El entrenador portugués veterano aparece como el candidato más firme para sentarse en el banco de Real Madrid, pero el traspaso administrativo hacia el Bernabéu se frenó por un impasse temporal. En el club merengue, la llegada de Mourinho quedó condicionada por un escenario político que comenzó a complicar la rutina institucional: Florentino Pérez encara su primera elección presidencial disputada en el cargo en las últimas dos décadas.
El punto de partida del retraso no es futbolístico, sino interno. Aunque se sostiene que existe un acuerdo verbal para un contrato de tres años, Pérez tuvo que reordenar prioridades y concentrarse en la campaña contra el retador Enrique Riquelme. Ese tira y afloje de poder dentro del club terminó trabando la firma formal de la documentación, de modo que, mientras las urnas sigan abiertas, Mourinho continúa —al menos en lo técnico— vinculado a su puesto actual en Benfica.
La demora, además, le salió cara a Real Madrid. Había una ventana específica para activar una salida con una cláusula de rescisión de 7 millones de euros, con condiciones de “precio reducido”, pero ese plazo se venció oficialmente el martes 26 de mayo. A partir de entonces, cualquier intento por llevar al DT de Lisboa a Madrid exige pagar una cifra bastante más alta para desactivar su contrato.
Con el vencimiento ya consumado, la cláusula de liberación de Mourinho en Benfica pasó a ser de 15 millones de euros. Este cambio le da a Rui Costa una ventaja mucho más sólida en la negociación: el presidente del club portugués puede exigir el monto completo o, en su defecto, empujar a Los Blancos a un intercambio más directo y difícil para intentar cerrar un punto de encuentro.
Más allá de las trabas financieras y políticas, Mourinho no muestra señales de preocupación y mantiene plena convicción con el salto a Real Madrid. No es un regreso improvisado: el entrenador ya estuvo tres temporadas en el club entre 2010 y 2013, un ciclo en el que consiguió un título de La Liga histórico, con 100 puntos, aunque no logró alcanzar la “Decim a” que el club buscaba en ese período.
A la vuelta, trece años después, él lo interpreta como una oportunidad para completar un trabajo inconcluso. Se comenta que las bases del nuevo acuerdo se construyen alrededor de su capacidad para devolver el dominio local: si bien el contrato se plantea inicialmente por tres temporadas, habría cláusulas ligadas al rendimiento que terminan consolidando su continuidad en caso de lograr recuperar el campeonato de liga y llevarlo nuevamente al Bernabéu dentro de sus primeros 24 meses.
Mientras tanto, la situación deja a Benfica en modo parálisis para el armado de verano. El club también viene de un golpe importante: no consiguió la clasificación automática a la fase de grupos de la Europa League, por lo que el tiempo se vuelve todavía más valioso. Con el apoyo de los hinchas aumentando la presión sobre Rui Costa, el objetivo pasa por destrabar el conflicto de entrenador cuanto antes para que el plantel pueda iniciar la pretemporada con el ritmo y la planificación que exige el calendario.
En paralelo, Benfica busca alternativas. Tras un supuesto rechazo de Ruben Amorim, la dirigencia orientó sus esfuerzos hacia Marco Silva, de Fulham. La idea es convencer al entrenador para que abandone la Premier League y regrese a Portugal a ocupar el lugar que Mourinho dejará —inevitablemente— una vez que se cierren las elecciones en Madrid y se termine de resolver el pago de los 15 millones de euros que hoy marca la cláusula vigente.
