Hay historias de fútbol que parecen escritas para perdurar. La de Marruecos, por ejemplo, es la de un león que nunca se rinde: hombres que llevaron la bandera marroquí a los rincones más lejanos del planeta y lograron que el mundo repitiera su nombre. El relato arrancó en el desierto mexicano en 1970 y terminó por despegar hacia el horizonte de Qatar más de medio siglo después.

Porque el fútbol no es solo un juego: funciona como un espejo de la vida misma. Es ilusión, ambición y orgullo colectivo. Marruecos se transformó en el primer equipo árabe en llegar a una semifinal de Mundial, pero su camino no se explica solo con ese hito. A través de cinco Copas del Mundo, cada participación fue un nuevo capítulo: algunas dejaron una marca profunda y otras una sonrisa imborrable en el corazón de cada fan de los Leones del Atlas.

1970: el salto histórico en el Mundial

En 1970 ocurrió algo que no tenía precedentes: Marruecos se convirtió en la primera selección africana en clasificarse al Mundial por medio de eliminatorias oficiales. Además, lo hizo como el único representante del continente luego del boicot al torneo de 1966.

Su estreno en el escenario mundial mostró una diferencia clara por falta de experiencia. Los marroquíes cayeron 2-1 ante Alemania Occidental y luego perdieron 3-0 contra Perú. En Europa circularon frases duras, como aquella que sostenía que Marruecos “había ido a participar, no a competir”. Pero el plantel no perdió la dignidad: sostuvo la identidad y siguió adelante.

El momento que quedó grabado llegó frente a Bulgaria: Maouhoub Ghazouani marcó un gol precioso para que el partido terminara 1-1. Los jugadores celebraron como si fuera una victoria entera: eran el primer equipo africano en conseguir un punto en un Mundial.

En las tribunas, apenas unos miles de marroquíes acompañaban; aun así, se escuchó fuerte la voz del país. Mientras tanto, millones festejaban en casa por las calles. Ese día Marruecos plantó una semilla de esperanza africana y le dejó al mundo un mensaje: que no subestimen a los Leones del Atlas.

1986: el regreso a México y la motivación

Pasaron 16 años largos, entre espera, sueños y esperanza. Y en 1986, el destino volvió a llevar a Marruecos a México, como si el fútbol quisiera recuperar lo que había quedado a medias.

En ese ciclo, el entrenador brasileño Jose Faria dio un paso que marcó su historia personal: abrazó el Islam y pasó a ser conocido como “Mahdi Faria”. Incluso el rey Hassan II le concedió la ciudadanía marroquí.

El sorteo no lo puso fácil: Marruecos quedó en un grupo duro con Inglaterra, Polonia y Portugal. En las previas, la prensa europea prácticamente ignoró al conjunto del norte de África. Hoteles de lujo, en cambio, se reservaron para “los grandes”, mientras Marruecos se instaló en alojamientos modestos. La intención era no humillarlos, pero ellos lo tomaron como combustible: lo convirtieron en motivación.

El arranque fue un empate sin goles ante Polonia (0-0). La lectura fue inmediata: “¿Cómo un equipo africano puede empatar con europeos?”. El mundo se sorprendió. Después llegó otro 0-0, esta vez frente a Inglaterra. Y allí apareció Badou Zaki: el arquero fue una muralla de acero para frenar a “Los Tres Leones”.

La prensa española bautizó la zona como “El Grupo del Sueño” por la escasez de goles. Pero en el cierre, los Leones del Atlas despertaron. Portugal, que había derrotado a Inglaterra y había tratado con burla a Marruecos antes del partido, se encontró fragmentado: con discusiones y problemas incluso por premios. Marruecos, por contraste, se mostró unido, con hambre y con orgullo.

En el minuto 19, Abderrazak Khairi abrió el marcador. Ocho minutos después repitió la jugada con otro gol. Luego, en el 62’, Krimau sumó el tercero: 3-1. Fue la primera vez que Marruecos marcaba tres tantos en un partido de Mundial. Y al terminar primero en el grupo, se transformó en el primer equipo africano en llegar a los octavos de final. La celebración fue total: gente bailando, cantando y llorando de alegría.

