Bajo el mandato de Roman Abramovich, Chelsea terminó fuera de la zona de los cuatro primeros apenas en tres oportunidades dentro de 18 temporadas, y en ese lapso conquistó 17 trofeos. Desde que se quedó con el gran premio en 2012, solo dos veces no logró clasificar a la Champions League. Ya en plena era BlueCo, con tres temporadas completas bajo este nuevo ciclo, el equipo cerró 12°, 6° y 4°; y los únicos grandes títulos que sumaron hasta ahora fueron la Conference League del último verano y el Mundial de Clubes.
Aun así, existe la posibilidad de que los Blues terminen el 2025-26 con un trofeo en las vitrinas y, además, con una plaza para la Champions League. Están metidos en las semifinales de la FA Cup, instancia en la que se medirán con Leeds United, y en la Premier League marchan sextos. Están a un punto de Liverpool, que ocupa la quinta ubicación, un lugar clave porque por las reglas de coeficientes de UEFA podría bastar para la clasificación al torneo continental.
En otras épocas, Chelsea podía apoyarse en sus figuras para salir de cualquier bache, sin importar demasiado quién se sentara en el banco. Hoy, con el nuevo modelo de propiedad orientado a un proyecto basado en el desarrollo de juveniles, esa salida automática no es tan sencilla. En Cole Palmer hay un talismán que ya demostró nivel en la élite, pero aun así este año no está en su mejor versión.
El rendimiento de Palmer tanto con Chelsea como con la selección genera preocupación. Durante los partidos internacionales de marzo, no terminó de convencer al entrenador de Inglaterra, Thomas Tuchel, de llevarlo al Mundial: sus actuaciones contra Uruguay y Japón fueron discretas. Esas dos presentaciones también se vieron como una continuidad de lo que venía mostrando en el club.
Luego del triplete que marcó como visitante ante Wolves el 7 de febrero, Palmer aportó solo dos goles y una asistencia en los 11 partidos posteriores. Y su última intervención decisiva en todo sentido fue hace ocho encuentros: el tercer tanto de Chelsea en el 4-1 sobre Aston Villa. Lo más alarmante, en todo caso, es que casi no está cerca de romper esa sequía.
El sábado, Chelsea goleó 7-0 al Port Vale, un equipo de League One, en el cuarto de final de la FA Cup, pero Palmer no convirtió y tampoco registró una asistencia para ninguno de sus compañeros. Eso sí, tuvo participación en el tercer gol: Malo Gusto remató con fuerza, el arquero Joe Gauci desvió la pelota y Palmer quedó con el arco prácticamente vacío para empujar desde unos seis metros. Su tiro inicial salió desviado y caminaba hacia el costado, hasta que una desviación del defensor Jordan Lawrence-Gabriel hizo que el balón cambiara de rumbo en dirección contraria y terminara figurando como autogol.
En la Premier League, en especial, se nota una caída preocupante en el impacto de Palmer. Desde que convirtió el 14° tanto de su campaña 2024-25 el 14 de enero de 2025, volvió a marcar 10 veces, aunque seis de esos goles fueron desde el punto penal.
Este, en realidad, era un año que se presentaba exigente para Chelsea. El desgaste físico acumulado en el plantel por el Club World Cup del verano pasado, sumado al horizonte del Mundial de Clubes de la edición internacional hacia el final del 2025-26, hizo que varios jugadores de peso corrieran el riesgo de llegar “pasados” desde lo físico. Además, el calendario futbolístico ya venía necesitando recortes antes de que FIFA agregara este nuevo torneo.
Palmer disputó 52 partidos y acumuló 4.247 minutos en un 2024-25 duro, aunque con resultado positivo. En toda su carrera, solo se había perdido cuatro encuentros con Chelsea por lesión antes de que arrancara esta temporada, pero no sorprende que su cuerpo haya dicho basta y que ahora haya tenido que estar fuera 25 veces entre el club y la selección. No es que Palmer dependa principalmente de la velocidad, pero suele lucirse más cuando el partido se abre y hay espacio para transitar; en cambio, frente a defensas bien plantadas se lo nota algo más lento o con más hesitación.
Tras el triunfo sobre Port Vale, Palmer habló con medios del club y dejó entrever hasta qué punto las molestias lo venían afectando en la parte baja del cuerpo: “Me siento bien, siento que di un paso adelante. Por fin puedo volver a tirar y hacer todo lo que quiero, así que se trata de seguir creciendo y rendir”.
Por un lado, resulta injusto que Palmer haya tenido que seguir en la cancha con ese tipo de dolor. Pero si lo que dice sobre su estado actual es cierto, al menos debería traducirse en mejores actuaciones en adelante.
Por primera vez en su carrera, Palmer fue designado capitán en el partido que Chelsea le ganó a Port Vale. “Bien, hacía mucho que lo esperaba, ¡por fin!”, se rió. “Fue un momento orgulloso ser capitán y lo disfruté”.
