En el marco de un evento de Adidas para presentar el anuncio de cara al Mundial, Lionel Messi volvió a poner el foco en el recambio generacional que asoma y, sin vueltas, eligió a Lamine Yamal como el jugador que mejor representa esa nueva camada. “Si tuviera que elegir uno de ellos, por su edad, por lo que viene mostrando y por lo que puede crecer en el futuro, sería Lamine”, sostuvo el argentino, y remató con una frase contundente: “Para mí, es el mejor”. El spot del Mundial incluye tanto a Messi como a Yamal, y el mensaje funciona como un guiño futbolero entre el pasado reciente y el futuro inmediato.
La elección de Messi y por qué importa en la mirada del “después” en Barcelona
El contexto no es menor: desde la salida no planificada de Messi en el verano de 2021, Barcelona viene buscando un sucesor con peso futbolístico y proyección real. La dirigencia y el cuerpo técnico entendieron que ese “heredero” podía encontrarse en un futbolista de apenas 18 años, figura que hoy ya es considerado entre los mejores del mundo.
El aval que llega desde el presente también se apoya en lo reciente: en la votación del Balón de Oro, Lamine Yamal terminó segundo, quedando por detrás de Ousmane Dembélé, jugador de Paris Saint-Germain. Ese dato refuerza la idea de que no se trata solo de un talento prometedor, sino de un rendimiento que ya compite al máximo nivel.
- Messi señaló a Lamine Yamal como la mejor opción dentro de “una nueva generación” de jugadores.
- El 18 años aparece como candidato natural al rol de referente tras la etapa de Messi.
- En el Balón de Oro, Yamal fue segundo; el primero fue Ousmane Dembélé (PSG).
El “10” en el Camp Nou: la confianza que implica y la presión que conlleva
Más allá del elogio, hay un gesto que marca un antes y un después: la confianza en Yamal ya se traduce en la asignación de una camiseta histórica. Se le asignó el número diez, el mismo que supo llevar Messi en el Camp Nou. En el fútbol europeo, ese tipo de designaciones rara vez se hacen por marketing: suelen ser una declaración de intenciones y, al mismo tiempo, una manera de ubicar al jugador bajo la vara más alta.
Por eso, el reconocimiento público de Messi aparece como una validación simbólica, pero también como un respaldo a la narrativa que se viene armando en Barcelona: encontrar un núcleo de talento que sostenga la identidad del equipo y, sobre todo, que tenga margen para crecer durante muchos años.
Los años de gloria: el Clásico como termómetro y la relación con CR7
En el evento, Messi también se detuvo en sus años de mayor gloria en Barcelona, cuando el equipo —especialmente bajo la conducción de Pep Guardiola— protagonizaba una cantidad enorme de Clásicos históricos contra Real Madrid. En ese período, el duelo no era solo futbolístico: junto a la figura del madridista Cristiano Ronaldo, Messi peleaba por títulos y por el reconocimiento de “mejor jugador del mundo”, compitiendo en un terreno en el que cada partido parecía pesar doble.
El argentino remarcó el componente competitivo y la intensidad del momento, pero sin perder el respeto. “Fue una gran rivalidad deportiva. Peleábamos por todo, como equipo y también de forma individual. Por eso siempre terminaban comparándonos”, explicó. Y a la vez dejó claro que, pese a la lucha en la cancha, la convivencia fuera de ella era distinta: “Nuestra relación siempre fue buena y con respeto”.
Sobre su vínculo con CR7, añadió un matiz: “No coincidíamos tanto fuera de los partidos y de las ceremonias de premios, pero cuando nos cruzábamos, nos llevábamos bien”. Con esa frase, Messi dejó reflejada una relación profesional que se mantuvo por encima del ruido, incluso en el pico de una rivalidad que marcó época.
