Tras la renuncia de Brendan Rodgers en octubre, Martin O’Neill aceptó tomar las riendas de forma interina. El desafío llegaba poco después de que su aventura previa en el banco en “Paradise” quedara atrás, más de dos décadas antes, y de inmediato aparecieron las preguntas de rigor: cómo iba a responder el ex entrenador de Leicester y Aston Villa después de un parate de seis años sin dirigir.
En ese interregno, O’Neill se encargó de estabilizar el funcionamiento del equipo y, una vez que el rumbo volvió a acomodarse, le entregó el mando a Wilfried Nancy. El francés, que arribó desde el Columbus Crew de la MLS, no pudo sostenerse en el cargo: apenas estuvo al frente durante ocho partidos a lo largo de 33 días, antes de que el vínculo se rescindiera.
Con la necesidad de volver a contar con una figura que diera confianza, O’Neill fue nuevamente designado. Esta vez, el acuerdo se extendió hasta el final de la temporada, con fecha de inicio el 5 de enero. Desde entonces, el ex mediocampista/DT ha contribuido a mantener a Celtic en la pelea por los objetivos domésticos, con el equipo de Glasgow igualado en puntos con Hearts en la cima de la tabla.
Incluso quienes dudaban de la continuidad del proyecto bajo su mando terminaron respondiendo con hechos. O’Neill encajó sin fricciones en un rol que conoce demasiado bien, apoyado en su experiencia previa en el “Old Firm” y en la presión constante que rodea a uno de los clubes más exigentes de Escocia. Su trayectoria como ex futbolista de Nottingham Forest, además con experiencia europea tras el título de la Copa de Europa, también le aporta credenciales a la hora de manejar momentos de alta tensión.
Cuando se lo consultó sobre si O’Neill es la prueba de que ciertos métodos pueden funcionar en cualquier época, el ex préstamo de Celtic, Gray, que en 2003 tuvo una breve etapa trabajando bajo un entrenador demandante, dejó una postura clara. El futbolista aseguró que hay entrenadores que podrían desempeñarse en cualquier era y que Martin es uno de ellos, destacando su capacidad de liderazgo y el modo en que transmite información: “Cuando habla, uno escucha; cuando da datos, los incorporás y entendés lo que te pide, y te dan ganas de hacerlo de la mejor manera posible”.
Además, Gray remarcó una cualidad que, según su experiencia, se repite en cada etapa: la habilidad para ganar partidos y para sacar lo mejor de los jugadores. Aunque su paso por el club con O’Neill fue corto, sostuvo que algunas de sus charlas —incluidas las de entretiempo— fueron de lo mejor que escuchó en su carrera, al punto de que describió el deseo casi inmediato de “romper paredes” para jugar para él. En ese sentido, expresó que le gustaría tener a un tipo de entrenador así al mando de su propio club.
De todos modos, O’Neill no aparece como candidato inmediato para quedarse de manera permanente en el ciclo 2026-27. Celtic, mientras tanto, ya se mueve en el mercado en busca de un sucesor que encaje con el momento deportivo y con el simbolismo que implica reemplazar a una leyenda del club, alguien que seguramente se despedirá con el prestigio intacto.
En lo que resta de la temporada, Celtic todavía tiene tres compromisos de liga por delante. El camino arranca el domingo con un clásico ante Rangers, su rival de siempre. Luego, ya en el cierre, deberá enfrentar a Dunfermline en la final de la Copa de Escocia el 23 de mayo. Con O’Neill al mando, la idea es que Glasgow vuelva a sumar trofeos y que el entrenador pueda despedir su etapa con nuevas entradas doradas en un currículum construido a puro título.