El entrenador Liam Rosenior explicó por qué le dio el brazalete a Palmer: “Creo que es un paso natural para Cole por cómo está en su carrera. Él demuestra liderazgo. Hay distintos tipos de liderazgo. Tenés jugadores que hablan, que organizan”.
Y agregó: “Lo que hace Cole y hacia dónde marca el camino es que es valiente: toma la pelota en el campo. Y si comete un error, vuelve a tomar la pelota y es positivo otra vez. Eso es lo que quiero en este equipo. Sentí que Cole condujo al equipo de manera magnífica en el partido de hoy”.
Con Enzo Fernández suspendido por comentarios vinculados a un posible traspaso a Real Madrid, Palmer podría volver a portar la cinta de capitán ante rivales más exigentes, como Manchester City, el domingo, en su partido contra el equipo en el que jugó antes. La sanción de Fernández habla del momento particular del vestuario de Stamford Bridge y de la necesidad de contar con algunas personalidades que terminen de ordenar al grupo.
Rosenior sostuvo que Palmer no necesariamente es un líder “por obligación”, sino por la manera en que se comporta. Sin embargo, por su nivel actual esta idea no termina de despejar dudas sobre su rol. En la temporada, Palmer no se ubica entre los cinco mejores de Chelsea y puede incluso complicarse para entrar en el top 10.
Lo que sí tiene a favor es que sigue siendo el centro de atención. Haga lo que haga, para bien o para mal, queda bajo la lupa. No se trata de un futbolista “inédito” que busca hacerse un nombre: el mundo ya conoce su calidad. Ahora la cuestión es volver a responder cuando más importa, mostrando realmente cómo se comporta el jugador en situaciones adversas.
Para encontrar otra vez su mejor versión, Palmer necesita el respaldo de sus compañeros, aunque este año no fue fácil construir una buena conexión con otros atacantes. Los cambios constantes en el once inicial, sumados a la modificación en el cuerpo técnico —Rosenior reemplazó a Enzo Maresca, quien había sido muy habitual— afectaron la química del equipo.
En los últimos días se mencionó que Palmer incluso no pudo compartir cancha con Nicolas Jackson. El delantero se había sumado a Chelsea en el mismo verano que él, pero esta temporada fue enviado a préstamo a Bayern Munich. Jackson, como nueve clásico, era un socio ideal, aunque esa relación todavía no terminó de florecer con Joao Pedro desde su llegada procedente de Brighton.
Hay indicios de que lo único que falta entre Palmer y Pedro es el tiempo de convivencia dentro del campo, más que una incompatibilidad futbolística. Aun así, el dato preocupa: Palmer apenas registró tres asistencias en la temporada, aunque las tres llegaron para Pedro durante el tramo inicial de gran forma del brasileño apenas se produjo el arranque de la etapa de Rosenior.
Otro brasileño que está viviendo su debut en Chelsea es la joven promesa Estevao Willian. Se entiende que debería tener una seguidilla de titularidades para sacar lo mejor de sí, al igual que Palmer. Entre estos tres jugadores se concentra gran parte del potencial del plantel en ataque, y por eso deben ser pilares del plan ofensivo de Rosenior. Cuantos más minutos compartan juntos, mejor deberían funcionar.
Chelsea encara un final de 2025-26 complicado, con un tramo que puede volverse hostil rápidamente. Arranca el domingo con la visita de City. El conjunto de Pep Guardiola reavivó la ilusión de alcanzar a Arsenal en la pelea por el título pese a que en el último partido de Premier League dejó puntos en el camino. Lo consiguió después de ganarle a Arsenal la Carabao Cup y de golear a Liverpool en la FA Cup, y no sería extraño que Chelsea termine cruzándose con ellos en la final de este último torneo.
Luego de City, Chelsea recibirá a Manchester United en Stamford Bridge. La previa, con mucha probabilidad, estará dominada por el supuesto interés del equipo de los Red Devils en Palmer. Así, podría ser otra semana donde los Blues intenten cortar de raíz un potencial “dolor de cabeza” mediático.
Los dirigidos por Rosenior todavía deben visitar Liverpool y Sunderland, además de jugar contra rivales como Nottingham Forest y Tottenham, en este caso con una carga histórica particular por la rivalidad. Clasificar a la Champions League ya de por sí es una cuesta arriba, pero el calendario de Chelsea es todavía más duro que el de sus competidores directos y obliga a apretar desde el principio.
No meterse en la máxima competencia europea puede costar millones y también intensificaría los rumores de que las estrellas podrían buscar otro destino. Las reglas de PSR ya tocaron la puerta del club y, en esta oportunidad, no hay “salidas” alternativas: la única forma de acomodarse es vender a los activos más caros. El primer equipo sostiene gran parte de la estructura del club, y hoy está en un momento de desorden.
Palmer tiene por delante un desafío doble: recuperar el instinto goleador mientras intenta sobrellevar nuevas lesiones y, al mismo tiempo, convencer al seleccionador Tuchel de que merece estar en el Mundial. Tanto él como Chelsea necesitan que vuelva el jugador temido cuando escaló hacia la cima de su estrellato.
