Hay un meme que circula desde hace tiempo —aunque muchas veces se cita mal— y viene con una idea bastante concreta: a la gente le encanta sentarse a “tirar” nombres de futbolistas, especialmente de los menos conocidos. Y, por desgracia, hay una parte de verdad en esa caricatura. En algún momento, casi todos los hinchas caen en esa competencia silenciosa por decir el apellido más rebuscado, uno que provoque el asentimiento de alguien como “sí, ese”.
En esa lista imaginaria aparecen figuras como Papiss Cissé o Julio Olarticoechea. El ritual se vuelve especialmente relevante cuando se habla de mundiales, porque esos torneos, con el paso de los años, también fabricaron carreras inesperadas: futbolistas que nadie tenía en el radar, y otros que parecían destinados a lo grande. Pero hay otra cara del fenómeno: los que brillan demasiado rápido y luego no repiten el mismo nivel. Esos “one-hit wonders” tienen un lugar propio en el fútbol, y de cara al Mundial se los pone bajo la lupa.
De un vistazo: los “one-hit wonders” del Mundial
- En 2010, Ghana marcó cuatro goles: Asamoah Gyan convirtió tres.
- Gyan anotó el tanto ganador ante Estados Unidos en octavos en 2010.
- En el Mundial 2010, Gyan falló un penal en el cierre del alargue frente a Uruguay en cuartos.
- James Rodríguez cerró el Mundial 2014 con seis goles y se quedó con el Botín de Oro.
- Amrabat fue clave en el Mundial 2022 por una recuperación determinante contra Kylian Mbappé en semifinales ante Francia.
- En 2010, Tshabalala le marcó a México a Sudáfrica en el Mundial y su gol se nominó al Puskas.
- Liverpool fichó a Diouf antes del Mundial 2002 con el objetivo de sumar ataque.
- Al-Owairan marcó 14 goles en competencia oficial con Arabia Saudita; el 13º fue el célebre.
Gyan: el impacto inmediato y el “casi” que duele
En el Mundial de 2010, Ghana encontró el camino con goles y convirtió cuatro en total. Asamoah Gyan fue el gran protagonista: anotó tres de esos tantos, y su selección fue una de las sorpresas del certamen. El equipo se mostró ordenado, con buena salida hacia adelante y, además, una simpatía que terminó calando en la gente.
Gyan no era del todo desconocido: venía de jugar fútbol de clubes en Rennes, en la Ligue 1. Pero tampoco era una estrella consolidada. Aun así, ese Mundial lo catapultó al mainstream. Marcó el gol del triunfo ante Estados Unidos en los octavos de final, aunque el final no fue perfecto: en los cuartos contra Uruguay, tuvo un penal decisivo que terminó fallando en el cierre del alargue. Con todo, su historia quedó como una leyenda del Mundial 2010.
Rodríguez: un gol de manual y un final de ciclo rápido
¿Quién puede olvidar el remate de James Rodríguez para Colombia? La jugada se entiende de memoria: va a toda velocidad, primero el control con el pecho, después el paso y el golpe… y la pelota sale disparada. Pero cuando se la mira con calma, todavía impresiona más: el volante sabe exactamente cuánta distancia tiene en el borde del área de 18, levanta la pelota para evitar a un defensor central y se mete en el ángulo del remate de forma perfecta. Es de esas acciones que cuestan un montón y que él convirtió en algo casi sencillo.
Pero Rodríguez fue mucho más que ese gol. En el Mundial 2014 terminó con seis tantos y ganó el Botín de Oro. El Real Madrid, atento a lo que había mostrado, pagó fuerte para llevárselo al Santiago Bernabéu. Sin embargo, el paso no fue el esperado: se fue apagando. En un equipo que ya tenía a Cristiano Ronaldo, Gareth Bale y Karim Benzema, no hacía falta un mediapunta tan impredecible como él. Rodríguez se movió luego de manera errática y, con el paso del tiempo, quedó (de alguna manera) sin club estable.
Amrabat: una acción para recordar… y un ruido que duró poco
Amrabat queda muy bien retratado por una sola escena. En el arranque del segundo tiempo de la semifinal de Marruecos ante Francia en el Mundial 2022, el mediocampista se pasó un poco de la línea y dejó a Kylian Mbappé demasiado cerca. El francés respondió con velocidad hacia la izquierda, y la secuencia parecía encaminada a terminar en gol, como suelen terminar esos ataques.
Ahí apareció el punto de inflexión: Amrabat, entonces prácticamente desconocido como centrocampista, no se rindió y persiguió a Mbappé hasta quitarle la pelota. Se metió con un resbalón (tackle deslizante) memorable y mantuvo a su equipo con vida. Esa fue, prácticamente, la acción que definió su Mundial 2022: apareció de golpe y dejó actuaciones de alto mando, siendo parte del motivo por el cual Marruecos llegó hasta las semifinales.
El detalle es que el impacto no duró mucho. Un intento de movimiento hacia Manchester United no terminó de encajar y el año pasado tuvo un rol menor en Betis, quedando como un ejemplo de cómo el brillo puede frenarse rápido.
Tshabalala: el gol que se volvió identidad del torneo
Hay un gol tan bueno que hasta logró que Peter Drury comentara la escena en otro idioma. Tshabalala abrió el marcador para Sudáfrica frente a México en el Mundial de 2010 con una corrida enorme: agarró, avanzó y conectó con fuerza para meterla en el ángulo superior. La definición fue solo el inicio.
Luego vino la celebración, que terminó volviéndose parte del recuerdo colectivo del certamen. El tanto, además, recibió nominación al premio Puskas. Sudáfrica, como anfitriona, no tuvo un torneo fácil, pero Tshabalala siguió con una carrera de clubes correcta entre Sudáfrica y Turquía. Aun así, ese momento y ese Mundial quedan grabados para siempre.
Diouf: el fichaje con promesa… y la carrera que se desordenó
Liverpool fue por El-Hadji Diouf antes del Mundial de 2002. La intención era que el entonces futbolista de 21 años sumara un empuje extra en ataque a un equipo que ya contaba con Michael Owen, vigente ganador del Balón de Oro. En ese contexto, parecía un movimiento pensado para potenciar el rendimiento y darle variedad ofensiva al once.
Y en el Mundial, la impresión fue buena. Diouf encendió Corea del Sur y Japón con su velocidad y creatividad, generando problemas reales en las defensas rivales. Ese rendimiento le alcanzó para ser seleccionado en el “World Cup best XI” y para que Senegal avanzara a cuartos de final en su primera participación histórica en el torneo.
Claro que el estrellato parecía inevitable. Pero el proceso se dio vuelta: Diouf no terminó de acomodarse en Liverpool y, a partir de allí, su carrera de clubes se volvió un ir y venir constante. Su mejor cosecha goleadora en una sola temporada llegó en 2004, cuando convirtió nueve goles con Bolton.
Al-Owairan: un día de magia y una historia que no se repitió
“Miralo”, dicen algunos cuando recuerdan el gol. Y es que Al-Owairan tuvo una marca particular: en la competencia oficial con Arabia Saudita convirtió 14 goles, y ese era el número 13. En cuanto al fútbol de clubes, su trayectoria no tuvo el mismo brillo. Pasó todo el tiempo en Al Shabab, de la Saudi Pro League, en gran parte por una cuestión legal: en ese momento, la normativa saudita impedía que los jugadores salieran al exterior para jugar en clubes.
¿Uno de los grandes del fútbol asiático de la historia? Sí, en todo ese sentido. Pero el mundo no alcanzó a ver con regularidad lo que podía dar. Salvo por un día: el día en que apareció la magia.
