Gianluigi Buffon habló con franqueza tras la salida de su libro Saved y, en una entrevista que repasó episodios clave de su carrera, volvió a detenerse en el instante más recordado del Mundial 2006: la final contra Francia y el célebre cruce entre Zinedine Zidane y Marco Materazzi. El arquero italiano contó cómo, minutos antes del codazo y la posterior reacción de Zidane, alcanzó a resolver con una atajada “de clase mundial” un cabezazo que parecía encaminado a la red, y también explicó por qué cree que fue determinante para que los árbitros sancionaran la agresión, pese a que el juez asistente no la vio.
La final de 2006: el reflejo antes del cabezazo y el testimonio que cambió el rumbo
Buffon rememoró la escena con precisión quirúrgica. Según su relato, cuando Zidane impactó la pelota con el cabezazo, lo hizo con una potencia y una intención que le dieron la sensación de que la fuerza venía “como si fuera con el pie”, por la velocidad con la que salió el envío. El arquero sostuvo además que tuvo la impresión de que el francés ya se veía adentro: estaba convencido de que había convertido, y esa frustración fue visible en el momento, aunque con el tiempo Buffon interpreta que Zidane terminó reconociendo la atajada.
El italiano también fue de los pocos futbolistas que observó, en el momento, la alteración física entre Zidane y Materazzi. Buffon admitió que su rol fue central para que el cuerpo arbitral tomara cartas en el asunto luego de que el asistente no registrara el contacto inicial.
“Yo estaba a unos 15 metros y escuché el golpe”, explicó. En su versión, si ese tipo de acción se hubiera cometido contra otra persona, el impacto habría sido incapacitante. Como el linier no vio lo que ocurrió, Buffon se hizo cargo de llamar la atención: corrió hacia el árbitro y el asistente para que miraran la jugada. Materazzi estaba en el suelo, Zidane permanecía inmóvil y él protestaba hasta que, finalmente, el partido se detuvo. En ese punto, la intervención del arquero ayudó a que el incidente dejara de ser “una escena pasada” para transformarse en sanción y consecuencia directa dentro del juego.
Consultado sobre el caos del episodio, Buffon cerró con ironía y autocrítica: “Es mi culpa”.
El libro, el retiro y el cambio de vida: de la figura total en cancha a la calma fuera del foco
Más allá del capítulo 2006, Buffon conectó lo futbolístico con su presente. A sus 48 años y retirado desde 2023, habló del salto desde su condición de referente “omnipotente” dentro del campo hacia una vida más silenciosa, lejos de la exposición constante. Aunque mantiene un estatus enorme en Turín y en todo el país, insistió en que no extraña la rutina diaria del fútbol profesional.
Sobre su decisión de colgar los guantes, el exarquero explicó que convivieron emociones opuestas. Por un lado, dijo que fue una determinación correcta y que le dio alegría cerrar su recorrido. Por el otro, reconoció que sintió miedos: tras casi 30 años, entendía que a partir de ese momento su vida iba a cambiar de manera total. Aun así, afirmó que aprendió a aceptarlo, seguir adelante y adaptarse al nuevo ritmo.
“No lo extraño”, remarcó, convencido de que era el momento adecuado para terminar. Y describió su presente como una etapa distinta, más serena, en la que pudo avanzar con el tiempo.
Dolor con la selección: la eliminación de Italia y la necesidad de mirar el problema de frente
En el tramo final de su relato, Buffon se refirió a su rol reciente en el entorno de la selección italiana. Contó que, además de su carrera como jugador, asumió una función ejecutiva vinculada al plantel: fue jefe de delegación durante la fase de repesca en la que Italia quedó eliminada ante Bosnia y Herzegovina, en un desenlace que le dejó una herida personal. El excapitán de Juventus admitió que la situación actual del combinado “azzurro” es difícil de asimilar, especialmente por lo que representa en términos históricos.
Buffon señaló que vive esto como una página dolorosa para el fútbol italiano y para él mismo. Y, en ese sentido, remarcó una idea fuerte: si le hubieran dicho hace 12 años que Italia no clasificaría a tres torneos seguidos, lo habría tomado como algo improbable. Sin embargo, sostuvo que esa es la realidad y que, para salir, el país futbolero necesita entender el origen de las dificultades y cambiar.
Su mensaje fue directo: hay que hacer un análisis claro. Según su postura, si se logra esa claridad, el escenario puede abrirse hacia un futuro mejor. Pero si se niega la existencia del problema, ese mismo problema seguirá estando. En otras palabras, el aprendizaje que Buffon propone no es solo deportivo, sino cultural y de gestión: asumir el diagnóstico para poder revertir el rumbo.
