Las dos se cruzaron por primera vez en 2018, en cuartos de final. En aquel entonces, Barcelona todavía estaba en una etapa temprana de su proyecto de convertirse en potencia europea, y no era el equipo que hoy domina el relato. Aun así, el hecho de que las catalanas lograran complicarle el camino a Lyon —que esa misma temporada terminaría ganando su tercer título continental de cinco coronas seguidas— ya era una señal positiva.
El año siguiente el guion tuvo un giro parecido, aunque con matices: volvieron a encontrarse, esta vez en la final. Barcelona hizo méritos para llegar por primera vez a esa instancia, pero el 4-1 de OL dejó claro que todavía faltaba dar un paso más para pelearle de igual a igual al nivel máximo.
Ese salto llegó en 2021. Barcelona ganó la final ante Chelsea 4-0 y se quedó con su primer título de Champions League. Sin embargo, la idea de que se habían convertido en el gran dominador del continente quedó frenada la temporada posterior: Lyon volvió a imponerse en el partido decisivo, ganando 3-1 en Turín.
En 2024, entonces, Barcelona terminó de imponer su versión más fuerte y se ganó el derecho a ser mencionada en el mismo plano que el poder histórico del certamen, al menos en el presente. En Bilbao, las españolas fueron demasiado: terminaron 2-0 arriba y lograron su tercer festejo en cuatro años.
De cara a la final de 2026, aparece la gran pregunta: ¿Lyon cobrará revancha de lo ocurrido en 2024 y sumará a su récord el octavo título? ¿O Barcelona, tras la derrota ante Arsenal en la final del año pasado, reaccionará y acortará distancia con la cuenta de Lyon al quedarse con su cuarta corona? Promete ser una definición apasionante y, en Oslo, hay varios duelos que marcan el camino.
En su segunda temporada con Barcelona, Ewa Pajor volvió a mostrar una versión encendida de cara al arco. No hay ninguna futbolista que haya convertido más goles en la Women’s Champions League en este tramo que la polaca: registró nueve tantos en nueve partidos y con eso ayudó a las catalanas a llegar a otra final. Ahora, la responsabilidad cae en dos caras conocidas para frenar su continuidad: el desafío será impedir que Pajor siga haciendo daño el sábado.
Donde Pajor hizo ruido fue en Wolfsburg, cuando llegó a Baja Sajonia siendo una adolescente. En aquel momento, el club alemán era uno de los mejores equipos de Europa y la delantera terminó participando en cuatro finales de Champions League con esa camiseta, aunque con el dato doloroso de caer tres veces ante Lyon. Pajor fue titular en dos de esas series, pero el cara a cara con Wendie Renard —la referente francesa— se inclinó del lado de la zaguera, en un duelo entre una atacante de nivel mundial y una central también de categoría máxima. Ese cruce volverá a repetirse este fin de semana.
A Renard la acompañará Ingrid Engen, con quien Pajor ya compartió vestuario tanto en Wolfsburg como en Barcelona. La noruega tuvo un arranque sobresaliente en Lyon: se erigió como una de las mejores defensoras centrales del torneo. Ese nivel tendrá su prueba más exigente el sábado, porque Engen deberá medirse contra Pajor por primera vez en un marco como este.
La final, entonces, promete ser un mano a mano de jerarquía entre tres futbolistas en la cima de su rendimiento: Pajor, buscando por fin levantar la Champions League; una honra que hasta el momento se le había resistido.
Habrá que observar cómo Lyon arma el mediocampo para controlar las amenazas que Barcelona genera desde zonas centrales. Las francesas cuentan con variantes y combinaciones distintas para cortar circuitos, especialmente ante el momento de Alexia Putellas —potencialmente en ritmo de máximo nivel— y el regreso de Aitana Bonmatí, ganadora de tres Balones de Oro. Más allá de cuál sea la terna que elija Jonatan Giráldez, Melchie Dumornay estará dentro del plan, y encontrar la forma de frenarla es un dolor de cabeza enorme para Barcelona.
Dumornay también se metió en la pelea por el Balón de Oro, porque cuando aparece en el campo suele ser la mejor futbolista del partido para Lyon. Esa claridad no siempre se refleja con el mismo impacto en los números —no alcanza las cifras estratosféricas de goles y asistencias de temporadas anteriores—, pero eso no debe engañar: está jugando a un nivel muy alto de manera sostenida a lo largo del año.
Si Lyon quiere ganar, Dumornay tendrá protagonismo central, y ahí aparece el rol de Patri Guijarro. Considerada la mejor mediocampista de contención del fútbol femenino, la estrella de Barcelona tendrá una tarea específica este sábado: demostrar con hechos por qué se la cataloga como tal.
La última vez que se vieron las caras fue en la final de 2024. En aquel partido, Dumornay actuó más adelantada, con lo cual se convertía en una preocupación para las centrales de Barcelona más que para Guijarro. Ver cómo cambia el mapa del juego cuando la haitiana ocupa un lugar más profundo, justo en el corazón del mediocampo blaugrana, será clave para entender el desarrollo del partido.
Tras abrirse camino en Hoffenheim siendo adolescente y llamar la atención en especial por sus actuaciones en la Champions League, Jule Brand parece haber dado el salto en esta temporada. Después de un movimiento a Wolfsburg que no terminó de salir como se esperaba, la futbolista de 23 años volvió a mostrar por qué siempre fue considerada una gran promesa y qué tan cerca está de consolidarse entre las figuras del torneo con su gran primer año en Lyon.
