En el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, la gente se abrazaba a la ilusión con el partido en el alambre. El estadio explotaba y parecía que el tiempo se detenía: José Ángel Carmona, lateral derecho formado en el club, apareció en el descuento y selló el 3-1 para Sevilla. Fue el golpe final que dejó a los visitantes, provenientes de Barcelona, con la derrota en el bolsillo y desató la fiesta completa en Nervión.
Matías Almeyda, ya como entrenador del momento, no pudo ocultar la emoción. “No quería que el partido terminara nunca”, expresó tras el encuentro. Poco después llegó el cuarto tanto y la victoria se terminó de cerrar con una goleada 4-1, con Sevilla despachando a los campeones con autoridad.
De la levantada europea a la angustia por el descenso
En el arranque de octubre de 2025, en la fecha 8, Sevilla estaba en una zona prometedora: había escalado hasta el sexto lugar de LaLiga y el rumbo parecía el correcto. Almeyda, que había asumido el verano anterior, tenía como misión devolver a un gigante andaluz a los puestos altos tras dos temporadas duras. Aunque el comienzo de campaña incluyó dos derrotas, el equipo sumó 13 unidades en los seis partidos siguientes, con una victoria contundente ante Barcelona incluida.
La dinámica se apoyó en varias piezas: Odysseas Vlachodimos sostuvo el partido con una seguidilla de atajadas y también fue clave que Robert Lewandowski fallara un penal. Aun así, más allá de los detalles puntuales, lo que se veía era que el equipo agarraba velocidad. Sin embargo, con el paso de los meses —y ya transcurridos siete— esa tarde soleada del domingo hoy se mira con nostalgia.
El presente, en cambio, es otro. Sevilla hoy está metido de lleno en una pelea por no bajar. Actualmente ocupa el puesto 18, una ubicación que implicaría un descenso amargo a la segunda división por primera vez en 26 años. La comparación histórica es contundente: en 1999/2000 Deportivo La Coruña fue campeón, Real Zaragoza terminó cuarto y los equipos que también descendieron fueron Atlético Madrid y el vecino Betis, lo que deja claro lo lejos que quedó aquel escenario.
Además, la caída contrasta con el brillo de épocas recientes: entre 2014 y 2023 Sevilla consiguió cinco títulos de Europa League y, entre 2008 y 2021, acumuló cinco clasificaciones a rondas eliminatorias de Champions League. Pero ese dominio hoy parece destinado a desvanecerse, y no son pocos los que consideran que la merma no agarró por sorpresa a nadie.
Mirando el pasado, hay una idea que aparece con fuerza: el directorio quizá debió sostener más tiempo a Julen Lopetegui en el otoño de 2022. De hecho, él sigue siendo el último entrenador que resistió en el cargo más de nueve meses.
La era Lopetegui, el quiebre y la inestabilidad
Entre 2019 y 2022, Lopetegui condujo al equipo a tres cuartos puestos consecutivos, con fútbol internacional asegurado y presencia en Champions League. También dejó el gran logro de la Europa League 2020, el sexto trofeo del club en esa competencia. Aun así, su crédito se terminó apagando: lo terminaron cesando tras un arranque flojo de la temporada 2022/23, cuando Sevilla quedó 17° después de siete jornadas.
La salida de Lopetegui se vivió con dramatismo y se transformó en síntoma de un clima cada vez más caótico en el club. Incluso antes del partido de Champions League contra Borussia Dortmund, comenzaron a circular informaciones sobre una posible partida. Pero la confirmación llegó recién después de la derrota 1-4 ante el BVB. La afición lo sintió: la gente estaba visiblemente golpeada y el propio entrenador también se quebró al hablar. “Es triste y duele dejar un equipo que quiero muchísimo y que seguro va a seguir en mi corazón”, dijo el DT de 59 años, al mismo tiempo que dejaba atrás el cargo. Hoy, Lopetegui dirige la selección de Qatar.
Aunque Sevilla tuvo un breve repunte y ganó la Europa League 2023, el deterioro de fondo ya estaba instalado. Y no es que Lopetegui haya sido el único responsable: en los últimos tres años y medio, siete entrenadores no lograron sostener una mejora duradera.
En lo institucional, la imagen del club también arrastra manchas históricas: las pujas internas, especialmente la grieta entre el presidente actual José María del Nido Jr. y su padre, José María del Nido Sr., ex mandamás del club. Pero el problema de fondo, el que más pesa, está ligado a la restricción financiera crónica: sin margen económico y sin paciencia, el éxito sostenido se volvió casi imposible.
Restricciones económicas, parches en el plantel y el fuego del descenso
Esta temporada, las dificultades económicas se notan en los números. Sevilla tiene el segundo tope salarial más bajo de LaLiga; el ciclo anterior había sido el último, no solo en Primera sino también entre los dos niveles principales del fútbol español. Esa realidad impactó directamente en la calidad del plantel y volvió cada vez más difícil imaginar objetivos europeos.
