Erling Haaland volvió a poner palabras a lo que ya se intuía en su camino con Noruega rumbo a la Copa del Mundo 2026. Cuando el delantero celebró la clasificación de su país al Mundial, confesó que no fue tanto una alegría lo que dominó la escena, sino una sensación más cercana a la tranquilidad: “estoy feliz”, dijo, pero también agregó que estaba “más aliviado que otra cosa”. Y, con el tiempo que se venía esperando, era lógico que esa liberación se sintiera doble.

Noruega, de hecho, no llegaba a una cita mundial desde 1998. En el medio, la última aparición en un Europeo se había dado en junio de 2000, casi un mes antes de que naciera Haaland. En ese contexto, resulta difícil pensar que un país que no suele asociarse a una gran “tradición” futbolera pudiera apostar con la misma naturalidad a que un solo delantero cambiara la historia y cortara, de golpe, dos décadas de frustraciones.

Sin embargo, desde que explotó en el fútbol local con Molde siendo todavía adolescente, Haaland cargó con una exigencia que sobrevolaba sobre pocos: no solo ser figura, sino llevar a Noruega al Mundial. Incluso esa presión lo colocaba por encima de otros talentos de su generación, como Martin Ødegaard, llamado también a marcar época. Y aun así, el noruego siempre se mostró cómodo con ese peso.

La personalidad y la ambición de Haaland

Haaland puede tener estatura, pelo claro y ojos azules, pero no encaja del todo con el estereotipo de “perfil bajo” que a veces se le atribuye a muchos compatriotas. En su manera de pensar, no se trata de ser menos humilde por arrogancia, sino de asumir con claridad en qué punto está su nivel. Por eso, aunque se lo vea como un trabajador incansable y un jugador que suele remarcar la importancia de “mantener los pies sobre la tierra”, también es consciente de su capacidad y, en gran parte, vive dentro de esa certeza.

De chico, uno de sus objetivos centrales era superarse a sí mismo en lo futbolístico, y también a su padre, Alfie Haaland, que había jugado en el entorno de Manchester City en su etapa juvenil. Ese desafío personal ya quedó atrás. Pero, más allá del duelo con su pasado, Haaland nunca escondió que su meta principal era otra: ayudar a Noruega a clasificar al Mundial.

En una entrevista con GQ el año pasado, dejó una frase que resume su vínculo con la presión: “me pone mucha presión, pero me gusta. Y si yo no fuera Erling Haaland, también pondría presión sobre Erling Haaland”. La idea es sencilla: el delantero sabe que la vara existe, la entiende y la transforma en motor.

Récords, impacto y el “9” que lo cambia todo

Haaland tiene razón en ese planteo. Es un centrodelantero extraordinario, con una efectividad de otro nivel y con una capacidad para generar expectativas que, por lo general, terminan siendo superadas por lo que después ocurre. Si antes se podía minimizar su producción goleadora en Austria y Alemania, la llegada a Inglaterra en 2022 hizo que cualquier duda se apague: desde entonces, ha encadenado récord tras récord y consolidó su estatus de talento generacional, con una condición física que parece hecha para romper defensas.

En el tono de la comparación, se lo describe como alguien difícil de frenar, con una mezcla que recuerda a la dureza de Gerd Müller, el estilo de Zlatan Ibrahimović y la sensación de “máquina imparable” que deja The Terminator.

En el presente, el dato vuelve a hablar por sí solo: consiguió su tercer Golden Boot de la Premier League. Solo Mohamed Salah y Thierry Henry tienen más. Además, ya figura noveno en la lista histórica de máximos goleadores de la Champions League, con 57 goles en 58 partidos. Esa cifra abre una chance real de que termine superando a Cristiano Ronaldo en el primer lugar.

Y no se queda ahí: también podría igualar o superar el récord del portugués a nivel internacional. En su proceso con Noruega, Haaland ya llegó a 55 goles para su selección, y lo hizo en 49 partidos. El número es tan alto que suena exagerado, pero más todavía si se mira el ritmo reciente: 28 de esos tantos llegaron en sus últimos 20 encuentros.

Por eso, es razonable sostener que Noruega no habría llegado a Norteamérica sin su gran “nueve”. Haaland marcó en todas las eliminatorias de Noruega para el Mundial 2026, y además anotó al menos dos veces en la mitad de esos partidos. El resultado final fue contundente: 16 goles en solo ocho juegos. Nadie convirtió más en Europa ni en ninguna otra confederación, incluso por encima de zonas con más rondas y más partidos.

