Con el correr de los años, Cicinho construyó una carrera que lo tuvo como lateral con llegada, potencia y personalidad. Pero detrás de esa imagen de futbolista, el brasileño cuenta una historia más dura: desde muy joven se enganchó con el alcohol y, según su propio relato, la adicción llegó a competir con el fútbol por el lugar central en su vida.

“Yo me destruí con alcohol”, confesó el ex defensor en diálogo con el diario italiano Gazzetta dello Sport. En su versión, el inicio fue en una fiesta: a los 13 años se “enamoró” de la bebida, y el hábito se sostuvo con el paso del tiempo. “Probé cerveza y me enganché como si fuera una mujer. Cuanto más grande fui, más tomé”, agregó.

Lo llamativo, y lo que él mismo intenta explicar, es que durante buena parte de su etapa como profesional logró convivir con el consumo y el descontrol nocturno sin que eso se viera inmediatamente en su rendimiento. Sus mejores épocas —en especial en los períodos vinculados a Roma y Madrid— estuvieron acompañadas, de acuerdo a su testimonio, por una vida desordenada que parecía no afectar del todo su forma en cancha.

El “récord” en Roma y el descontrol que venía de antes

Incluso antes de marcar un supuesto “tope” personal, Cicinho asegura que la situación ya estaba fuera de control. Aun así, recuerda con detalle una jornada particular en Roma, donde afirma haber establecido una cifra escalofriante en un solo día: 70 cervezas, 15 caipirinhas y dos paquetes de cigarrillos.

“En Roma hice un récord personal en un día: 70 cervezas, 15 caipirinhas y dos paquetes de cigarrillos”, rememoró el ex lateral derecho.

De Botafogo al silenciado: alcohol, fiestas y fútbol

Para describir el momento en que todo se aceleró, Cicinho ubica su gran salto en el pase a Botafogo. En esa etapa, según su propia narración, empezaron con más fuerza las reuniones, el alcohol y el cigarrillo.

“Quería llegar a lo más alto, ganar una fortuna y divertirme. Cuando llegué a San Pablo y después me convertí en jugador de la selección, sentí que ya había conseguido todo”, dijo.

El ex futbolista añade que pudo mantener esa vida oculta incluso para su entrenador en Real Madrid, Fabio Capello, porque —asegura— el nivel que mostraba en la cancha seguía siendo alto.

“Yo siempre estaba en casa. Me iba a dormir a las cuatro de la mañana y a las ocho ya estaba entrenando, todavía borracho”, contó. Y además detalló el método que usaba para disimular: “Antes de salir tomaba tres o cuatro tazas de café y fumaba un paquete de cigarrillos para tapar el olor. Y en la cancha, en realidad, yo jugaba bien”.

Problemas físicos, depresión y regreso a Brasil

Con el tiempo, el escenario se complicó. Cicinho sostiene que los problemas en la rodilla, sumados a la permanencia de toxinas en el cuerpo, fueron factores que terminaron disparando una depresión que profundizó su lucha.

En 2012, el ex futbolista volvió a Brasil. Allí, de acuerdo con su relato, el apoyo y la contención que recibió le permitieron comenzar un proceso terapéutico.

La vida actual: familia, trabajo en TV y un cambio de rumbo

Hoy vive en San Pablo, está casado y tiene un hijo de cinco años. En tono de humor, comentó que su pequeño ya tendría destino, al menos en su imaginación, ligado a Roma.

En su presente, Cicinho trabaja como comentarista de televisión y, además, durante los últimos diez meses, se desempeña como pastor evangélico. También remarcó un dato clave sobre su recuperación: lleva 14 años sobrio.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.