El final del sueño de 1986 y el respeto mundial

En octavos le tocó Alemania Occidental, uno de los equipos más fuertes del planeta. Durante 85 minutos, Marruecos peleó con lo que tenía. Zaki realizó atajadas imposibles y Aziz Bouderbala estuvo cerca del gol. Pero a cinco minutos del final, Lothar Matthäus apareció con un remate de pelota quieta y el sueño se cortó.

Cuando terminó el partido, el reconocimiento se vio en las tribunas: incluso quienes alentaban a Alemania Occidental se pusieron de pie para aplaudir a Marruecos. Lo habían ganado en respeto. Y desde Londres quedó una frase que quedó instalada: “Marruecos cambió la cara del fútbol africano”. Puede haber sido derrota por un gol, pero jamás hubo rendición.

1998: Francia, el grupo duro y la eliminación por una jugada

Luego de 12 años más de ausencia, Marruecos volvió al Mundial en 1998, con el torneo en Francia: un país con una comunidad marroquí grande. De hecho, el equipo tuvo un entrenador francés, Henri Michel. Pero el sorteo volvió a ser cruel: quedó en una zona complicada con Brasil, defensor del título; también con Noruega y Escocia.

Los Leones del Atlas empataron 2-2 con Noruega gracias a los goles de Abdeljalil Hadda y Salaheddine Bassir, pero después cayeron 3-0 ante un Brasil demasiado superior.

El cierre del grupo fue contra Escocia, donde Marruecos jugó con coraje para ganar 3-0. Bassir anotó dos veces y Hadda completó la cuenta con el tercero. Mientras, los hinchas coparon el estadio, ondearon banderas y cantaron con orgullo.

El problema fue que el tiempo y la suerte no acompañaron. Marruecos creía que estaba clasificado a la siguiente ronda, pero el destino tenía otros planes. En simultáneo, en Marsella, Noruega jugaba contra Brasil. Mientras Marruecos celebraba en Saint-Etienne, en el minuto 83 Noruega igualó. Y cinco minutos después llegó el golpe: le otorgaron a Noruega un penal muy discutible, de esos “suaves”, que terminaron convirtiendo. El marcador quedó 2-1 y Marruecos quedó eliminado.

Los jugadores todavía intercambiaban camisetas con los escoceses sin saber qué había ocurrido en el otro partido. Cuando finalmente les llegó la noticia, el entrenador Michel reaccionó con furia: pateó el banco de suplentes. Plantel, hinchas y todo el país se quebraron: lágrimas para todos.

Marruecos había marcado cinco goles, pero se fue por una eliminación marcada por una jugada polémica en otro encuentro. El mediocampista brasileño Leonardo lo resumió con tristeza: “Siento por Marruecos. Jugaron un fútbol hermoso. Es una pena”.

Fue cruel, sí. Pero al volver, Marruecos regresó con la frente alta. El rey Hassan II recibió al equipo y, además, le dio a Henri Michel la ciudadanía marroquí, justamente la que había solicitado.

La espera de 20 años y el regreso soñado

Después llegó un largo paréntesis: durante 20 años, Marruecos desapareció del Mundial. Hubo generaciones enteras que crecieron sin ver a su selección en el escenario global.

Cada cuatro años, los marroquíes miraban cómo jugaban otros, a veces apoyando a selecciones árabes o africanas, pero con un dolor silencioso en el pecho por la propia. En muchos casos, la esperanza empezó a apagarse.

2018: Qatar asoma y la revancha empieza

En 2018, en Rusia, la historia volvió a encenderse: tras dos décadas, Marruecos regresó. La ilusión estaba viva. Peleó contra Irán, Portugal y España, pero perdió los tres partidos por un margen de un solo gol. Estuvieron muy cerca… y no alcanzó.