El plan de Solbakken y el aporte defensivo

Con un goleador así, el esquema se vuelve casi inevitable: la idea de Noruega pasa por llevarle la pelota a Haaland la mayor cantidad de veces posible, en las zonas correctas, para que pueda decidir con gol y con peligro constante. En esa línea, Stale Solbakken explicó recientemente que los demás jugadores saben que Erling es el mayor “rompe-partidos” del equipo y que la prioridad es ubicarlo donde pueda lastimar.

Aun así, la versión de Haaland no es únicamente esperar la pelota. Su aporte defensivo creció cuando estuvo bajo Pep Guardiola en Manchester City, y además su juego global avanzó fuerte en la temporada anterior. Como indicador de ese progreso, se remarca que solo tres futbolistas de la Premier League superaron su registro de ocho asistencias el último año.

Romelu Lukaku, compañero y referente en la posición, lo puso en términos claros: “yo creo que tiene hambre de goles”, dijo, pero también destacó que es un jugador muy inteligente y que mejoró muchísimo en lo que hace de espaldas al arco. “Hay que darle crédito, porque mucha gente hablaba de esa faceta”, agregó. Luego reforzó la idea de crecimiento: “es mejor que hace unos años, aunque ya era grande. Y seguirá mejorando”. Y cerró con una lectura de cara al Mundial: para él, esta competencia es el escenario más grande para exhibir todas sus cualidades.

Clasificación histórica, sorteo duro y liderazgo

Clasificar al Mundial ya es, por sí mismo, una hazaña notable para Noruega. Haaland todavía ni siquiera había visto a su selección jugar un Mundial antes de este momento, y como chico solía mirar el torneo desde afuera, alentando a otros equipos, incluso a Inglaterra.

El sorteo tampoco fue amable. En un torneo de 48 equipos, Noruega quedó en una zona que se acerca a lo que suele llamarse “grupo de la muerte”, con Francia, Senegal e Irak como rivales.

Con ese panorama, a Noruega se la empieza a mencionar como candidata sorpresa, en parte por cómo rodeó a su estrella con un grupo competitivo. Entre los nombres que aparecen como respaldo de Haaland están Ødegaard, Alexander Sorloth, Jørgen Strand Larsen, Antonio Nusa, Sander Berge y Oscar Bobb.

La salud del delantero sigue siendo prioridad máxima. El intento por llegar a Qatar 2022 se cayó en el momento en que Haaland quedó afuera por lesión. Pero Solbakken también dejó una idea importante: ahora el equipo tiene más “toque distinto”, más jugadores con ese factor sorpresa que puede torcer partidos.

En declaraciones, el entrenador de 58 años sostuvo: “tenemos la sensación de que siempre podemos convertir un gol”. Y agregó que, además, el conjunto se volvió más sólido en lo defensivo: “como equipo, nos volvimos más consistentes”, dijo, aludiendo a una mejor mezcla y a un equilibrio que se nota en el vestuario. “El ambiente siempre fue bueno, pero ahora hay un plus”, remató, haciendo referencia al impulso que trae el trabajo reciente.

En los últimos dos años, Haaland fue decisivo no solo por la cantidad de goles. Cuando Ødegaard se perdió los últimos tres partidos de la fase final de la clasificación, el delantero fue elegido como capitán interino. Y respondió con protagonismo: lideró al equipo hacia tres victorias contundentes, con un cierre histórico de 4-1 ante Italia en San Siro.

Solbakken no se mostró para nada sorprendido por el impacto del brazalete en Haaland. “Erling es muy de los pies sobre la tierra”, dijo. En su lectura, primero piensa en el equipo y después en sí mismo. “Se nota cuando otros marcan: él está igual de contento que cuando convierte”, explicó. Y sumó una conclusión sobre liderazgo: “es consciente de que es referente y cuida muy bien a sus compañeros”.

La ambición más allá del Mundial

El enfoque de Haaland no termina en el plantel. También aparece, en sus objetivos, la intención de inspirar a las nuevas generaciones de fútbol noruego que miran desde sus casas. En diálogo con GQ, sostuvo: “quiero desarrollar toda la federación” y “todo lo que rodea a Noruega” para que el país se convierta en una gran nación futbolera.

Es un proyecto enorme para un territorio de poco más de 5,5 millones de habitantes. Y, como es lógico, eso trae más presión todavía. Pero el delantero vuelve a mostrarse cómodo con el desafío.

Antes de su doblete en San Siro, dejó una frase que funciona como marco de su evolución: “siento la presión desde que llegué a la selección en 2019”. Y agregó que, en ese momento, incluso la sentía más que ahora, porque no tenía tanta capacidad para manejarla. “Ahora estoy mejor. Ahora creo que soy un experto”. Con este recorrido, y con el Mundial como escenario final, Haaland se paró en la plataforma perfecta para demostrarlo: no solo con goles, sino con una forma de liderar y de sostener la exigencia cuando más pesa.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.