Matt Crocker, contratado por la Federación de Estados Unidos en 2023 para encaminar al seleccionado masculino hacia el gran pico de su historia, ya no estará en el tramo final del proceso. A pocas semanas de ese momento decisivo, el ahora ex director deportivo dejará su cargo: Arabia Saudita, próximo anfitrión de un Mundial, lo convocó para sumarse a la construcción de una nueva etapa en su fútbol. El dato relevante es que su salida llega con varios proyectos en marcha y con resultados todavía pendientes para terminar de evaluar su gestión.

Salida antes del “gran momento”: un legado difícil de medir

La partida de Crocker deja una herencia relativamente incompleta en términos prácticos. El entrenador que él impulsó para liderar el proyecto con el USMNT aún no logró concretar del todo lo que se esperaba cuando se lo trajo. También hay un componente clave de su gestión que todavía no termina de mostrarse en toda su dimensión: la instalación de entrenamiento que tuvo un rol central en su gestación no abrió oficialmente. Y, por último, las rutas de desarrollo de jugadores —sobre las que habló durante su paso por el organismo— siguen implementándose.

En ese marco, el balance del período de Crocker como director deportivo resulta complicado: hay intenciones, hay estructuras en construcción, pero todavía falta lo más importante, que es ver el impacto en el rendimiento y en los resultados de alto nivel.

Los golpes de autoridad: decisiones de entrenador y una visión con ambición

Aun con ese “debe” por resolver, no se puede desconocer el nivel de ambición que mostró durante su gestión y el efecto que esa ambición tuvo en distintas selecciones de Estados Unidos. La gran pregunta, de cara a lo que viene, es si esa misma ambición alcanza para dejar algo tangible antes de que su mirada ya no esté en el día a día del proyecto, especialmente teniendo en cuenta que se va sin terminar de ver el cierre del ciclo.

La primera gran apuesta: Gregg Berhalter, tras una búsqueda intensa

El primer movimiento fuerte era inevitable. Crocker fue designado en abril de 2023 y, en junio, anunció al nuevo entrenador del USMNT: Gregg Berhalter, el mismo que ya venía de una etapa previa. El relato de Crocker y de la Federación fue que el proceso contó con una búsqueda global, con varias rondas de entrevistas, análisis extensos de datos y pruebas para evaluar competencia y encaje. En paralelo, aparece una lectura menos prolija: si se toma en cuenta lo que expresó el propio entorno del caso, habría existido algún tipo de promesa incumplida a Jesse Marsch, quien se habría mostrado molesto por cómo se dio la contratación.

Más allá de ese ruido, el final del proceso fue Berhalter. La idea fue darle un segundo ciclo, una decisión tomada con el antecedente de la cercanía que había construido con los futbolistas más importantes del plantel durante el primer tramo.

En ese momento, Crocker explicó que la prioridad al iniciar la búsqueda era encontrar a la persona con la visión correcta para llevar el programa a un nuevo nivel rumbo a 2026. Defendió que Berhalter reunía esa visión, además de experiencia y una mentalidad de crecimiento dentro y fuera de la cancha. También remarcó que nombrar al entrenador correcto de una selección es una decisión crucial que refleja la identidad de la Federación y que sienta bases para expandir el fútbol por todo el país durante años.

Sin embargo, esa sociedad duró apenas un poco más de un año. El ciclo de Berhalter terminó tras la eliminación en la Copa América, dejando al equipo nuevamente en búsqueda de identidad cuando todavía faltaban dos años para el próximo Mundial.

La segunda apuesta: Emma Hayes y el impacto inmediato en el USWNT

Si la primera elección no salió como se esperaba, la segunda contratación de Crocker fue mucho más contundente. Emma Hayes fue, desde el inicio, una figura de peso para el fútbol estadounidense: devolvió la confianza a un USWNT que se había acercado al grupo perseguidor, se transformó en una embajadora ideal por su personalidad y su humor, y —sobre todo— empezó a ganar desde el primer momento. Ese comienzo se dio con un oro olímpico.

El contexto previo marcaba un cambio de rumbo. Antes de los Juegos Olímpicos, la selección femenina venía golpeada por una salida temprana en el Mundial. Con Hayes, el panorama dejó de ser el mismo: la caída se revirtió. Crocker la señaló como algo más que una mente táctica brillante; la definió como una constructora. Es decir, alguien capaz de formar equipos, desarrollar jugadoras y, principalmente, sostener relaciones que elevan el nivel de quienes integran el proyecto.

Cuando Hayes fue contratada en el otoño de 2023, Crocker explicó que, una vez que la lista se redujo, había un grupo de entrenadores y líderes de gran calidad, pero que consideraron que ella era la mejor para llevar hacia adelante a la selección femenina. Remarcó su pasión, su capacidad técnica, su habilidad para movilizar a futbolistas y cuerpo técnico, su compromiso por seguir evolucionando como entrenadora y las cualidades personales que, además, valoran el legado del programa y afrontan los grandes desafíos que vienen.