Sin embargo, el destino guardaba algo más grande. En el desierto de Arabia, en Qatar, Marruecos estaba por escribir una página de historia.

Qatar 2022: Walid Regragui y la frase que cambió el ánimo

Faltaban pocas semanas para el inicio del primer Mundial en territorio árabe cuando Walid Regragui tomó el mando: se hizo cargo apenas tres meses antes del torneo. Para muchos, era una tarea imposible: “poco tiempo para algo tan grande”. Pero Regragui les dejó una idea que terminó siendo lema: “Quien no crea que podemos ganar el Mundial no debería venir a Qatar”.

Ahí apareció una mezcla clave. Regragui juntó figuras del fútbol europeo como Hakim Ziyech, Achraf Hakimi y Noussair Mazraoui, y los combinó con jóvenes talentos surgidos de la Mohammed VI Academy. El plan tenía un mensaje: un equipo, un solo corazón.

Marruecos quedó en el Grupo F junto a Croacia (subcampeón de 2018), Bélgica (segunda del ranking mundial) y Canadá, que venía con impulso. Pocos esperaban un impacto real. Y el inicio lo confirmó: empate 0-0 frente a Croacia.

Pero luego empezó “el milagro”: Marruecos ganó 2-0 a Bélgica y la celebración explotó en el mundo árabe. En Egipto, Arabia Saudita, Jordania y los Emiratos, el apoyo fue masivo. La respuesta siguió con el 2-1 sobre Canadá, con lo que Marruecos volvió a quedar primero en el grupo, otra vez como en 1986. Pero esta vez, los Leones del Atlas no se detuvieron.

Octavos y cuartos: la noche de los penales y el salto a la élite

En los octavos de final enfrentaron a España, campeón del mundo en 2010, que ya había metido siete goles en la fase de grupos contra Costa Rica. Marruecos resistió durante 120 minutos y el partido terminó 0-0. Después llegaron los penales: Pablo Sarabia pegó en el palo. Y allí Yassine Bounou, arquero marroquí de nivel extraordinario, se transformó en leyenda: atajó remates de Carlos Soler y Sergio Busquets. España no convirtió ninguno desde el punto. Finalmente, Hakimi selló la clasificación con un Panenka con picardía.

Así, Marruecos se convirtió en la primera nación árabe en llegar a los cuartos de final del Mundial. La fiesta fue total, de El Cairo a Beirut y de Riad a Ammán: millones llenaron las calles. Incluso el Burj Khalifa se encendió con los colores marroquíes, en un gesto de unidad, orgullo y gloria compartida.

El siguiente rival fue Portugal, con Cristiano Ronaldo a la cabeza, pero Marruecos no se achicó. Regragui fue contundente con su mensaje: “No son menos que ellos; son mejores. Vayan y demuéstrenlo”.

En el minuto 42, Youssef En-Nesyri se elevó en el área y conectó una definición de cabeza espectacular. Con ese gol, Marruecos logró otra victoria histórica: África por fin tenía un semifinalista de Mundial.

Semifinales y despedida con dignidad

Luego del partido, se vivió un momento humano que se volvió símbolo: el extremo Sofiane Boufal bailó con su madre en el campo, una escena de amor y orgullo que atravesó lo deportivo. Marruecos puede haber perdido 2-0 con Francia en las semifinales, con las lesiones pasando factura, pero se fue con la cabeza en alto y con el reconocimiento del mundo.

De los desiertos de México en 1970 a las arenas de Qatar en 2022: de la primera aparición mundialista de África a la primera semifinal del continente. Marruecos nunca fue solo un participante más en la escena global.

Los Leones del Atlas entendieron que los sueños no mueren, aunque haya que esperar 36 años para que se materialicen. Aprendieron que el que parece chico puede ganarles a los poderosos cuando cree. Y también que la derrota no es el final: podés perder un partido o quedarte afuera de un torneo, pero Marruecos no se rinde.

Ahora toca seguir: en 2026, Marruecos va por otra historia, listo para reescribir más páginas.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.