Esto marcó un punto de referencia para los años siguientes. Fue en 2001, cuando el máximo responsable de la FA dejó una idea instalada: en términos de talento, Inglaterra no había superado —ni podría superar— lo que se veía en ese momento. En aquel entonces, los ingleses estaban a 35 años y contando de haber conquistado un Mundial. Desde entonces llegaron a semifinales en grandes torneos, con el antecedente más claro en la Eurocopa 1996. Sin embargo, el planteo de Crozier terminó elevando expectativas para el equipo de Sven-Göran Eriksson.

El “mito” de la generación dorada y el ciclo de recambios

Obvio es decirlo: Inglaterra no terminó cumpliendo esa promesa. La etiqueta quedó, pero torneo tras torneo los planteles no alcanzaron el salto. El grupo envejeció, se reacomodó, mejoró en partes, falló en el momento clave y aparecieron nuevos nombres. Recién cuando los integrantes de aquella supuesta “generación dorada” se fueron del mapa, el seleccionado inglés volvió a presentarse como un candidato real al Mundial.

En realidad, cada versión de Inglaterra en los últimos siete Mundiales mostró una identidad distinta. En ese trayecto, cuatro entrenadores se hicieron cargo (pronto serán cinco) y hubo un puñado de futbolistas que sobrevivió a varias etapas. Algunos fueron descartados demasiado rápido; otros, en cambio, se quedaron más de la cuenta.

Con esa base, GOAL ordenó los planteles de Inglaterra del siglo XXI según el nivel de talento, desde 2002 hasta el seleccionado elegido por Thomas Tuchel para representar a “The Three Lions” en 2026.

2002, el talento grande y los condicionantes

En 2014, Inglaterra no ofreció motivos para ilusionarse. El grupo, con Italia, Uruguay y Costa Rica, en el papel parecía complicado. Pero el equipo terminó haciendo que el escenario se viera todavía más difícil de lo que era.

La campaña arrancó con una caída ante Italia y luego llegó otra derrota contra Uruguay. Cuando Costa Rica sorprendió con una victoria sobre la Azzurra en el segundo partido, Inglaterra quedó eliminada matemáticamente antes de disputar la última fecha.

El plantel mezcló juventud y experiencia, aunque con pocas piezas en su mejor momento. Steven Gerrard era capitán y tenía recorrido, pero venía con apenas dos meses de distancia de un final amargo en su penúltima etapa con Liverpool. Wayne Rooney y Frank Lampard también estaban en el tramo final de su mejor versión.

De todas maneras, había chispa ofensiva en Daniel Sturridge y Raheem Sterling. El problema fue defensivo: la zaga, comandada por Gary Cahill y Phil Jagielka, no estaba a la altura como para sostener al equipo en un torneo exigente.

La herida previa al torneo y el “efecto lesión”

Ese plantel traía restos de la “generación dorada”, pero también dejaba ver el tramo de estancamiento que se venía. Fabio Capello recibió un golpe antes de arrancar: Rio Ferdinand se lesionó en el primer entrenamiento de Inglaterra en suelo sudafricano. Así, la defensa quedó condicionada y la pareja detrás terminó formada por Jamie Carragher o Matt Upson junto a John Terry.

Además, el Mundial se complicó por el maldito capítulo de las lesiones. Rooney y Gareth Barry —el volante pensado para ubicarse entre Gerrard y Lampard y permitir que ambos rindieran juntos— también llegaron tocados y terminaron sin estar al 100% cuando el torneo empezó.

Aun con nombres de jerarquía dentro del plantel —Rooney, Gerrard, Lampard, Terry y Ashley Cole— no alcanzó la calidad si esas figuras no funcionaban en su plenitud. El desenlace fue la eliminación en octavos: los momentos más recordados terminaron siendo el error de Rob Green ante Estados Unidos y el gol que no fue de Lampard ante Alemania.

En 2002, en cambio, había potencia de estrellas. David Beckham, Michael Owen, Ferdinand, Sol Campbell y Paul Scholes estaban dentro del grupo. Pero Eriksson llegó con limitaciones por ausencias clave: Gary Neville y Gerrard se quedaron afuera por lesión. Danny Mills ocupó el carril de lateral derecho, y cuando se confirmó que el reemplazo de Gerrard, Danny Murphy, también cayó antes de que empezara el torneo, entonces se sumó Trevor Sinclair, extremo de West Ham.

Sinclair terminó siendo titular en tres partidos en la banda izquierda del mediocampo, y esa fue la etapa más marcada del famoso problema de Inglaterra con el sector izquierdo. Los ensayos iniciales con Darius Vassell y Owen Hargreaves no funcionaron en los dos primeros encuentros, por lo que el ex futbolista de West Ham —con apenas cinco partidos internacionales antes de su llamado— terminó asumiendo la responsabilidad.

Si se suma además la lesión en el metatarso de Beckham —una molestia que lo limitó— Inglaterra igual consiguió un rendimiento razonable. En la fase de grupos le ganó a Argentina y, después, firmó una de las mejores actuaciones globales del siglo XXI al demoler a Dinamarca.

Quizás pudo irse más lejos si Ronaldinho no le clavaba a David Seaman ese gol de tiro libre con efecto. De todos modos, aquel equipo no fue el conjunto más talentoso que alguna vez representó a Inglaterra.

