Mientras Borussia Dortmund transita un buen presente dentro de la cancha, Lukas Kruse dejó entrever que el clima interno no sería tan perfecto como parece. El exdelantero, que ya había generado polémica por sus críticas a Niko Kovač, volvió a marcar diferencias personales y de convivencia con el entrenador croata, y detalló decisiones que, según su mirada, terminaron minando la relación desde el arranque.
La lectura de Kruse: éxito deportivo, pero “ruidos” fuera del campo
Kruse reconoció que el momento de Dortmund es positivo, aunque aseguró que igualmente se escuchan “susurros” de que todo no estaría bien puertas adentro. En ese sentido, su postura no se limita a lo táctico: apunta a la forma de conducir los grupos y a la manera en que Kovač se vincula con el plantel, un punto que él considera clave para que el proyecto funcione.
El delantero también remarcó un antecedente personal importante: tuvo apenas cinco partidos oficiales bajo la conducción de Kovač en su etapa en VfL Wolfsburg y, aun así, ya había salido a hablar en más de una oportunidad. Allí explicó el núcleo del problema: para él, el entrenador busca imponer una lógica de “dominancia”, donde el grupo debe adaptarse a lo que él quiere, sin margen para perfiles distintos.
- Kruse sostuvo que Kovač “no encaja” con gente como él.
- Marcó que el entrenador pretende que el plantel actúe exactamente según sus indicaciones.
- Señaló que cada jugador tiene rasgos propios y que por eso el manejo requiere comprensión y adaptación.
En esa línea, Kruse fue directo: si un DT no entiende esa diversidad y no sabe cómo tratarla, suele ser difícil que la relación funcione.
Por qué no “enganchó” con Kovač: expectativas, confianza y un quiebre temprano
El exjugador explicó que conocía a Kovač desde sus etapas previas y que, por cómo es como persona, qué busca y qué le resulta determinante, ya se dio cuenta relativamente rápido de que no iba a salir bien. Para Kruse, el problema no apareció de manera gradual: se hizo evidente temprano.
El contexto de su llegada a Wolfsburg también aparece como un factor. Kruse indicó que volvió al club principalmente por Florian Kohfeldt, y que el dinero también tuvo peso, aunque lo consideró “obvio”. A su entender, sin Kohfeldt no hubiera regresado. Cuando el entrenador cambió y llegó Kovač, ese fue el primer punto de quiebre.
La explicación que dio es contundente: al entrar Kovač a la ecuación, él no se identificó con la forma de trabajo o con la manera de encarar el vínculo. Y, según sus sensaciones, quedó claro enseguida que el entendimiento no iba a prosperar, de una manera u otra.
Kruse agregó que, al comienzo, intentaron hablar para alinear expectativas. Contó que el entrenador lo propuso en una comida para conversar sobre lo que cada uno necesitaba. En ese diálogo, él transmitió una idea central: no requería “pedidos” concretos, sino confianza. La respuesta que dio fue que si le daban su respaldo, él respondería con el rendimiento que se esperaba.
Pero el desenlace fue inmediato: en la primera fecha de partido, él terminó en el banco. Y, según Kruse, ahí mismo esa confianza se esfumó.
- Kruse dijo que la charla inicial buscó acordar expectativas mutuas.
- Explicó que su condición principal era la confianza.
- Indicó que el primer partido, con él en el banco, rompió ese respaldo.
El problema logístico y las críticas: viaje desde Berlín, falta de descanso y el clima con Dortmund
Otro punto que Kruse remarcó fue el tema de la rutina y la logística. Afirmó que Kovač prefería que él alquilara en Wolfsburg, aunque él consideró que no tenía sentido, en parte por cómo se estaba acomodando su vida en ese momento: con los años, y con su esposa viviendo en Berlín.
El exinternacional sostuvo que, aun manejando bien el plan para llegar, el tren no siempre acompañaba. Para evitar llegar tarde, decía que tomaba un tren más temprano y muchas veces arribaba al centro de entrenamiento antes de las 8 de la mañana.
Kruse sumó un detalle personal que explica el costo físico del esquema: cuando su estilo de vida lo llevaba a acostarse muy tarde —incluso entre las cuatro y cinco de la mañana, o directamente sin dormir— igual tenía que salir en la madrugada y tomar el tren a las seis. En ese escenario, él admitió que apenas lograba una hora de sueño antes de entrenar. Aun así, remató con su lógica: si rendís, si cumplís en el campo, nadie debería quejarse.
- Kovač quería que Kruse alquilara en Wolfsburg.
- Kruse justificó su decisión por su edad y por su vida familiar en Berlín.
- Señaló que, para no llegar tarde, salía con anticipación y solía estar en el predio cerca de las 8.
- Admitió que a veces dormía muy poco antes de entrenar, pero defendió que el rendimiento es lo que termina importando.
Además, Kruse dejó claro que no es la primera vez que se mete con Kovač. Cuando se anunció su llegada a Dortmund, se animó a hacer una especie de comentario irónico: dijo que Kovač era su elección favorita para Dortmund y que el club, entonces, podría entender “qué significa realmente una crisis”. Según su planteo, terminaría el “clima” de paz y alegría, reemplazado por una etapa más dura.
En ese intercambio, también explicó que quien quisiera ponerse en esa situación podía hacerlo, aunque él mismo dudaba de que el plan tuviera éxito. Ese comentario lo hizo en su podcast Flatterball, que conduce junto a Martin Harnik.
Por último, el exdelantero recordó que en marzo de 2024 calificó a Kovač como un “desastre” en el plano del carácter y sostuvo que trataba a los futbolistas de manera “antisocial”. En su narrativa, ese es el telón de fondo que conecta sus experiencias personales en Wolfsburg con la mirada crítica sobre el impacto del entrenador en cualquier plantel que lo tenga como DT.
