La selección de Irán se vio obligada a dar un giro logístico de gran envergadura apenas semanas antes del inicio del Mundial 2026. En un contexto atravesado por el conflicto en Medio Oriente y por una tensión política que no afloja, el equipo dejó de lado a Arizona como base del torneo y decidió mudarse a Tijuana, ciudad mexicana ubicada en la frontera, como nuevo punto de concentración.
La decisión fue confirmada el lunes por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien explicó que el gobierno mexicano intervino para destrabar el conflicto luego de que desde Estados Unidos se dejara en claro que no querían que la delegación iraní permaneciera dentro de sus fronteras. En ese marco, la mandataria sostuvo que funcionarios de FIFA se comunicaron con México con el objetivo de encontrar una salida ante el bloqueo para la sede de la concentración.
“No tenemos razones para negarles la posibilidad de quedarse en México”, remarcó Sheinbaum en su habitual conferencia de prensa. El cambio aparece como un salvavidas clave para el seleccionado iraní, ya que su presencia en el certamen venía atravesando dudas y una incertidumbre creciente tras los episodios de escalada militar que involucraron a Estados Unidos e Israel durante febrero.
Si bien desde la Casa Blanca y el Departamento de Estado todavía no hubo una respuesta oficial sobre la negativa a alojar al plantel, la mudanza hacia territorio mexicano se interpreta como una solución práctica frente a un problema diplomático complejo. Mantener la base en Tijuana permite que el cuerpo técnico y los jugadores sigan relativamente cerca de los escenarios donde jugarán sus partidos, al mismo tiempo que se evita el roce político que habría implicado una preparación en Estados Unidos.
Mehdi Taj, presidente de la federación de fútbol de Irán, detalló además que el traslado a México también responde a la necesidad de eludir eventuales trabas de tipo administrativo. El dirigente explicó que el cambio reduce el riesgo de complicaciones vinculadas a visas y que el plantel podría viajar directamente hacia México a bordo de vuelos de Iran Air, lo que ordena los tiempos de concentración y minimiza incertidumbres operativas.
Con la alternativa mexicana, el objetivo es que los futbolistas puedan concentrarse en la preparación sin la amenaza constante de prohibiciones de viaje o negativas de ingreso. Aun así, el calendario deportivo no se altera: Irán deberá cruzar la frontera para disputar los encuentros programados en California y Washington, manteniendo intacta su hoja de ruta competitiva.
En lo estrictamente futbolístico, el desafío para Irán es grande dentro de un Grupo G exigente. El arranque será en Los Ángeles, donde el equipo está pautado para enfrentar a Nueva Zelanda el 15 de junio. Luego llegará un duelo de alta exposición ante Bélgica el 21 de junio, partido que también se jugará en el área de Southern California.
El cierre de la fase de grupos lo tendrá al plantel viajando todavía más hacia el norte: el 26 de junio se medirá con Egipto en Seattle. En este nuevo escenario, FIFA tendrá como tarea central garantizar la seguridad y la logística para el traslado de la delegación iraní entre su base en México y los tres estadios asignados en territorio estadounidense.
