Una actualización reciente del Código de Conducta de los estadios de FIFA generó sorpresa y enojo entre quienes ya habían asegurado su entrada: el organismo prohibió que los hinchas lleven botellas de agua reutilizables a los partidos. Hace apenas tres semanas, la normativa incluía una excepción bien concreta: se permitía ingresar con “botellas plásticas vacías, transparentes y reutilizables”, de hasta un litro de capacidad. Ese apartado fue eliminado y reemplazado por una directiva tajante, con el mismo tono de aclaración: “para evitar dudas, no se pueden ingresar al estadio con botellas de agua reutilizables”.
El cambio no habría quedado solo en un documento, sino que se habría comunicado de manera directa al público. De acuerdo con el relato que circuló en medios británicos, la modificación llega por correos enviados a los aficionados, informando que la orientación anterior quedaba sin efecto a partir del 2 de junio. Con este giro, los seguidores pierden la posibilidad de usar las fuentes de agua del estadio para recargar sus propios recipientes, un punto especialmente sensible en un torneo que se juega en pleno verano en Estados Unidos, México y Canadá, con temperaturas y humedad que suelen complicar a cualquiera que permanezca al aire libre durante varias horas.
Desde FIFA salieron a defender el criterio. En un comunicado, el ente rector aseguró que tomó la decisión para “prohibir las botellas” con el objetivo de reducir riesgos y evitar lesiones tanto para jugadores como para el resto de las personas presentes en el evento. Además, justificó la medida señalando que en varios estadios ya existían restricciones para el ingreso de botellas desde el exterior por cuestiones de seguridad, y que FIFA decidió aplicar ese razonamiento de forma uniforme en los estadios de su competencia.
El mensaje oficial también puso el foco en la respuesta al calor fuera del área de gradas. FIFA afirmó que trabaja de manera conjunta con los comités de cada ciudad organizadora y con autoridades locales para implementar medidas de mitigación, que podrían incluir puestos con niebla (para refrescar), estaciones de hidratación, carpas de enfriamiento y otros recursos ubicados alrededor del perímetro del estadio. En paralelo, remarcó que dentro del recinto, el precio de las botellas para el Mundial 2026 se mantendrá alineado con lo que ocurra en otros eventos en cada estadio, sin prometer un esquema especial para el aficionado.
La reacción de los grupos de hinchas fue inmediata y con críticas duras, sobre todo por el momento en que se conoció la decisión, tan cerca del inicio del torneo. Desde la Football Supporters’ Association, un vocero cuestionó el enfoque y lo comparó con la idea de “primero los hinchas, no los hinchas”, sosteniendo que el calor y la humedad son una preocupación real para el bienestar de la gente. En esa línea, reclamaron que el centro del debate no debería ser la posibilidad de vender más agua embotellada a valores elevados, sino la seguridad y el confort de quienes asisten.
También hubo reclamos desde la “embajada” de Free Lions England, que utilizó redes sociales para denunciar falta de transparencia. En un post publicado en X, el grupo se preguntó qué ocurrirá luego y planteó un escenario similar al de otros controles: si se prohíbe protector solar y se obliga a comprar productos dentro del estadio. Allí, además, mencionaron que, pese a los esfuerzos de FIFA por organizar “pausas de hidratación” para los futbolistas, el cambio llegó tarde y de manera llamativa. En la conversación previa, sostuvieron que se había destacado como clave la disponibilidad de agua gratuita en los estadios, y que FIFA habría asegurado que los hinchas podrían llevar su propia botella. La conclusión del mensaje apuntó a que la interpretación más inmediata para los aficionados es que se trata de una estrategia de recaudación, y pidieron que, al menos, las fuentes del estadio sigan siendo gratuitas, con la esperanza de que no haya cobros o filas condicionadas para acceder a ellas.
Al margen del debate comercial, también aparecen preocupaciones sanitarias. Datos y análisis climáticos sugieren que el calor en Estados Unidos, México y Canadá no sería solo una molestia para quienes concurran a los partidos. Un informe de World Weather Attribution (WWA) estimó que, aproximadamente, 26 de los 104 encuentros podrían disputarse cuando el Wet Bulb Global Temperature (WBGT) de la ciudad sede supere los 26 grados Celsius. En el ámbito médico, se teme que limitar el acceso al agua aumente el número de casos de afecciones vinculadas al calor entre los miles de hinchas que viajan para ver el torneo.
En cuanto a los jugadores, el plan contemplaría beneficios directos: habrá pausas obligatorias de hidratación de tres minutos por cada tiempo y también se prevén bancos con control climático. La diferencia, según el reclamo de los aficionados, es que ellos quedarían con pocas alternativas y prácticamente sin excepciones. Con el nuevo esquema, las únicas bebidas permitidas dentro del estadio serían “leche de bebé y agua esterilizada en recipientes” o líquidos que estén vinculados a razones médicas debidamente verificadas. A medida que se acerca la competencia, el foco queda puesto en FIFA: garantizar que esta política no termine comprometiendo la salud de los hinchas expuestos al sol y la humedad.
