En el seleccionado femenino de Estados Unidos (USWNT), la maternidad dejó de ser un tema que los planteles atravesaban en silencio. A lo largo de tres décadas, 18 futbolistas llegaron a ser madres mientras defendían la camiseta del país: desde Joy Fawcett, que se convirtió en madre en 1994, hasta Sophia Wilson, que ingresó en esa etapa en 2025. Y aunque cada proceso tuvo su particularidad, lo que cambió con fuerza fue el modo en que el entorno acompaña el camino de vuelta.
Datos clave
- Fawcett fue la primera de esas 18 en ser madre durante su paso por la USWNT (1994) y Wilson la más reciente (2025).
- Emma Hayes, DT de la USWNT y ex entrenadora de Chelsea Women, construyó su mirada desde la experiencia personal de ser madre de su hijo Harry.
- En 2025 nacieron las hijas de Sophia Wilson y Mallory Swanson, mientras que Lynn Biyendolo dio a luz a su hijo Lucky en abril.
- Los cambios recientes incluyen protocolos de retorno al juego y cláusulas en los acuerdos colectivos de NWSL y USWNT con licencia por maternidad, seguridad contractual y beneficios médicos.
- Becky Sauerbrunn, que volvió a ser madre tras retirarse, remarcó que hoy hay más protecciones y soporte para encarar la maternidad sin resignar la continuidad laboral.
La evolución: de atravesar todo en privado a entrenar con respaldo
Durante mucho tiempo, la maternidad en el deporte profesional se trató como un asunto que las atletas debían manejar con cautela, casi sin ayuda institucional. En el fútbol, especialmente en el ecosistema del fútbol femenino estadounidense, el debate cambió: ya no se centra únicamente en si una jugadora puede volver después de dar a luz, sino en cómo se la acompaña para que pueda hacerlo con seguridad, amparo y herramientas concretas.
Hayes conoce el peso de competir en la élite. Antes de tomar el mando del combinado nacional, llevó a Chelsea Women a siete títulos de la Women’s Super League, y luego guió a la USWNT al oro en los Juegos Olímpicos de París 2024. Pero, incluso con ese historial cargado de trofeos, ella mantiene como prioridad personal una idea: estar disponible para su hijo en los momentos decisivos.
“Para mí es importante que mi hijo esté cerca en instancias críticas”, había expresado Hayes. Esa forma de entender lo humano también termina influyendo en cómo encara el trabajo con futbolistas madres o en etapa de embarazo: no existe un modelo único aplicable a todas, porque no hay dos procesos idénticos, ni en el embarazo, ni en el parto, ni en la recuperación posterior.
En esa línea, Hayes explicó que el objetivo es “hacerlo bien para cada caso”. Y remarcó un punto clave: cuando una jugadora se desconecta de su bebé de una manera que termina afectando su rendimiento, el perjuicio deja de ser individual y alcanza al equipo completo.
Coaching de madres no es algo nuevo en su carrera. Sin embargo, el momento que vive la USWNT hoy se siente distinto. En el tramo más reciente del plantel, dos piezas del ataque que ayudaron a Estados Unidos a ganar el oro en París —Sophia Wilson y Mallory Swanson, conocidas como parte del “Triple Espresso”— dieron a luz en 2025. Poco después, Lynn Biyendolo, delantera y ganadora de dos medallas olímpicas, tuvo a su hijo Lucky en abril.
“Entrené a muchas madres en mi trayectoria, así que sé el valor que aportan al equipo”, comentó Hayes. Ese valor existe desde hace tiempo; lo que no siempre había estado a la misma altura era la estructura alrededor para sostenerlo.
Actualmente, las futbolistas cuentan con caminos más claros para el retorno al juego, sumados a acuerdos colectivos renovados tanto en NWSL como en USWNT. Esos convenios incluyen licencia paga por maternidad, garantías en los contratos, cobertura médica y otras protecciones. La disponibilidad de esos recursos no era tan parecida para jugadoras como Alex Morgan y Crystal Dunn, y mucho menos lo era para referentes de etapas anteriores como Christie Pearce Rampone, Carla Overbeck y Joy Fawcett.