En 2019/20, el club había desembolsado cerca de 189 millones de euros en transferencias. Pero en 2025/26 el gasto se redujo a apenas 250.000 euros. Para cubrir el bache, Sevilla recurrió a nombres de experiencia que llegaron como agentes libres, como Alexis Sánchez y César Azpilicueta, además de tomar prestado a Odysseas Vlachodimos. También promovió a futbolistas surgidos de la cantera, entre ellos José Ángel Carmona e Isaac Romero. La idea, en el fondo, es convertir la necesidad en virtud, pero para eso se necesita tiempo —y quizá asumir un golpe grande en el camino.
La amenaza de descenso no es teórica. En la campaña 2024/25, una derrota 2-3 ante Celta Vigo en la fecha 35 los dejó apenas cuatro puntos por encima del peligro. Y cuando el plantel volvió del partido de visitante, el clima se volvió insoportable: alrededor de 400 hinchas —algunos con máscaras— se plantaron en el centro de entrenamiento. Arrojaron huevos y piedras contra el micro del equipo y la intervención policial fue necesaria. Los futbolistas, asustados, solo pudieron regresar a sus casas al día siguiente.
Recién cuando la permanencia quedó confirmada llegó un respiro. Antonio Cordon fue designado como director deportivo y Sevilla nombró como entrenador a Matías Almeyda, ex jugador, que venía de haber dirigido previamente solo a AEK Atenes en Europa. Para el argentino era su primer trabajo en una de las cinco grandes ligas europeas; antes, su experiencia se había limitado a AEK. Tras un arranque alentador, no logró sostener regularidad. Y en ese camino se fueron apagando las figuras de la “era dorada”: Ivan Rakitic, Ever Banega y Lucas Ocampos dejaron el club, cambiando el peso del plantel.
Después del triunfo de octubre ante Barça, Sevilla apenas sumó cuatro victorias más en LaLiga antes de que Almeyda fuera despedido a fines de marzo. El club, que había sido habitual de Champions, terminó instalado en el puesto 15 y con riesgo real de hundirse más. Entonces llegó Luis García, un entrenador español con recorrido y conocimiento profundo de LaLiga. Sin embargo, su llegada tampoco alcanzó para frenar la caída.
En su primer partido, a comienzos de abril, Sevilla perdió 0-1 en Oviedo, en condición de último. Dos semanas más tarde, cayó 0-2 ante Levante, que también estaba abajo en la tabla. En el medio hubo una luz inesperada: un 2-1 ante Atlético Madrid que ilusionó, aunque luego quedó claro que el resultado no fue tan raro como parecía. El técnico del Colchonero, Diego Simeone, rotó el plantel por dos cruces de cuartos de final de Champions contra Barcelona. Le dio descanso a casi todos sus titulares: no estuvieron Antoine Griezmann, Julián Álvarez, Marcos Llorente ni Giuliano Simeone. Ademola Lookman solo apareció en los últimos 20 minutos.
La victoria fue una excepción que no alcanzó. Quince días después, Sevilla volvió a perder: 0-2 contra Levante, otra vez cerca de la parte baja. Y entonces llegó el golpe más duro ante Osasuna: Sevilla ganaba 1-0 desde el minuto 80, pero dejó escapar la igualdad en los instantes finales. Luego vino lo peor: en el noveno minuto de descuento, Osasuna terminó encontrando el gol de la victoria.
Tras el pitazo final, Luis García resumió el impacto emocional. “Estamos devastados”, dijo. Y agregó sobre el estado del grupo: “Están llorando, están muy lastimados”, describiendo el clima del vestuario. El lateral Gabriel Suazo intentó contenerse, pero no pudo: “Tengo una pelota en la garganta. Le daría la vida a este club”. El capitán Nemanja Gudelj fue directo y contundente: “Duele, duele muchísimo”.
Incluso antes del cruce ante Atlético, el DT ya había dejado claro la realidad del club. “Sevilla es un gran club en España y en Europa”, reconoció, al tiempo que entendía la molestia de la gente. Y en el fondo, el mensaje era una invitación a aceptar que el presente ya no se parece tanto al pasado reciente.
Ramos vuelve, choca con la dirigencia y aparece el plan de inversión
Sergio Ramos, por su parte, quiere que Sevilla recupere esa identidad. El ex capitán de Real Madrid comenzó su carrera en el club andaluz y regresó para la temporada 2023/24. En enero, el futbolista de 40 años —sin equipo desde principios de año— intentó coordinar otro retorno al equipo. Pero el presidente del Nido Jr. frenó esa posibilidad con un argumento claro: Ramos no podía ser simultáneamente jugador y dueño.
El ex defensor español lidera un grupo de inversores dispuesto a ofrecer cerca de 400 millones de euros para hacerse con el control del club. Aunque la operación todavía no está cerrada, todas las partes quieren evitar que el equipo vuelva a empezar en Segunda, especialmente bajo la figura de uno de los hijos pródigos más reconocidos de Sevilla.
En las últimas horas, Luis García también habló del momento con crudeza. “Es el desafío más duro que me tocó enfrentar. No creo haber trabajado tan fuerte en mi vida. Voy a darlo todo. Estamos en terapia intensiva, pero todavía podemos salir adelante”, aseguró el entrenador, reflejando el estado de Sevilla: sobrevivir, resistir y buscar una reacción que todavía no llegó.
Calendario (fechas)
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