“Ganar un Mundial con Portugal fue el sueño más grande y más ambicioso de toda mi carrera”, escribió Cristiano Ronaldo en Instagram. “En mis cinco participaciones en Copas del Mundo a lo largo de más de 16 años, siempre jugando junto a grandes futbolistas y con el apoyo de millones de portugueses, di todo de mí”.
“Dejé todo en la cancha. Nunca voy a achicarme ante una batalla y jamás dejé de perseguir ese sueño. Lamentablemente, ese sueño terminó ayer”. Solo que, en este caso, no terminó ahí.
A pesar de haber cumplido 41 años en enero, Ronaldo fue incluido en la convocatoria de Portugal para el Mundial 2026. Y, para muchos, su último intento por la gloria podría ser, incluso, el más valioso de todos.
El portugués llegó a Qatar con una confianza que era casi habitual: no solo para callar a sus críticos después de un cierre de ciclo vergonzoso en su segunda etapa en Manchester United, sino también para conquistar el único trofeo importante que se le resistía. Sin embargo, su despedida se pareció bastante a aquella salida de Old Trafford: su imagen quedó golpeada por episodios públicos de carácter y por versiones de que, puertas adentro, habría amenazado con irse del entorno de la Selección tras quedar afuera para el duelo de octavos contra Suiza.
En ese partido, el equipo dirigido por Fernando Santos consiguió una goleada 6-1, con un hat-trick del reemplazo de Ronaldo, Gonçalo Ramos. Desde lo emocional, el clima no fue el mejor para el delantero, y esa tensión terminó trasladándose a su mensaje en redes.
“Quiero que todos sepan que se habló mucho, se escribió mucho y se especuló muchísimo, pero mi compromiso con Portugal nunca vaciló ni por un segundo”, aseguró en su publicación. “Siempre fui un futbolista más, luchando por el objetivo de todos. Jamás le daré la espalda a mis compañeros ni a mi país”.
Y cerró con un “por ahora”: “No hay mucho más para decir. Gracias, Portugal. Gracias, Qatar. El sueño fue hermoso mientras duró… Ahora toca dejar que el tiempo sea un buen consejero y que cada uno saque sus propias conclusiones”.
Del lado institucional, la Federación Portuguesa de Fútbol entendió que era “el momento adecuado para iniciar un ciclo nuevo” con un entrenador distinto, aunque sin que eso implicara un cambio de capitán.
Cuando Roberto Martínez fue anunciado como sucesor de Fernando Santos el 9 de enero de 2023, se abrió una gran oportunidad: la posibilidad de armar un plantel joven, atractivo, alrededor de la enorme nómina de talentos que siempre tiene Portugal. Pero no fue por ese camino. En su primera decisión importante como DT de la Selección, Martínez viajó a Arabia Saudita para convencer a Ronaldo de liderar al equipo rumbo y dentro de la Eurocopa 2024. El resultado, previsiblemente, no fue el esperado.
Ronaldo marcó con facilidad en la fase de clasificación para el torneo europeo, aunque en Alemania no pudo convertir ni un solo gol pese a que disparó más que cualquier otro futbolista de campo. Y lo peor, para el impacto del delantero, fue que sus intentos por romper la sequía terminaron siendo tan contraproducentes como evidentes.
Era claro que Ronaldo necesitaba salir del foco y, sin embargo, Martínez se negó incluso a dejarlo afuera del último partido de grupo, que no tenía valor real para la clasificación. En la práctica, el entrenador terminó priorizando el protagonismo individual por encima del bien colectivo.
Así, la presión sobre el capitán se fue haciendo más pesada con el correr de los días. Después de otro partido sin goles, llegó una derrota humillante 2-0 ante Georgia, y más tarde la situación se volvió insostenible tras fallar un penal en los octavos contra Eslovenia. En la segunda parte, ya en el tiempo suplementario, en Frankfurt, Ronaldo se quebró: fue un momento impactante. Había lágrimas en Qatar, pero ahora no eran durante un partido: eran después del final de la ilusión.
El peso de las expectativas se le había vuelto demasiado a aquel futbolista hecho para los momentos decisivos. Y, a esa altura, ya no era tan difícil ver la explicación: una leyenda se estaba transformando en un problema. Durante años, él había cargado a sus compañeros; ahora, en cierto punto, parecían estar cargándolo a él. Para el orgullo portugués, eso era demasiado de tolerar.
