Una de las propuestas más insólitas del italiano era recortar la duración de los tiempos a 25 minutos. Esa “idea” quedó expuesta con crudeza en la noche del miércoles en el Allianz Arena: fue una semifinal de Champions con cinco goles en una primera parte intensa. Bayern y Real Madrid fueron intercambiando golpes: los alemanes empataron en dos ocasiones y, cuando parecía que el cierre del primer acto se iba a definir de cualquier manera, Kylian Mbappé apareció justo antes del descanso para volver a poner a “los Blancos” arriba y dejar la serie 3-3 en el global.

En ese momento, el cruce era de cualquiera. El local dominaba el ritmo y el control del partido, pero el Real se mostraba peligrosísimo en cada contraataque. Sin embargo, el partido cambió de tono cuando Eduardo Camavinga fue expulsado por una segunda falta sancionable, con menos de cinco minutos del tiempo reglamentario por jugarse. Bayern aprovechó el golpe anímico: Luis Díaz le devolvió la ventaja a los bávaros y, sobre el final, Michael Olise sentenció la historia con un remate espectacular en los últimos instantes. En Múnich, Bayern terminó ganando 4-3 en la noche y 6-4 en el global.

Camino de goles: quiénes ganaron y quiénes quedaron expuestos

Con el resultado consumado, la edición de la serie en Munich dejó un escenario de altos y bajos, de errores costosos y de ráfagas de talento. Bayern consiguió quebrar a Real en un partido que, por momentos, se había vuelto un ida y vuelta de máxima tensión, y se llevó el pasaje con una ventaja que se estiró gracias a los goles en el tramo final.

El impacto de Luis Díaz: ausente en Anfield y clave en Múnich

Luis Díaz fue una ausencia notable en Anfield el martes por la noche. Liverpool lo sintió de manera directa: le faltó el desborde del colombiano y su olfato de gol, justo cuando el equipo vivió una Champions League particularmente frustrante ante Paris Saint-Germain, en una derrota que dejó sabor amargo.

De todos modos, el problema viene de antes. A lo largo de la temporada, los hinchas de Liverpool se lamentan por la pérdida de un jugador que tuvo un rol decisivo en el título de Premier League del ciclo anterior. Y la forma de Díaz en Bayern Munich no hizo más que aumentar la sensación de “debería haber seguido acá”.

En Liverpool, el dato económico también pesa: los 75 millones de euros (65 millones de libras / 88 millones de dólares) parecían una cifra razonable por un extremo que iba a cumplir 29 años a mitad de la campaña actual. Pero Bayern entendió la operación como una ganga y, con lo que está mostrando el colombiano, cada vez más parece que esa lectura fue correcta.

En el Allianz Arena, Díaz marcó su gol número 24 de la temporada y, además, fue el más importante hasta ahora: anotó en un momento en el que Real todavía resistía, justo después de que el equipo quedara en inferioridad por la roja. Con ese tanto, Bayern recuperó el mando de la serie y encendió el tramo final.

Mientras su club anterior quedó afuera de la Champions, Díaz sigue con vida para levantar el trofeo por primera vez en su carrera, y lo hace en un momento en el que está jugando el mejor fútbol de su trayectoria.

Para muchos jugadores, salir de Liverpool suele ser un paso hacia abajo. En el caso de Díaz, en cambio, fue lo contrario: lo elevó a un nivel completamente nuevo.

Noche floja para los arqueros: errores que pesaron

Más allá del espectáculo y de los goles, el partido también dejó una sensación particular: fue una noche complicada para los arqueros.

Andriy Lunin y Manuel Neuer tuvieron trabajo y, por lógica, el partido invitaba a que fueran protagonistas. Era un cruce con ida y vuelta, con dos equipos que también sufren por defectos defensivos. Pero, aunque ambos hicieron paradas importantes, el punto es que no solo fueron “soluciones”: también se mandaron errores grandes, y eso no fue precisamente un buen mensaje para el gremio de arqueros.

En el arranque del marcador, el primer gol de Real nació de una situación muy evitable: Neuer terminó eligiendo pasarle la pelota a Güler. Cinco minutos después, Lunin empeoró el panorama: lo empujaron y terminó metiendo la pelota en su propio arco para darle la igualdad a Bayern. Y el segundo tanto de Madrid tampoco parecía inevitable: Neuer alcanzó a tocar la pelota en la acción de tiro libre de Güler, pero no alcanzó para evitar el daño.

La antesala: la maldición de Real en el Allianz y el mensaje de Rummenigge

Bayern había dado un paso enorme la semana pasada al derrotar a Real en el Santiago Bernabeu. Fue la primera vez en 25 años que los bávaros ganaban allí, y eso cortó, de alguna manera, el recorrido adverso que venía con cuatro eliminaciones consecutivas en llaves de Champions frente a “los Blancos”.

De todos modos, en Múnich nadie se confió pensando que el partido estaba resuelto. Incluso Karl-Heinz Rummenigge, leyenda del club, había lanzado una advertencia: pidió no dejarse llevar por una euforia excesiva y recordó que Real Madrid siempre genera problemas en Alemania, especialmente en el Allianz Arena, donde históricamente dejó sinsabores.

Al descanso del miércoles, la sensación era que el guion podía seguir favoreciendo a Bayern. Durante los primeros 45 minutos, el local fue mejor, pero Mbappé y compañía estaban arriba 3-2 y con una peligrosidad enorme en cada transición ofensiva.

Por eso, el mérito de Vincent Kompany y su plantel pasa por la manera de sostener la cabeza. Madrid terminó perdiendo la brújula en el tramo final frenético, mientras Bayern mantuvo la calma y, finalmente, rompió el “maleficio” contra Real.