2014: el ciclo se rompe antes de tiempo

En 2018, Inglaterra alcanzó semifinales para empatar su mejor registro desde el título de 1966. Pero más allá del resultado, el punto de lectura fue claro: el plantel conducido por Gareth Southgate superó con amplitud el techo que marcaba su nivel teórico.

Existía motivo para ilusionarse. Harry Kane y Dele Alli habían construido una dupla temible en Tottenham. Sterling era de lo mejor de Manchester City en su temporada de “Centurions”. Sin embargo, también había zonas que se veían débiles a simple vista.

Kyle Walker fue forzado a una línea de tres defensores con Harry Maguire, que todavía no había pasado por Manchester United. Ashley Young fue la opción preferida en el lateral izquierdo como wing-back. En el mediocampo, Jesse Lingard era titular. Mientras tanto, Ruben Loftus-Cheek aparecía más desde el banco con regularidad, y eso marcaba una falta de recambio de calidad en profundidad. Ese déficit terminó pasando factura en la derrota en tiempo extra ante Croacia.

2016-2022: el crecimiento sostenido y el Mundial de Qatar

El camino hacia la final de la Euro 2020 fue un viaje hermoso para los hinchas ingleses. El equipo había superado expectativas en el Mundial anterior y, con el tiempo, se fue mejorando con aportes en posiciones clave.

Con el Mundial de Qatar a 18 meses de distancia, el impulso estaba del lado de Southgate. Declan Rice, Bukayo Saka y Phil Foden aparecieron entre los jóvenes más destacados del fútbol de Premier League. Trent Alexander-Arnold y Kyle Walker —ambos atravesando su mejor momento— competían por el puesto de lateral derecho. Y la aparición de Jude Bellingham sumó creatividad y empuje en el mediocampo, justo lo que Inglaterra no tenía desde hacía más de una década.

Con Kane anotando para club y selección, y además con la experiencia ya golpeada por el desgaste de Jordan Pickford, John Stones y Maguire, el plantel estaba construido para competir con lo mejor. Incluso Kalvin Phillips y Mason Mount aún no habían mostrado una caída marcada. Del banco, Jack Grealish y Marcus Rashford aportaban recursos reales para cambiar el partido.

Que ese conjunto quedara apenas en cuartos de final fue, como mínimo, una decepción. La caída ante Francia fue durísima: con un golpe emocional enorme y con un penal de Kane que no entró. Con el paso del tiempo, es un resultado que puede mirarse como una oportunidad enorme que no se aprovechó.

2026: el enfoque más pragmático de Tuchel

La lectura de Thomas Tuchel parece haber sido clara: mirar cómo falló Southgate y aprender de errores de su antecesor. El plantel de Inglaterra para 2026 está lleno de figuras, sí, pero con un enfoque más pragmático.

Kane llega como candidato principal al Balón de Oro tras una temporada de 60 goles con Bayern Munich. Rice fue, sin dudas, uno de los mejores jugadores de la Premier League. Y entre Bellingham y Saka hay inclinación a la élite, con características propias de nivel mundial.

Equilibrio y dudas del plantel

  • Elliot Anderson aparece como una pieza ordenada en el mediocampo, con disciplina para anclar al equipo.
  • Reece James se presenta como una elección más lógica que Alexander-Arnold para ese contexto.
  • Hay interrogantes sobre la experiencia defensiva, y también hay mejores opciones de punta que Anthony Gordon o Rashford para el torneo.
  • La falta de futbolistas capaces de resolver desde el banco puede complicar, sobre todo considerando que Cole Palmer y Foden quedarán afuera.

Más allá de esas dudas, no hay un plantel de Inglaterra con tanta calidad “alta” en al menos dos décadas como el grupo inicial de Tuchel en 2026.

2006 en Alemania: el máximo nivel de talento

Si hay que buscar un plantel mejor que el que Inglaterra llevó al Mundial de 2006 en Alemania, cuesta encontrarlo. A nivel de nombres, es una formación temible.

Con una línea de cuatro formada por Neville, Ferdinand, Terry y Cole, el bloque defensivo imponía respeto. En el mediocampo, la dupla de Gerrard y Lampard era, por lo menos en el papel, una propuesta de peso. Adelante estaba Rooney, que arrastraba una lesión, pero sin perder su mejor versión en términos generales, acompañado por Owen: aunque había bajado un poco en velocidad, seguía siendo un delantero inteligente y con una definición impecable.

Por detrás, Campbell, Michael Carrick y Hargreaves —jugadores que hubieran tenido lugar en casi cualquier equipo— quedaron relegados a roles de banco. Algo similar ocurrió con el talento precoz de Theo Walcott, quien había sido parte del grupo como una apuesta de Eriksson que, al final, terminó quedándose corta.

El problema: el equipo no terminó de alinearse

Entonces, ¿qué salió mal? Inglaterra nunca pudo terminar de funcionar como un conjunto. Rivalidades internas entre compañeros terminaron rompiendo la armonía del plantel, y Eriksson no tuvo la capacidad suficiente —ni desde lo personal ni desde lo táctico— como para corregir esa fractura. Además, la lesión de Owen en el tercer partido de la fase de grupos tampoco ayudó.

El final fue duro: Rooney, que venía con dificultades físicas durante todo el certamen, recibió una roja en el cuarto de final ante Portugal. Y, como ocurrió en otras oportunidades, los penales volvieron a ser el punto de quiebre para Inglaterra. Un equipo con condiciones para aspirar al título terminó eliminándose temprano.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.