Con el paso de los dos años y medio desde aquella confirmación, la conclusión aparece clara: tanto Crocker como la Federación no podrían haber elegido mejor en ese caso. El desafío de fondo es que el impacto se traduce en resultados, y eso es lo que, en el lado masculino, todavía queda por verse con la misma nitidez.

El proyecto institucional: el Arthur M. Blank National Training Center y la “maestría por minuto”

Otra marca del período de Crocker se ve en la puesta a punto del Arthur M. Blank National Training Center. En una recorrida reciente con medios, autoridades de la Federación estimaron que participaron alrededor de 1.600 personas en el proceso: desde trabajadores de la construcción y especialistas en césped hasta leyendas del fútbol nacional y, por supuesto, un director deportivo metido en la planificación. Es decir, no fue un proyecto que naciera “desde el escritorio”, sino una obra con múltiples actores y con una visión que buscó unificar bajo un mismo techo a los equipos de selecciones del país.

Crocker tuvo incidencia directa en cómo se armó el centro de entrenamiento, que tiene previsto abrir en mayo. Además, trabajó en el perfil estético y en el funcionamiento del lugar. El plan incluyó recorridos de instalaciones de élite alrededor del mundo, para tomar ideas y adaptarlas a la realidad de Estados Unidos, con el objetivo de construir una estructura que reúna a las distintas selecciones nacionales.

La idea se resume en una frase: “¿Cómo aseguramos que cada minuto sea una clase magistral?” Esa obsesión por la excelencia, más allá del resultado inmediato, explica por qué su nombre quedará asociado a detalles de un centro que existirá al menos parcialmente por su visión, aunque él no llegue a estar en la etapa final de implementación y aprovechamiento.

La parte más juzgable: desarrollo de talentos, educación y el peso de lo inmediato

En el nivel internacional, el margen de acción de un director deportivo es necesariamente limitado. A diferencia del fútbol de clubes, no puede firmar futbolistas ni rediseñar la estructura de un equipo con la misma libertad. En la práctica, el objetivo es modificar lo que se ve antes de que se consolide el proceso, sobre todo en el trabajo de formación: ajustar las rutas de desarrollo juvenil para que, cuando el camino llegue al nivel senior, el impacto sea real.

Por eso, el desarrollo de jugadores fue un punto crucial en la descripción del rol de Crocker. Mientras los entrenadores estaban concentrados en los resultados, él se enfocó en el futuro y en cómo construirlo de manera coherente para formar selecciones más competitivas y elevar el nivel del fútbol en general.

El “U.S. Way”: tres niveles para construir el recambio

En ese sentido, apareció el llamado “U.S. Way”, la visión sostenida por la Federación para construir el porvenir. El plan contempla mejoras en tres planos: rutas, infraestructura y desarrollo de jugadores. Crocker se presentó como una pieza clave en la construcción de esos tres ejes.

  • La visión sobre los campamentos de Talent ID mejoró el volumen y la calidad de los grupos de jugadores de las categorías juveniles, además de los procesos de seguimiento y scouting.
  • La formación de entrenadores pasó a ocupar un lugar más prioritario.
  • Se impulsó el vínculo entre la Federación y otros actores del ecosistema futbolero estadounidense.

Esos lazos, se entiende, probablemente continúen más allá de su salida. Pero el foco central durante su gestión fue asegurar que esa red construya una ruta hacia un futuro más cohesivo, en lugar de quedar en iniciativas sueltas.

La evaluación final: dos decisiones de entrenador y el peso del Mundial

Si bien el legado de Crocker puede abarcar varios frentes, hay un punto en el que inevitablemente será medido: lo que pase con el programa cuando esté en el escenario más grande. Cuando una selección recibe un Mundial, el nombramiento del entrenador para llevar al equipo es determinante.

Por eso, Crocker tuvo que decidir dos veces. La primera vez fue tras la Copa América, cuando Berhalter no era el hombre adecuado para el trabajo rumbo a la cita mundial. Entonces se recurrió a Pochettino, uno de los nombres más grandes del mercado de entrenadores. Fue un movimiento enorme, incluso difícil de imaginar antes de que ocurriera, pero la Federación terminó consiguiendo al entrenador y, en parte, con el recorrido previo que hizo Crocker para llegar a esa instancia.

La lectura “de vidriera” fue excelente: la contratación mostró ambición real por parte de Crocker y por parte del organismo. En términos deportivos, el veredicto todavía está por llegar.

En consecuencia, la reputación de todos queda expuesta. Aunque el futuro importa, una parte enorme de la situación actual se sostiene en el presente y en los resultados inmediatos. Si el equipo no responde, el momento se puede retrasar y el proceso pierde impulso. Pero si el equipo logra un buen andar, el fútbol estadounidense podría entrar en una nueva era, una que quizá alcance las alturas que Crocker mencionó durante su gestión.

Por ahora, habrá que esperar para juzgar del todo la era Pochettino. Y, aunque Crocker no estará allí para ver el cierre completo, su rol en esa historia seguirá formando parte del análisis que se haga cuando el programa llegue al tramo final.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.