Por eso, costaba no sentir algo de compasión por un delantero que estaba sufriendo, aunque al mismo tiempo crecía la admiración por su valentía para hacerse cargo del primer penal en la definición. Y no solo pateó: también convirtió.
Martínez es experto en desviar miradas. Habla bien incluso cuando el rendimiento fue flojo, así que era lógico que en la conferencia posterior eligiera destacar el coraje que mostró Ronaldo, en lugar de enfocarse en el desastre que venía antes y en su responsabilidad dentro de ese contexto.
Lo que tampoco sorprendió fue que mantuviera un plan que ya se veía cuestionado en el cuarto de final ante Francia, con Ronaldo como titular en el ataque. Repetir una y otra vez el mismo camino, obviamente, no garantizó un cambio de resultado: Portugal quedó eliminada por penales ante un Francia poco efectivo, pero que terminó aprovechando la sequía y el desgaste del equipo. En ese punto, el sentido de insistir con Martínez y con Ronaldo se convirtió en tema de debate nacional, con titulares memorables como “Más Portugal, menos Ronaldo”.
Incluso cuando la Selección tuvo una seguidilla positiva en la Liga de Naciones 2024-25, siguieron apareciendo rumores sobre una posible salida de Martínez tras la final en Alemania. Se mencionaba el nombre de José Mourinho como reemplazo. Ronaldo, lógico, se mostró molesto por la insistencia con esa especulación, ya que el entrenador era, en la práctica, quien sostenía la continuidad de su carrera internacional.
“Cuestionar a alguien que tiene un historial espectacular con Portugal me confunde”, dijo justo antes de la final de la Liga de Naciones contra España. “Se ha faltado un poco al respeto en ese sentido. También hablar de otros entrenadores no tiene sentido. El entrenador hizo un trabajo extraordinario”.
Y amplió: “Incluso cuando ganás, aparece esta discusión. Forma parte del ruido de quienes están en casa y opinan. Lo que importa es lo que nosotros vemos: estamos muy contentos con el trabajo del entrenador. Llegar con una nacionalidad distinta, hablar nuestro idioma, cantar nuestro himno con pasión… eso es lo que más valoro. Lo demás no tiene importancia”.
“Los resultados son muy positivos, gane o no gane. Siempre habrá debate, pero para mí, directamente no tiene sentido”.
Primero lo defendió desde afuera y luego terminó rescatándolo adentro. Ronaldo metió el gol decisivo en la semifinal frente a Alemania, y después volvió a marcar en la definición del torneo contra España, que Portugal terminó ganando por penales. En resumen: Martínez jugó fuerte su puesto y, en parte, su imagen, apostando a Ronaldo; el riesgo le terminó saliendo bien… aunque las dudas no se fueron del todo.
Martínez sostiene que “no ve señales de que el nivel de Ronaldo haya caído” desde que se mudó a Arabia Saudita, pero esa afirmación, según el debate que domina en Portugal, pasa por alto lo más importante. Las capacidades del superestrella ya venían en descenso incluso antes de su llegada a Al-Nassr en enero de 2023. No es una crítica: Ronaldo resistió el paso del tiempo de manera notable hasta bien entrada la treintena. Y que hoy esté preparando su sexta Copa del Mundo es una prueba de su compromiso, casi sin par, con su oficio.
De hecho, cuesta encontrar un jugador que ponga tanto esfuerzo fuera de la cancha. El problema, en el presente, es que Ronaldo ya no puede trabajar con la misma intensidad de antes. Además, en el fútbol moderno son pocos los delanteros de élite que hacen casi nulo pressing, lo que lo vuelve una especie de excepción en un juego cada vez más físico y demandante. Por eso, hay un argumento razonable: Portugal podría beneficiarse si el nueve principal fuera un atacante más móvil.
Y el propio desarrollo de la clasificación mundialista alimentó esa lectura. No pareció casual que la Selección mostrara su mejor versión en esa etapa con Ramos otra vez como titular en el 9-1 a Armenia, partido en el que Ronaldo no pudo jugar por suspensión.
Pero la sanción del capitán también marca otra preocupación para Norteamérica. Ronaldo suele ser un ganador serial porque detesta perder, aunque con los años se fue volviendo cada vez más irritable. En su búsqueda de un gran título con Al-Nassr, aparecieron varios episodios de malestar. Incluso este año llegó a una medida de presión al considerarse perjudicado por la Liga saudí, una situación que reforzó la idea de que Ronaldo no tolera bien cuando las cosas no salen como él espera. Y eso, para los hinchas portugueses, puede transformarse en un riesgo de cara a un Mundial.
