficiente para cerrar la brecha, pero sí mostró que Chelsea empieza a tomar velocidad. La lectura es que, aunque sea “demasiado tarde” para cambiar todo en el corto plazo, el interino estaría preparando el terreno para el próximo entrenador.

El impacto de Cucurella: llegadas al espacio y ventaja sobre Jones

En la fase ofensiva, Cucurella replicó el rol de un corredor por banda en el lado izquierdo de Chelsea. Esto fue especialmente relevante por una ausencia importante: los cuatro extremos del equipo no participaron del encuentro por lesiones. Lo más peligroso de la tarea de Cucurella estuvo en el momento exacto de sus carreras. En lugar de ocupar el espacio temprano, muchas veces aparecía después de que la línea defensiva de Liverpool ya se había desplazado hacia el balón. Así, llegaba al “lado ciego” de Jones.

La forma de explotarlo se dio a través de pases largos de Caicedo, que buscaron encontrarlo en varias ocasiones. El patrón fue creciendo con el correr de los minutos y se repitió como una amenaza continua: la idea era aprovechar que Jones estaba jugando en una función improvisada como lateral derecho. El argumento es claro: Jones no es un defensor de formación; su perfil es más de mediocampista, por lo que al ocupar esa zona surgen dificultades específicas.

La nota sostiene que, cuando un jugador actúa en una posición defensiva que no es natural, suele costarle ajustar la mirada (revisar hombros), defender movimientos desde el “blindside” y seguir carreras con eficacia. Por eso, el plan tenía lógica: funcionó como idea y, aunque no terminó en gol, generó problemas una y otra vez para la zaga de Liverpool.

Luego, se incluye una declaración del propio McFarlane tras el partido. Allí, el interino remarca que Cucurella no es un extremo, aunque ha jugado en esa función en el pasado. También afirma que, incluso cuando actúa de lateral o cuando se mete hacia el medio, la calidad de sus movimientos sin balón, el timing y el entendimiento de cuándo atacar espacios son muy altos. En esa línea, sostiene que el equipo sabía que podía “exponer” esa situación y que, a su entender, Cucurella tuvo mala suerte: no consiguió una asistencia, pero sí provocó muchísimos inconvenientes.

Problemas estructurales de Liverpool sin pelota: el patrón ante equipos top

La nota vuelve sobre una idea que viene repitiéndose: Liverpool tiene dificultades cuando se enfrenta a rivales de mucha calidad técnica. Se remarca que las caídas consecutivas ante Manchester City y PSG ya anticipaban este escenario incluso antes de medir fuerzas con Chelsea. La explicación apunta a la estructura posicional de los equipos de élite: esos conjuntos buscan castigar los detalles más pequeños dentro del dibujo rival cuando el oponente no cierra espacios con rapidez, presiona con poca inteligencia o no se reorganiza correctamente cuando el plan de presión es superado.

En partidos contra rivales de menor nivel, Liverpool suele “zafar” por su superioridad global. Pero contra los grandes, el guion cambia: el problema se vuelve más visible y la ventaja posicional del rival aparece con más fuerza.

En este caso, Chelsea se encargó de capitalizarlo. El equipo encontró con frecuencia un jugador libre dentro de la estructura de Liverpool, una y otra vez. La cuestión central no fue solo que Chelsea avanzara a través de la presión: el punto más delicado fue que la presión de Liverpool no mantuvo la compacidad necesaria. La distancia entre la primera y la segunda línea se estiraba de manera reiterada, y eso terminaba permitiendo que Chelsea alcanzara al hombre libre tras una o dos combinaciones.

La nota también describe cómo, en varias jugadas, el dúo delantero de Liverpool presionó de forma agresiva pero sin que el mediocampo llegara a tiempo para sostener el circuito. Como consecuencia, los espacios entre líneas se agrandaron. Además, se menciona a Mac Allister y Gravenberch como pivotes que quedaban atrapados en situaciones incómodas: no lograban decidir con claridad si debían salir a presionar a los pivotes de Chelsea o, por el contrario, proteger las líneas centrales de pase.

Cierre

En muchos sentidos, el encuentro funcionó como un reflejo del momento de ambos clubes. A nivel de resultado, el resultado final no modificó el relato general que envuelve a cada institución, pero sí dejó lecturas claras sobre el rendimiento. Para Chelsea, el desempeño sugirió el techo posible de este plantel joven si logra estabilizar la situación del entrenador y continuar con los principios posicionales que ya están instalados en el equipo. Para Liverpool, en cambio, las dificultades que aparecen sin pelota ante rivales de primer nivel siguen siendo una asignatura pendiente que Arne Slot deberá resolver con rapidez si el objetivo es volver a codearse con la elite europea la próxima temporada.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.