La noche arrancó con un clima eléctrico en el calentamiento y, apenas rodó la pelota, el sector Sur del estadio ya marcó el tono con una postal imponente. Los hinchas del Bayern de Múnich ofrecieron el marco perfecto para un arranque que prometía batalla, y los jugadores respondieron con una actuación de ida y vuelta, de esas que se ganan por carácter. El conjunto alemán se puso en desventaja tres veces, pero nunca se desordenó: logró empatar en cada ocasión. Luis Díaz, con un gol a los 89 minutos, sostuvo el plan y mantuvo a Liverpool en la pelea por la clasificación, hasta que Michael Olise firmó la sentencia en el tiempo agregado. Del otro lado, Real Madrid tuvo un golpe doble: Eduardo Camavinga y Arda Güler fueron expulsados, y la reacción del equipo fue inmediata y furiosa hacia los árbitros, mientras los Reds ya saboreaban su lugar en la semifinal frente a la Kop.
Después del partido, Joshua Kimmich fue consultado si aquella había sido la Champions League más cargada de emociones desde que llegó al Bayern en 2015. El mediocampista de 31 años se tomó un instante antes de responder y recordó un antecedente que le quedó grabado: la vuelta de los octavos de final de 2016 ante Juventus, cuando el equipo remontó un 0-2 para terminar ganando 4-2 en la prórroga. “He vivido muchas noches emocionales que salieron al revés”, comentó. “Justo por eso, estoy muy contento de haberlo logrado”.
El volante mostró una alegría lógica por el resultado y por la mentalidad exhibida ante Real Madrid, pero también habló con franqueza, algo poco habitual en un contexto donde el resto del plantel suele celebrar sin matices. En su lectura, el Bayern no fue de alto nivel: “En líneas generales, no fue un partido de gran calidad. Si mirás el rendimiento, no fue de los mejores nuestros. Hay bastante margen para mejorar”, sentenció Kimmich, dejando claro que el pase no borró las cosas a corregir.
En el análisis futbolístico, el Bayern se vio más irregular que en la ida: no apareció con el mismo dominio ni con la misma capacidad de generar peligro. Durante largos tramos, los cuatro delanteros quedaron bastante controlados, en parte por los ajustes de Álvaro Arbeloa en el banco del Real Madrid. Un dato que llamó la atención fue el rol de Ferland Mendy: el lateral izquierdo, que esta vez fue preferido a Álvaro Carreras, logró contener mejor a Michael Olise que lo que había hecho su par en el primer partido. Por eso, aunque no resultó del todo sorprendente su influencia, sí fue llamativo que la UEFA terminara designando a Olise como el hombre del partido.
En Madrid, tanto el marcador como las probabilidades de gol habían jugado a favor del Bayern: el registro de xG marcaba 2.9 contra 2.2. Ahora, la película cambió: el xG se inclinó para el Real, con 2.3 frente a 2.1. A pesar de que el equipo bávaro convirtió dos tantos por encima de lo esperado, también recibió un gol extra respecto a lo que indicaban los números, y allí apareció parte del problema en la figura del capitán Manuel Neuer. Justamente él, que siete días antes había estado brillante, cometió un error costoso en el primer tanto y además tuvo incidencia en el segundo ataque del conjunto madridista. El 2-3 final se terminó construyendo a partir de una cadena de fallos, en la que Dayot Upamecano, que en general había mostrado buenas prestaciones, también terminó participando.
“Es muy bueno avanzar con dos victorias ante el Real y, al mismo tiempo, sentir que podemos mejorar”, explicó Kimmich. Su crítica, incluso inesperada para algunos, recordó en el tono y en la contundencia a Matthias Sammer, figura histórica del club.
El ex director deportivo del Bayern —hoy asesor del BVB— tiene fama de ser directo cuando el entorno todavía celebra. Sammer se fue del club en 2016 luego de cuatro años de trabajo que dejaron un título de Champions League y tres presencias en semifinales. Y, pocos meses antes, tras la victoria dramática sobre Juventus que mencionó Kimmich, el Bayern también había vivido una eliminación igualmente intensa, aunque esta vez en semifinales ante Atlético Madrid. La final del año podría volver a cruzar a los dos rivales en Budapest, pero para que eso ocurra primero el Bayern deberá sortear un duelo de semifinales ante París Saint-Germain.
Kimmich describió al PSG como “el equipo que mejor está en Europa”, mientras que Jan-Christian Dreesen, presidente del Bayern, todavía coloca al vigente campeón como favorito, pese a que el Bayern ya le ganó 2-1 de visitante en la fase de grupos el pasado noviembre. Aquella vez, después de un primer tiempo sobresaliente, los bávaros debieron sostener la ventaja en un escenario complejo: quedaron con diez hombres tras la expulsión de Díaz, pero aun así resistieron y terminaron imponiéndose en una especie de guerra defensiva.
Como dato adicional, Kimmich también recordó el cruce ante Juventus de hace diez años, un duelo que le dejó huella. Aunque en esta ocasión no se repitió el mismo guion dramático de la vuelta, sí se notó que el recuerdo pesa. Cuando le preguntaron si la primera mitad frente al PSG había sido la mejor de su etapa en el Bayern, respondió sin vueltas: “Sí”. El gran desafío, de cara al PSG, será repetir lo mejor de ese primer capítulo que mostró el equipo ante Juventus en la ida, pero también sostener la misma fibra y el mismo temple que el Bayern exhibió en el partido de vuelta.