El avance es grande, pero también fue conquistado con esfuerzo. Wilson, Swanson y Biyendolo llegan a la maternidad en un momento donde el sistema empieza a aceptar que ser madre y ser atleta de élite no tiene por qué ser un choque de identidades. Además, lo hacen cuando el acompañamiento científico y el soporte mental están más respaldados, y cuando el respaldo a estas futbolistas es más unificado tanto desde el club como desde la selección.
Una “lente femenina” y la idea de seguridad para hablar y decidir
Al ser consultada por el rol de Estados Unidos como referencia en este terreno, Hayes sostuvo que el trabajo es muy completo: el objetivo es brindar todo lo necesario, con el criterio de que cada jugadora tenga la respuesta adecuada para su realidad. También señaló que el país lidera en conocimientos vinculados al regreso a la participación plena con seguridad.
Desde que asumió como entrenadora de la USWNT, Hayes dejó claro que todo el funcionamiento del programa debe observarse con una perspectiva femenina. Durante demasiado tiempo, carreras, sistemas y operaciones futbolísticas se diseñaron alrededor del cuerpo masculino, del calendario masculino y de experiencias masculinas. Su intención es construir un marco diferente.
“Quiero que las jugadoras se sientan seguras. Que puedan hablar cuando lo necesiten: si no se sienten listas, si quieren más de algo o menos de algo. Para mí, ese es el estándar de oro que estamos creando: un mundo donde las mujeres puedan ser honestas y sentirse realmente muy acompañadas”, dijo Hayes.
Así, la maternidad se integra a un estándar mayor: no se la trata como un corte o un obstáculo, sino como una realidad que el programa tiene que entender, planificar y sostener.
En esa misma idea, añadió que U.S. Soccer viene haciendo camino en el área, pero que en esta etapa se está armando el sistema de apoyo correcto y el conocimiento necesario para que las futbolistas tomen decisiones informadas, evitando el terreno de la improvisación.
Antes: incertidumbre, falta de opciones y decisiones sin estructura
Por generaciones, ser madre dentro del fútbol profesional estuvo cargado de incertidumbre. Muchas atletas tuvieron que transitar carreras en ligas que no siempre estaban pensadas para sostener familias: ya sea viajando sin sus hijos, mudándose tras un canje o enfrentando la idea instalada de que formar una familia implicaba dejar el fútbol para siempre.
Además, el debate sobre fertilidad, planificación familiar y salud femenina tuvo poca presencia. Eso dejó a muchas jugadoras lidiando con decisiones profundamente personales sin guía pública clara ni respaldo estructural.
Becky Sauerbrunn, ex capitana del equipo nacional, observó el cambio de manera directa. Ella se convirtió recientemente en madre luego de retirarse y conversó sobre lo que percibe en esta nueva camada, destacando el salto que se dio en el modo de acompañar.
“Es muy lindo ver que estas futbolistas se sientan cómodas para empezar una familia cuando eligen. Y eso tiene que ver con las protecciones que el CBA les dio ahora”, indicó Sauerbrunn.
También resaltó que el regreso no se limita a conservar el empleo: remarcó el soporte en lo deportivo, el acompañamiento médico y la creación de espacios familiares dentro de las instalaciones y también en los estadios. En su visión, es una estructura que hoy está al alcance de las jugadoras.
Hayres sumó que el respaldo no puede ser solo una política escrita en un papel, sino algo pensado para cada caso. “Vamos a estar al lado de ellas con sus clubes, no solo durante el embarazo”, sostuvo. Y detalló que el acompañamiento debe considerar el tipo de parto —cesárea, natural, embarazo difícil o uno más directo— para trabajar activamente en conjunto con el club, ubicándose en el punto exacto en el que está cada jugadora.
Ejemplos recientes: Wilson, Dunn, Morgan y el peso de lo visible
En enero, Wilson caminó por el lobby de un hotel en el centro de Los Ángeles con su bebé, Gigi, mientras esperaba sus compromisos mediáticos en el NWSL Media Day. Allí saludó a compañeras, recuperó el contacto con gente con la que no se veía desde antes del nacimiento y habló con periodistas con naturalidad sobre su etapa en el regreso al juego.
Aun así, Wilson dejó en claro que no consideraba su travesía como algo que transitaba sola. Señaló que gran parte de su convicción sobre lo posible nació de mirar a las madres que ya lo habían hecho antes.