Además, el capitán ni siquiera debería estar disponible para los primeros partidos de la fase de grupos, dado que recibió una roja directa por un ataque descontrolado a Dara O’Shea en la derrota de noviembre ante Irlanda por clasificación. Sin embargo, la FIFA tomó la decisión extraordinaria de suspender los partidos segundo y tercero de esa sanción, que normalmente sería de tres encuentros obligatorios. De esa manera, quedó habilitado para enfrentar a la República Democrática del Congo y a Uzbekistán, con la chance de arrancar su última gran cita con un impacto alto.
Aun así, persiste una sospecha: su desesperación podría convertirse en un problema cuando el camino se complique, especialmente en la etapa eliminatoria.
Más allá de la atención mediática constante sobre Ronaldo, lo cierto es que él mismo se exige más que nadie. Es un perfeccionista total: para él, no alcanza con estar bien; tiene que ser lo mejor. Esa mentalidad hace que la victoria sea imperativa.
En ese sentido, incluso su llegada a Medio Oriente, que pudo estar motivada en buena parte por dinero, dejó ver cuánto le importa ganar. El ejemplo se vio en el último mes, cuando comenzaron a salir lágrimas antes de finalizar el duelo contra Damac: no era por bronca, sino por felicidad y por un alivio enorme tras asegurar, con su segundo gol del partido, el título de la Pro League prácticamente de forma definitiva.
Por todo esto, es difícil exagerar la relevancia del Mundial que se viene. Para Ronaldo, es realmente su última función en el escenario más grande. Aunque circulen versiones sobre que quiere jugar el torneo de 2030 junto a su hijo, Cristiano Jr, lo más probable es que no tenga una nueva oportunidad de dejar una marca imborrable en la competición más prestigiosa del fútbol.
Ronaldo, claro, es uno de los mejores futbolistas de la historia y cinco veces ganador del Balón de Oro. Pero su registro en el Mundial es particular: solo disputó una semifinal y nunca convirtió un gol en la instancia de eliminación directa. Por eso, su legado en Norteamérica está en juego como nunca, y la carga sobre su espalda pesará más que antes.
La parte positiva es que esa carga podría aliviarse con el entorno. Porque, aunque se esté mirando quizá la versión más débil de Ronaldo que se haya visto, forma parte del plantel más fuerte de la historia de Portugal. En el medio, con Vitinha, João Neves y Bruno Fernandes, la Selección tiene una de las mejores terceras líneas del mundo; y Diogo Costa, fiable bajo los tres palos, está respaldado por una defensa de alto nivel comandada por Ruben Dias, con Nuno Mendes como lateral izquierdo.
En el ataque, además, sigue habiendo jerarquía y experiencia, con Bernardo Silva presente. Aunque persisten dudas sobre el techo de jugadores como João Félix y Rafael Leão, el equipo no carece de calidad para lastimar.
De todos modos, el Mundial seguirá dependiendo mucho de Ronaldo. Fue elegido porque continúa marcando en partidos de clasificación, en la Liga de Naciones y también en la Saudi Pro League. No es un detalle menor. El desafío será demostrar que puede competir al máximo nivel a sus 41 años.
También será clave que conserve la compostura, no solo dentro del área. Portugal necesita que Ronaldo gestione las emociones cuando la presión vuelva a apretar en los cruces eliminatorios, y no parece sencillo si se considera lo tenso que estuvo en los últimos cuatro años.
Ahora, querer ganar un Mundial con tanta intensidad no necesariamente es algo negativo. Su impulso y su determinación han sido, durante mucho tiempo, una fuente de inspiración para compañeros que comparten el deseo de “ganar el Mundial con Ronaldo, y para Ronaldo”, como dijo Vitinha. Y, por esa capacidad de jerarquía colectiva, el equipo está bien ubicado entre los candidatos.
Que un plantel le ponga tanta importancia a un jugador en particular es discutible, aunque también es comprensible: Ronaldo para Portugal es mucho más que un gran futbolista. Ya hace rato que es un símbolo de la Selección, y también quedó claro que para llegar a este punto pasó por un montón de situaciones difíciles. Empujó su cuerpo y su mente hasta el límite durante los últimos cuatro años para buscar un final de cuento. No se puede asegurar si el sacrificio alcanzará para coronar, pero una cosa parece inevitable: ocurra lo que ocurra con el sueño, habrá lágrimas.
