Mientras el reloj sigue avanzando hacia el Mundial 2026 en Canadá, México y Estados Unidos, la discusión sobre el acceso a las entradas volvió a encenderse con fuerza. En las últimas semanas, creció el malestar entre los hinchas por los valores que consideran “desorbitados”: incluso trascendió que algunas ubicaciones para la final en el MetLife Stadium estarían publicadas por varios miles de libras, una cifra que para muchos resulta inalcanzable.

La explicación del presidente de FIFA

En medio del ruido, el presidente de FIFA salió a poner paños fríos y a clarificar por qué el organismo mantiene la estructura de precios actual pese al rechazo. Su argumento se apoyó en la idea de que lo que se recauda durante el torneo —que dura 39 días— es lo que sostiene las actividades globales de la institución en el intervalo que va desde un Mundial hasta el siguiente.

En ese sentido, Infantino remarcó que la Copa del Mundo funciona como el gran motor financiero del ente. “La principal, y hasta ahora la única, fuente de ingresos de FIFA es el Mundial. Generamos ingresos en un mes”, sostuvo, y luego agregó la lógica del gasto: “Durante los otros 47 meses, hasta el próximo Mundial, usamos ese dinero”. Con esa explicación, buscó enmarcar el esquema como una necesidad presupuestaria y no como una estrategia de encarecimiento.

El enojo por el salto de precios y la accesibilidad

Mientras FIFA intenta sostener el relato, los críticos insisten en que el costo final termina convirtiéndose en una barrera para el público común. El reclamo se intensificó luego de versiones sobre que los asientos de “Categoría 1” para partidos considerados de alto perfil habrían subido más de un 80% desde que salieron a la venta por primera vez.

Frente a esa lectura, el máximo dirigente sostuvo que el incremento responde a un fenómeno: el interés global sin precedentes por el Mundial que se expandirá a 48 equipos. En la misma línea, intentó justificar que el contexto de demanda de una competencia más grande impacta directamente en la valuación de las localidades.

De todas formas, los grupos de hinchas no se dan por satisfechos. En su postura, remarcan que el fútbol “del pueblo” corre el riesgo de quedar fuera de alcance para los seguidores tradicionales, y señalan que las tarifas terminarían desplazando a quienes históricamente sostuvieron el espíritu de la competencia.

Preocupación adicional: traslados y presión de gasto

Con el calendario acercándose —del 11 de junio al 19 de julio—, la presión económica para los aficionados se vuelve más intensa. El foco ya no está únicamente en el precio de las entradas: también crecen las críticas por ajustes considerados “vergonzosos” en el transporte local dentro de las ciudades sede.

Se mencionan subas fuertes para los días de partido, incluyendo casos en Estados Unidos donde, según trascendió, algunas tarifas de tren de ida y vuelta habrían llegado a multiplicarse por siete en jornadas con actividad del torneo. Para muchos hinchas, esa suma adicional agrava el costo total del viaje.

La fase de ventas y el desafío de equilibrar finanzas y expectativas

Ahora, con la etapa de venta de entradas en marcha, el nivel de presión sobre Infantino difícilmente baje. Aunque desde FIFA se insiste en la realidad económica que plantea un presupuesto que cubre años de erogaciones, el organismo enfrenta un trabajo complejo: conciliar sus necesidades financieras con un público mundial que, cada vez más, siente que queda marginado.

En ese choque entre la lógica de ingresos del torneo y la expectativa de acceso masivo, se juega gran parte del debate que acompaña al Mundial 2026: no solo cuánto cuesta, sino para quién está realmente al alcance.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.