El Chelsea de Liam Rosenior atraviesa un tramo que parece borrar, por completo, el buen arranque que había mostrado en el arranque de la gestión. La campaña se sostuvo con cierta calma por el camino hasta las semifinales de la FA Cup, aunque con cruces “favorables” en los sorteos de quinta y de cuartos de final; en Premier League, en cambio, la primavera en Stamford Bridge fue golpe a golpe: eliminación de Champions League a manos de Paris Saint-Germain, y una racha doméstica que ya encendió alarmas de cara a la pelea por puestos europeos. Este sábado, con Manchester United como visitante, el partido aparece como una obligación absoluta para no quedar definitivamente despegado.

La caída de ritmo: Champions y Premier League sin respuestas

Desde la última victoria liguera del Chelsea, conseguida el 4 de marzo ante Aston Villa, los “Blues” no lograron levantar cabeza. En Champions League, la salida fue contundente: perdieron 8-2 en el global contra PSG. En la liga, la cuenta también fue devastadora: cayeron en sus tres partidos frente a Newcastle, Everton y Manchester City, con un marcador acumulado de 7-0.

Ese es el dato más duro: es la primera vez en 28 años que Chelsea encadena tres derrotas consecutivas en Premier League sin convertir un solo gol.

  • Última victoria en liga: 4 de marzo vs Aston Villa.
  • Champions League: eliminación ante PSG con global de 8-2.
  • Premier League (tres derrotas seguidas): Newcastle, Everton y Manchester City; 7-0 en el acumulado.
  • Racha histórica: tres caídas seguidas sin marcar, primera vez en 28 años.

Con este panorama, el equipo quedó en una posición complicada: está siete puntos por debajo de Manchester United, el rival que visita Stamford Bridge el sábado por la noche. Y ese margen, además, crece en contexto porque United —igual que Aston Villa, que aparece también con un objetivo alto ya prácticamente encaminado— se ve con opciones sólidas de terminar entre los cinco mejores, aun sin tener que “hacer demasiado” por su propia cuenta en la recta final.

La derrota que acerca a la zona media y el calendario que aprieta

El golpe más reciente fue el 3-0 en casa ante Manchester City en el domingo. Ese resultado dejó a Chelsea más cerca de Bournemouth, ubicado en la 11ª posición, que de Liverpool, que ocupa el quinto lugar y el último pasaje a Champions League. Mientras tanto, United abrió una ventaja cómoda sobre el sexto equipo, pese a haber sumado solo siete puntos de los 15 posibles desde principios de marzo.

Arne Slot, con Liverpool ya bajo presión en la historia reciente, queda “a tiro” todavía, pero la situación del Chelsea depende de resultados ajenos y de lo propio: si el equipo vuelve a perder el sábado y el resto de los resultados se vuelve en contra, puede caer de lleno en el pantano de un medio de tabla cada vez más compacto.

El problema es que la exigencia del calendario no afloja. Después del duelo ante United, Chelsea todavía tendrá que enfrentar a Brighton, Liverpool y Tottenham, y para cerrar la temporada deberá visitar el estadio de la fortaleza del Sunderland, en el marco del compromiso lejos de casa en Stadium of Light.

  • Tras el 3-0 vs Manchester City (domingo): Chelsea queda más cerca de 11º que de 5º en la pelea europea.
  • Si Chelsea pierde otra vez y acompañan otros resultados en contra: riesgo real de hundirse en el medio de tabla.
  • Restan partidos complicados: Brighton, Liverpool y Tottenham tras el clásico ante United.
  • Cierre: visita a Sunderland en Stadium of Light.

El trasfondo interno: tensiones, antecedentes y la continuidad de Rosenior

El declive deportivo se superpone con turbulencias fuera del campo. En el parón internacional de marzo, Enzo Fernández coqueteó de manera abierta y reiterada con un posible pase a Real Madrid. Además, Marc Cucurella se expresó en contra de la decisión de despedir al anterior entrenador, Enzo Maresca, y también cuestionó la forma en que se está gestionando el club.

En el plano disciplinario, esa tensión también se reflejó en el plantel: Fernández recibió una suspensión interna de dos partidos.

Lo preocupante para el entorno del Chelsea es que el club ya vivió una situación parecida en el mismo tramo de la temporada. En abril de 2023, Frank Lampard, uno de los íconos del club, reemplazó de manera interina a Graham Potter. En ese período, el equipo ganó apenas un partido en nueve encuentros de Premier League y quedó eliminado en Champions League ante Real Madrid. El desenlace dejó al Chelsea pasando del 11º al 12º al final del campeonato, y se instaló una apatía profunda —y en muchos casos tóxica— tanto en jugadores como en la hinchada.

En el mismo verano, crecieron rumores de que varios integrantes del plantel querían salir, y efectivamente hubo una reestructuración total: se fueron jugadores como Kai Havertz, Mason Mount y Christian Pulisic, entre otros.