En ese sentido, durante el Media Day sostuvo: “Pude tener un bebé y volver a jugar porque vi a Crystal hacerlo”. Y agregó que Morgan y Dunn fueron una inspiración central para el fútbol, por todo lo que representaron para el juego.
Meses después, cuando Dunn fue consultada por Wilson, respondió con una sonrisa, en un tono cercano: “Esa es mi hermana”.
En abril, siete meses después del nacimiento de su hija, Wilson recibió el llamado de vuelta a la selección. Habían pasado 15 meses desde su último partido con la camiseta roja, blanca y azul. En el diálogo posterior con un grupo selecto de medios luego del llamado, se la notó con la idea de que ya encontró el ritmo.
“Siento que estoy en un lugar excelente ahora. Creo que hice el viaje de la manera correcta. Me siento muy bien y pude equilibrar todo con mucha gratitud porque vi antes a gente que hizo lo mismo”, afirmó Wilson.
Dunn fue un ejemplo, y Morgan fue otro. Wilson contó que observar a Alex Morgan llevando a su hija, Charlie, dentro de un entorno de selección ayudó a reformular lo que ella creía posible.
“Recuerdo su primer campamento cuando trajo a Charlie y pensar que era tan inspirador e increíble. Ver cómo atravesó ese proceso y cómo volvió a jugar a un nivel alto fue mi primera referencia de alguien que lo vivió en primera persona”, explicó Wilson.
Esa visibilidad pesa. Morgan y Dunn tuvieron más respaldo que las generaciones previas, pero Hayes llegó a la USWNT en un momento donde el acompañamiento se volvió más intencional y más formal. Con su enfoque, con las estructuras de U.S. Soccer y con las protecciones ya incorporadas en los acuerdos colectivos de USWNT y NWSL, el mensaje es claro: ya no se les pide a las jugadoras que resuelvan todo el asunto de la maternidad y el fútbol de élite completamente en solitario.
“Me encanta hablar con ellas sobre sus bebés y cómo eso suma a su vida. Podés ser dos cosas a la vez”, sostuvo Hayes. Y cerró: “Si querés ser mamá y jugadora de fútbol, hacelo. Es tu elección, y nuestro trabajo es asegurarnos de apoyarte”.
El otro costado: pérdidas, fertilidad y tratamientos que también deben tener lugar
Hay otra realidad que suele pasar desapercibida en los vestuarios de todo el mundo: la pérdida, los problemas de fertilidad y la incertidumbre que aparece cuando una mujer intenta formar una familia mientras sigue compitiendo al máximo nivel.
Al igual que en algún momento se empujó a que las futbolistas sintieran que debían elegir entre jugar y ser madres, también hubo situaciones en las que se esperaba que siguieran entrenando mientras, en privado, atravesaban duelos, intentos frustrados para concebir o procesos como la fertilización in vitro (IVF). Son vivencias profundamente personales, pero forman parte de una conversación más amplia sobre cómo debería verse el soporte real para las mujeres en el deporte profesional.
Hayes lo planteó con humanidad: “Lo manejo como lo haría cualquier persona. Pasé por la pérdida de un hijo, así que sé que puedo comprender, empatizar y, cuando ocurren situaciones así, lo importante es que todos sepan, primero, que está bien sentirse mal. Hay que normalizarlo y dar espacio”.
Sauerbrunn, por su parte, dijo sentirse agradecida por haber podido elegir ser madre después de retirarse. Pero insistió en que hoy las jugadoras necesitan más libertad para decidir cómo vivir la maternidad a su manera.
“Me alegra muchísimo que ahora la gente pueda elegir cuándo quiere tener un bebé”, afirmó Sauerbrunn. Y agregó un reconocimiento para Crystal Dunn y Alex Morgan: “Ellas trabajaron muchísimo con el CBA de la selección nacional para asegurar protecciones, y también con la Asociación de Jugadoras de la National Women’s Soccer League (NWSLPA)”.
En definitiva, cada uno de los 18 casos dentro de la USWNT tiene su propia historia: planificada, inesperada, difícil de definir o con obstáculos en el camino. Lo que las une no es una experiencia idéntica, sino una convicción en crecimiento: que las futbolistas no deberían tener que separar quiénes son como mujeres de quiénes son como atletas.
