La eliminación de Bayern Múnich en las semifinales de la Champions League, tras el 1-1 agónico de la noche, quedó atravesada por una sucesión de decisiones polémicas que terminaron por opacar el trámite. Con el pasaje a la final en juego, donde el rival sería Arsenal, la tensión se fue acumulando hasta explotar: desde el lado alemán entendieron que no solo no recibieron ventajas claras, sino que además quedaron expuestos a criterios que no les terminaron de jugar a favor.
El momento que más debate generó llegó cuando el intento de despeje de Vitinha impactó en el brazo extendido de Joao Neves dentro del área de PSG. Los jugadores de Bayern rodearon al árbitro Joao Pinheiro para reclamar, pero la jugada no derivó en penal. La explicación del criterio aplicado fue que, de acuerdo con el reglamento vigente, no se sanciona handball cuando el balón le llega a un futbolista por un golpe de un compañero desde corta distancia, siempre y cuando no se derive en un gol inmediato. Para Bayern, el golpe emocional fue doble: además de la frustración por la jugada en sí, señalaron que en la ida ya habían recibido un penal “blando”, lo que les dejó más bronca por el trato desigual que percibieron entre ambos partidos.
En la conferencia posterior, el entrenador del equipo bávaro no se guardó nada. Con la serie ya consumada y su equipo afuera, cargó contra el “sentido común” de los árbitros encargados de controlar un duelo de altísimo voltaje, al considerar que hubo fases determinantes que inclinaron la balanza en contra.
“Tenemos que mirar algunas de las jugadas que se definieron por parte de los árbitros a lo largo de las dos partidos… no es una excusa para todo, pero sí importa”, expresó Kompany en su análisis post-encuentro. “Si miramos ambos cruces, probablemente demasiado se dio en nuestra contra. Los muchachos dejaron todo y jugamos contra un PSG fantástico. La mano de [Joao Neves] está arriba, pega en él. Como viene de su propio compañero, no es penal. Pero si mirás las dos situaciones, un poco de sentido común y es ridículo. No explica el partido entero, pero al final es una diferencia de un gol”.
La molestia de Bayern se potenció todavía más por un episodio anterior que involucró a Nuno Mendes. En ese tramo del cruce, el defensor de PSG pareció detener el balón con la mano de manera deliberada para cortar una acción ofensiva del equipo alemán. Como ya estaba amonestado, todo indicaba que podía terminar expulsado. Sin embargo, el árbitro optó por otra decisión: en lugar de sancionar la acción como tarjeta roja, concedió un tiro libre para Bayern, por una infracción previa.
Ese pasaje dejó furia en la tribuna local, porque Bayern ya estaba persiguiendo el marcador con hombres contados tras la apertura del marcador de PSG a los 141 segundos por intermedio de Ousmane Dembele. Desde el lado de los alemanes, el equipo creía con firmeza que merecía una ventaja numérica y que el partido podía reencauzarse con una sanción que, a su entender, no llegó. Kompany, al referirse a lo ocurrido, sostuvo que el árbitro habría evitado escalar la sanción: “Sentí que se frena porque ya le dio una amarilla y no quería mandarlo a la calle por eso”.
Mientras Kompany intentaba recomponer una campaña europea que se desarmó por estos detalles, Luis Enrique ya miraba el horizonte inmediato: PSG se preparaba para medirse con Arsenal en la definición del torneo. El técnico español valoró la capacidad del equipo para responder en un contexto hostil y remarcó su intención de consolidar el legado de PSG con otro logro continental consecutivo.
“Va a ser distinto”, afirmó Luis Enrique sobre la final. “Todo el año vienen a un nivel altísimo, fueron increíbles. Queremos seguir haciendo historia en París y para hacer historia necesitamos ganar la segunda seguida”.
Para Bayern, el foco deberá girar con rapidez hacia el plano local. El campeón alemán ya había asegurado con comodidad la Bundesliga y también la DFL-Supercup, por lo que ahora el objetivo pasa a ser completar el “triplete” doméstico. En ese camino, el próximo compromiso importante será la final del DFB-Pokal ante Stuttgart, donde el club buscará transformar la bronca de Europa en un cierre a la altura en Alemania.