Con ese antecedente, la sensación en Stamford Bridge es de repetición. Hoy Chelsea está a solo tres puntos del 11º. Además, Rosenior perdió la misma cantidad de veces que Potter había acumulado tras 21 partidos. Y los silbidos desde las tribunas tras el traspié ante Manchester City alimentan el temor a que la vieja toxicidad vuelva a aparecer con fuerza.

En lo directivo, al menos por ahora, no hay señales de que la propiedad vaya a frenar el proyecto. La lectura que circula es que buscan evitar repetir el error de hace tres años, cuando se despidió a Potter y se terminó empujando al club a uno de los períodos más oscuros de su historia reciente.

En ese marco, una información indica que Rosenior conservaría su puesto incluso si no logra terminar entre los cinco primeros. La exigencia, en todo caso, se vuelve cada vez más difícil. El entrenador inglés habló sobre su participación en la planificación de fichajes de verano, y anteriormente se había reportado que la evaluación de su continuidad no se revisaría hasta completar una temporada completa, siguiendo un criterio similar al de Mauricio Pochettino y Maresca.

El interrogante es si esa postura cambia con el paso de las semanas, sobre todo si Chelsea no consigue un lugar en Champions League y además queda corto en la búsqueda de ganar su primera FA Cup en ocho años. En el camino, de llegar a la final, City aparece como un obstáculo probable. Incluso existe la posibilidad de quedarse sin clasificación europea en general, un escenario que, según se comenta, no sería aceptado.

Rosenior, por su parte, se muestra consciente de la magnitud del desafío. En una línea parecida a una frase que se hizo famosa tras el ciclo de Potter, el técnico remarcó que necesita más tiempo para “crear algo muy, muy especial”, pero lo dejó en claro: el foco inmediato es ganar. Desde su llegada, Chelsea figura noveno en la tabla de forma.

“Obviamente, estoy acá y tengo que ganar en este momento. Es un club enorme. Cuando llegué por primera vez, no pedí mucho tiempo porque entiendo este club, entiendo sus tradiciones y su historia. Me gustaría tener ese tiempo porque confío en que dentro de ese período, se puede crear algo muy, muy especial… Incluso gente tan experimentada como Pep [Guardiola] o Jürgen Klopp, cuando ganaron los títulos que ganaron con Liverpool, tuvieron un año para acomodar todo. Yo llegué en enero”, expresó.

Y completó: “No es una excusa, es una realidad. Pero necesito ganar ahora, y eso es en lo que voy a enfocarme”.

La remontada de United y el margen que se achica para Chelsea

Además de la forma propia y el ruido interno, Rosenior enfrenta otro problema: el resurgir de Manchester United con Michael Carrick al mando interino. El equipo dirigido por Carrick se metió cómodo dentro de la franja que apunta al top cinco con solo seis partidos por jugar. Incluso con el tropiezo de rendimiento mencionado en el tramo reciente, el crecimiento alcanzó para sostener una zona de privilegio.

En temporadas anteriores, Chelsea había podido aprovechar el bajo rendimiento de rivales como Tottenham, Newcastle o Aston Villa para trepar posiciones. Esta vez, ese “beneficio” no parece repetirse: la mala racha del club londinense lo deja como uno de los más expuestos a terminar como un equipo más del medio, mientras Tottenham libra otra batalla en la parte baja de la tabla.

El escenario se vuelve aún más delicado si se considera que Aston Villa está siete puntos por delante en la cuarta colocación. Si esto marca el inicio de un orden nuevo, Chelsea debería actuar con rapidez para no quedar relegado en la lucha por Europa.

En el aspecto inmediato, Chelsea tiene un alivio: United no aprovechó su última caída. Carrick y compañía sufrieron un golpe inesperado en Old Trafford el lunes, cuando fueron sorprendidos por Leeds. Eso mantuvo la distancia en siete puntos y no en diez.

Pero el margen, de cara al sábado, es mínimo: si Chelsea no gana, no tendrá chances reales de recuperar terreno y las aspiraciones de terminar entre los cinco se apagan prácticamente de forma definitiva.

United, en paralelo, ya aparece casi asegurado para volver a la máxima competencia europea de clubes. Tras haber hecho negocios inteligentes el último verano, el equipo podría reforzarse otra vez en el mercado, con el atractivo de jugar Champions, situación que podría dejar a Chelsea mirando desde atrás.

Los rumores de disconformidad en Stamford Bridge apuntan a que el próximo verano podría traer cambios grandes. Sin embargo, se entiende que Chelsea tendrá pocas oportunidades de pelear por nombres de alto perfil como Julián Álvarez, Morgan Rogers o Adam Wharton si no logra ofrecer el mismo nivel de competencia y atractivo que da la clasificación europea.

En definitiva, el sábado por la noche no es solo “un partido más”: hay riesgo real de que el Chelsea quede despegado tanto en el corto como en el largo plazo. Con ese peso encima, la victoria se vuelve imperativa.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.