Después del partido, Kompany lo resumió con claridad: “Real es Real, siempre es una amenaza. Pero hoy el equipo estuvo fuerte mentalmente para reponerse a los golpes. Mantuvimos la serenidad y sentimos que iba a llegar nuestro momento”.

Arbeloa, dudas y una noche que no termina de cerrar

En el otro lado, el interrogante para Álvaro Arbeloa es evidente. No estaba del todo claro cuál era el alcance de su tarea cuando asumió el cargo en enero. Madrid no especificó si la designación era temporal o permanente. Arbeloa dijo que sabía que tenía que ganar, pero el planteo que quedó en el aire fue qué aportó exactamente. Una victoria en esta serie no habría respondido todo, pero sí habría ofrecido una señal más nítida. En la práctica, esa oportunidad no llegó: el español no logró el objetivo.

Aun así, el dato irónico es que Arbeloa no se llevó todas las culpas. Sí hubo críticas posibles, por ejemplo por haber incluido a Thiago Pitarch como parte del armado inicial en el primer partido, donde el jugador se vio superado en la derrota 2-1. Pero también se argumenta que el pibe había tenido un rendimiento muy bueno en las semanas previas y que Jude Bellingham no estaba en condiciones al 100%.

La idea fue construir el tipo de condiciones que suelen favorecer al “Madrid hechicero” que aparece en esta competición. Sin embargo, no alcanzó para que el plan termine de encajar: el escenario final no fue el que buscaban. La roja de Camavinga, además, seguramente abra debate por su supuesta dureza, aunque con el correr de los días se irá hacia una lectura más amplia: ¿Real saldrá a buscar un nuevo entrenador en el verano? Y, para Arbeloa, la pregunta inmediata es otra: revisar su camino dentro de la gestión y ver desde dónde puede empezar su carrera en la dirigencia.

El pase del mejor: calidad colectiva y carácter de Bayern

Real Madrid participó con todo en una eliminatoria de cuartos que fue intensa y atractiva. Pero no hay dudas de que avanzó el equipo que estuvo un escalón por encima. Y la clave, en este caso, no fue solo lo individual sino el “equipo” como concepto.

Bayern también tiene fallas defensivas y su zona central menos firme es una preocupación real para Kompany. Aun así, el conjunto muestra virtudes claras: juega con mucha calidad con la pelota y además trabaja con constancia para recuperar rápido cuando el rival intenta salir.

Por eso, desde el inicio del partido se percibía que el local confiaba en dar vuelta la historia. Incluso Joshua Kimmich y Olise coincidieron luego en la lectura de control: sintieron que el dominio del juego estaba a su favor y que el gol volvería a aparecer con el paso de los minutos.

Desde una mirada neutral, también resultó positivo ver que esa mezcla de calidad y carácter terminara premiada. En especial, frente a un rival que puede alternar destellos de magia con momentos de descontrol y caprichos. Y ahí aparece otra reflexión: uno se pregunta qué podría lograr Vinícius Junior y el resto si rodearan a los rivales con la misma energía con la que rodearon al árbitro después del pitazo final.

El cruce que viene: Bayern y PSG por un lugar en la final

Si bien hubiese sido fascinante tener a Mbappé enfrentando a sus ex empleadores en la instancia de semifinales, lo que se viene es igual de atractivo: Bayern chocará con PSG por un lugar en la final. Y, en verdad, la sensación es que quizá se trate de algo más grande que una semifinal: ambos equipos parecen hoy de lo más lindo para mirar, con un fútbol de alto nivel que incluso recuerda a lo que se vio con Arsenal y Atlético de Madrid, equipos que pueden ser duros de ver cuando se atrincheran, pero que igual ofrecen espectáculo.

El lado positivo es que se verán dos enfrentamientos en apenas ocho días. Y si el primer cruce de fase de liga sirve de termómetro, hay chances reales de que la semifinal se parezca a la gran definición de la temporada pasada entre Barcelona e Inter, esa que dejó una marca por intensidad y dientes apretados.

Para los que disfrutan del fútbol con atención sostenida, lo que sigue promete ser un regalo.

La expulsión de Camavinga: el “25 minutos raros” y la roja que abrió el partido

Hubo algo particular, casi extraño, en los primeros 25 minutos con Camavinga. En sus primeros tramos sobre el césped, el francés se mostró muy bien: fue ágil, agresivo y con instinto defensivo. Para completar el contexto, quien salió fue Brahim Díaz, un futbolista que, en comparación, suele carecer de la misma cuota de físico y de “mordida”. En ese arranque, las características de Camavinga parecieron una respuesta perfecta.

Pero en los siguientes 20 minutos, el panorama cambió y su actuación quedó manchada. La primera amarilla fue tonta: Camavinga terminó haciendo una especie de “tackle” tipo rugby sobre Jamal Musiala cuando el equipo estaba saliendo desde el mediocampo. Y la segunda sanción fue todavía más desesperante.

El futbolista de 23 años entró tarde contra Harry Kane y, además, después demoró la reanudación yendo a buscar el balón como si el juego se tuviera que adaptar a su voluntad. El desenlace fue lógico: tarjeta roja y el partido se abrió por completo. Con más espacio para moverse, Bayern terminó encontrando el camino y, como era inevitable, sus dos extremos de banda sacaron ventaja con claridad.

Para ser justos, Camavinga no es el único responsable del resultado. Pero su falta fue una estupidez con impacto enorme: afectó el partido, la serie y también, en cierto sentido, la campaña de Real en el tramo final.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.