Fue una noche para olvidar en Liverpool: Paris Saint-Germain lo superó con autoridad y ganó 2-0 en el partido de ida de los cuartos de final de la Champions League. El resultado duele, pero también obliga a mirar el vaso medio lleno: los de Anfield, en el tramo final, tuvieron margen para no encajar algo más abultado. Para Mohamed Salah, además, el encuentro quedó marcado a fuego: fue de esos partidos que, por cómo se dio todo, se quieren borrar de la memoria cuanto antes.

Plan táctico y partido: PSG dominó, Liverpool no encontró el ritmo

La decisión del entrenador Arne Slot fue clara desde el arranque: Mohamed Salah, pese a ser una pieza central en el imaginario del club, quedó en el banco. El DT apostó por cautela y armó un esquema con defensa de cinco hombres con la intención de frenar el caudal ofensivo de PSG.

El plan, sin embargo, no terminó de funcionar. El conjunto local se adueñó de la posesión y, sobre todo, generó las situaciones más nítidas. Liverpool pudo resistir y el marcador no se volvió una goleada, pero el 2-0 terminó reflejando una superioridad que, en términos de juego, se notó durante gran parte del encuentro.

Con este panorama, Liverpool conserva una mínima ilusión de meterse en las semifinales. Pero la serie no se resuelve con buenas intenciones: el equipo necesitará una versión mucho más ambiciosa el próximo martes en el partido de vuelta en Anfield.

El golpe del 2-0 y la reacción tardía: cambios masivos en el final

Cuando el encuentro ya estaba encaminado y Liverpool perdía 2-0 en los tramos finales, Slot recurrió a una medida poco habitual: una tanda de sustituciones en bloque, buscando cambiar el guion de golpe. En ese momento entraron Cody Gakpo, Alexander Isak, Andy Robertson y Curtis Jones; salieron Hugo Ekitike, Florian Wirtz, Milos Kerkez y Dominik Szoboszlai.

La intención era clara: darle aire al equipo y tratar de alterar la dinámica en muy poco tiempo. Pero los cambios tuvieron un margen mínimo: los cuatro recién ingresados contaron apenas con diez minutos para intentar torcer la historia, con el desafío adicional de remontar un 0-2 contra un rival que, en París, se mostró sólido.

Salah otra vez afuera: futuro en Anfield y el debate sobre el rol del crack

La historia de Salah, en esta serie, tiene un capítulo adicional. El delantero se quedó en el banco durante todo el partido. Además, había mostrado públicamente su frustración por haber quedado fuera antes en el campeonato, un dato que no se puede separar del clima que se instala alrededor de su figura.

Con el paso de los días, su continuidad en Liverpool —y especialmente su futuro en Anfield— vuelve a colocarse en el centro de la conversación, ahora con más fuerza todavía.

En el plano deportivo, también se notó que el equipo llevó la carga de la defensa y el mediocampo con titulares: Virgil van Dijk, Jeremie Frimpong y Ryan Gravenberch comenzaron el encuentro. Sin embargo, el trío tuvo una tarea complicada en París y, tras el 2-0, la serie se vuelve cuesta arriba de cara al último tramo de la eliminatoria.

La lectura desde el debate: comunicación, orgullo y el equilibrio entre táctica y vestuario

Guus Hiddink sostuvo que Slot no le debe explicaciones a Mohamed Salah. En la misma línea, Wim Kieft, desde el estudio de Ziggo Sport, planteó una postura más abierta: “Quizás darle una última oportunidad”. Reconoció que no hay una garantía real de que funcione, pero remarcó que podría encender una reacción, sobre todo porque Salah, por su experiencia y edad, probablemente también entienda el momento que atraviesa el equipo.

La idea de Kieft se apoya en el componente anímico: el fútbol, incluso en el final de una carrera, se sostiene en la resistencia y el orgullo. Para el jugador, aceptar quedar relegado puede sentirse como una renuncia a un estatus ganado con esfuerzo.

Este cruce de opiniones deja una verdad más amplia al descubierto: en el fútbol moderno, los entrenadores deben encontrar un equilibrio constante entre la convivencia del plantel y la necesidad táctica, más aún cuando se manejan figuras que están cerca del tramo final de su trayectoria. Para Slot, el desafío es convencer a Salah de que un rol secundario todavía puede contribuir a ganar títulos. Para el futbolista, en cambio, asumir menos protagonismo puede vivirse como una pérdida de lugar, incluso si el plan del DT tiene sentido.

Al final, Hiddink y Kieft coinciden en el eje central: la comunicación abierta, sumada a un plan claro y justo, puede ayudar a transitar situaciones incómodas. Si Slot logra que Salah vuelva a encenderse y el equipo mejore su versión, ganará un nuevo crédito de respeto. Y si Salah recupera su mejor forma, el horizonte de Liverpool en la competición se reactivaría en el momento justo.

En cualquier caso, el episodio funciona como recordatorio: incluso entre profesionales, las emociones pesan. Y en una eliminatoria de Champions, gestionar esos estados puede ser tan decisivo como cualquier gesto táctico en el campo.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.