Su impacto en semifinales fue particularmente destacado: convirtió en los dos partidos de la serie que Lyon ganó ante Arsenal. Y el valor de Brand crece todavía más de cara al sábado por un motivo puntual: la noticia de que Kadidiatou Diani, del otro carril, se perderá la final.
Con ese contexto, Brand tendrá todavía más peso para generar peligro desde la banda. La encargada de detenerla será Ona Batlle, y además se trata de uno de los últimos partidos de Batlle con la camiseta de Barcelona: su salida hacia Arsenal aparece como una posibilidad cercana. Por eso, querrá despedirse con un título, ayudando a su club de toda la vida a ganar la Champions League. Para lograrlo, necesita rendir al máximo, porque en la semifinal contra Bayern Múnich no siempre le resultó sencillo contener a Klara Buhl.
Caroline Graham Hansen, mientras tanto, ha sabido responder en el momento más importante de la temporada. Su forma ha sido muy buena durante todo el campeonato, pero sus actuaciones en los partidos grandes funcionan como un termómetro claro sobre su capacidad para manejar la presión. Ese es un atributo que buscará repetir este sábado en la ciudad que la vio crecer, Oslo.
Enfrente tendrá otra jugadora de elite: Selma Bacha. La francesa es una de las laterales más completas del mundo por su aporte ofensivo, pero también por su solidez defensiva. A ella le encanta proyectarse y es una pieza fundamental del Lyon que busca atacar y sostener peligro hacia adelante. La gran incógnita será cómo equilibra ese impulso para atacar con el trabajo para frenar a Graham Hansen, ya que ambas vuelven a cruzarse en una final europea.
En 2022, Bacha le sacó ventaja a este duelo: Lyon ganó la final en Turín. En 2024, en cambio, fue Graham Hansen la que marcó la diferencia, cuando Barcelona se tomó revancha en Bilbao. La pregunta ahora es cómo se reescribe la historia en 2026.
Esmee Brugts, por su parte, viene creciendo en relevancia para Barcelona año a año desde su llegada a Cataluña hace tres temporadas, cuando tenía apenas 20 años. En este tramo, inició los 10 encuentros de Champions League del equipo y aportó cuatro goles y cuatro asistencias desde el lateral izquierdo, lo que le permitió a las tres veces campeonas llegar a la final de 2026.
Brugts seguramente esperaba que el sábado tuviera que lidiar con Diani, así que su lectura pasaba por cómo equilibrar la proyección ofensiva con las responsabilidades defensivas. Pero la futbolista francesa se ausentará por una lesión de rodilla, lo que reduce de manera importante el riesgo por el sector derecho de Lyon.
En ese rol debería entrar Vicki Becho, y aunque es una alternativa distinta, no es un reemplazo menor: tiene talento y condiciones para sostener el peligro. De hecho, el mes pasado convirtió dos goles en la victoria de Lyon en la Copa de Francia ante Paris Saint-Germain, y llega al partido con cuatro tantos y tres asistencias en sus últimos siete partidos, aunque solo en cinco de ellos arrancó como titular.
Eso sí, Becho no tiene la misma experiencia ni la misma trayectoria en los escenarios más grandes que Diani. Y esa diferencia podría abrirle más espacio a Brugts para lanzarse y encararle a Ashley Lawrence. La lateral galesa es más previsora defensivamente, especialmente en el fútbol actual donde muchas laterales tienen un perfil más agresivo en ataque. Las habilidades 1 contra 1 de Brugts serán evaluadas a fondo por la forma de responder de Lawrence, pero también será determinante su capacidad para acompañar el ataque: Lyon tendrá que adaptarse a la gran ausencia de Diani y, al mismo tiempo, buscar atacar una franja del equipo de Barcelona que puede dejar espacios si el rival se equivoca.
Más allá de los duelos futbolísticos que prometen roces constantes en el césped, esta final también tiene un choque de bancos muy atractivo, uno de los aspectos más interesantes de la temporada en Champions League.
Cuando Barcelona levantó el trofeo en 2024, el DT era Jonatan Giráldez, que logró esa conquista en el marco de un cuádruple histórico. Fue su tercera y última campaña al frente del club catalán: luego se fue hacia Estados Unidos para tomar el mando del Washington Spirit. Ahora, vuelve a Europa y se enfrenta por primera vez a sus ex empleadores, en su primera temporada con Lyon.
Pere Romeu, en el otro banco, había sido parte del cuerpo técnico de Giráldez en Barcelona. Cuando el entrenador de 34 años dejó el club hace dos temporadas, Romeu ascendió a la conducción principal. Por eso, ambos se conocen a fondo, y eso promete transformar la final en un duelo táctico de alto nivel.
Giráldez llega con una ventaja: tiene recorrido, cosechó más títulos grandes y, además, conoce en profundidad a jugadores de Barcelona. Romeu, en cambio, aparece con una oportunidad para reivindicarse y demostrar que puede sostener su propuesta en partidos de máxima exigencia. En los últimos dos años recibió críticas, pero merece crédito por cómo administró un plantel relativamente corto durante esta temporada, y sobre todo por el desarrollo de futbolistas jóvenes en un contexto de restricciones económicas.
La gran pregunta es si el discípulo podrá superarlo al maestro, o si Giráldez volverá a sonreír y se convertirá en el primer entrenador en ganar la Women’s Champions League con dos clubes distintos.
