Borussia Dortmund cerró la Bundesliga en la segunda colocación, con una campaña sólida y, además, exhibiendo la mejor defensa del campeonato. Sin embargo, en la competencia europea el recorrido dejó una herida económica: el “golpe” que los eliminó (Carsten Cramer, director general) resultó especialmente costoso. A eso se sumó una caída poco feliz en los octavos de final de la DFB-Pokal. Con todo, el certamen no alcanza para hablar de grandeza y, en términos generales, se observa poco avance frente a lo que habían mostrado en las dos temporadas anteriores.
“Tenemos que recordar de dónde venimos” fue la consigna del departamento de conducción de BVB durante los últimos once meses. Para poner el contexto: en 2023/24 el club terminó quinto y en 2024/25 finalizó cuarto. En una de esas campañas llegó a la final de la Champions League y en la otra alcanzó los cuartos de final. En el plano copero, en tanto, los caminos se cortaron en los octavos y en la segunda ronda, respectivamente.
Mirando más allá, con la vista puesta en los once años transcurridos desde la salida de Jürgen Klopp, este torneo se ubica como el tercer mejor desempeño liguero de Dortmund con Niko Kovac; de hecho, es el más fuerte en siete temporadas. En ocho de esos once ciclos, BVB también marcó más goles que en el campeonato anterior.
Si se dejan de lado las dos temporadas que los dirigentes del club suelen mencionar con frecuencia, el historial reciente igual muestra una tendencia clara: Dortmund terminó como subcampeón cinco veces, tercero en dos oportunidades y cuarto una sola vez en ocho campañas. Los números, entonces, confirman el punto: ahí es donde “debe” estar BVB. Y siendo Alemania el segundo negocio económico más grande del país, no alcanza con conformarse; cualquier resultado inferior a lo esperado sería insuficiente.
El subcampeonato de esta edición —se trata de la sexta vez que Borussia Dortmund finaliza segundo desde 2015— volvió a acomodar al club en la posición que mejor encaja con sus objetivos. Ese resultado, ni más ni menos, no borra el aporte de Kovac.
El entrenador, de 54 años, tuvo una de las defensas más sólidas de la década para Dortmund (igualando a aquel equipo de Thomas Tuchel de 2015/16) y dejó registros llamativos: 43 victorias, 16 derrotas y 13 empates en 72 partidos oficiales. Kovac logró estabilizar la línea de atrás, instalar un espíritu competitivo y sostener una eficacia ofensiva alta.
Solo con eso ya merece un reconocimiento importante, más aún si se considera que la pretemporada fue más corta de lo habitual y que el Club World Cup, en Estados Unidos, exigió un calendario exigente. Ole Book, director deportivo, remarcó que el club piensa apoyarse en “muy buena base” para el próximo torneo. Aun así, queda abierta la duda de si ese cimiento alcanza de verdad para hacer realidad el “nuevo BVB” que impulsa el director general Carsten Cramer.
El plan para el desarrollo de Borussia Dortmund es claro: bajo Kovac, el objetivo es proyectar una identidad que hasta ahora se vio poco en el día a día. La idea es atacar con más atrevimiento y anticipación, conectarse con más creatividad y, cuando el equipo tenga el balón, ejercer mayor control sobre los rivales. Para eso, el club ya incorporó —y seguirá incorporando— futbolistas jóvenes con proyección, de modo que sus aportes tempranos aporten chispa y fluidez, mientras también podrían dejar ingresos relevantes por transferencias más adelante.
En el papel, suena excelente y los hinchas aguardan con expectativa la primera ventana de Book en BVB. Sin embargo, si se analiza lo que dejó Dortmund en sus últimos 72 partidos oficiales, la pregunta que aparece con más fuerza es otra: ¿puede Kovac —tal como se comenta, con posibilidades de sumar una segunda extensión temprana de contrato en el plazo de un año— cumplir de verdad con esas expectativas?
Para lograrlo, quizás tenga que reformular su manera de encarar el fútbol. A lo largo de su carrera, Kovac se inclinó por un estilo pragmático y con base defensiva, con un esquema rígido que suele frenar el juego más suelto. En Dortmund, hasta aquí, no logró levantar el funcionamiento: el equipo se mostró poco imaginativo y, en ocasiones, previsible.
Justamente por eso la conducción del club exige el próximo paso en la evolución. El razonamiento es simple: la defensa está firme y debe mantenerse así, pero la ofensiva necesita más pólvora. En consecuencia, se revirtió la decisión de Kovac de dejar afuera a extremos que, en situaciones de uno contra uno, se destacan.
Para que eso funcione desde lo táctico, Kovac tendrá que ajustar de manera importante su conocido y discutido sistema del “U-pass” (para una explicación detallada, se remite al desarrollo correspondiente). Ese modelo aportó solidez defensiva, pero en ataque provoca una dependencia pesada de los centros. Ahí aparece un dato que refleja la dinámica: Julián Ryerson terminó la temporada con 18 asistencias en solo 15 partidos.
Ese esquema también dejó al descubierto los límites de BVB frente a rivales de jerarquía. En 16 encuentros ante Bayern, Leipzig, Stuttgart, Hoffenheim, Leverkusen, Manchester City, Inter, Tottenham y el equipo de Bergamo, Dortmund ganó apenas cuatro, perdió nueve y recibió 28 goles.
Esto va más allá de una simple tendencia. Dortmund retrocedió de forma marcada cuando enfrentó equipos fuertes: demasiadas veces mostró falta de madurez, de temple para resistir y de regularidad. Ese retroceso abre interrogantes sobre la calidad real del plantel. Durante años, BVB cargó con demasiados futbolistas irregulares. Los laterales Ryerson y Daniel Svensson no alcanzan el nivel de la élite mundial; además, el equipo todavía no tiene un mediocampista defensivo que marque la diferencia y, en el terreno de liderazgo, cuesta encontrar referentes genuinos.
Incluso en el torneo local, cuando se mira el rendimiento únicamente desde la calidad, las actuaciones fueron en general discretas. En expected points (xP), Dortmund sumó once unidades más de las que sugería su desempeño subyacente. En otras palabras: si se tomara la lógica de esos números, el equipo habría quedado cerca de clasificar a la Champions League solo por diferencia de gol, por delante de Stuttgart. Ese exceso suele explicarse por la contundencia en la definición: el equipo convirtió una cantidad baja de chances en goles decisivos.
Así que el segundo puesto no garantiza, por sí mismo, progreso. El salto tiene que llegar la próxima temporada, y el desafío recae en Kovac: deberá responder con una mejora real y, sobre todo, distinta a la de antes.
