Hansi Flick levantó la mirada hacia el cielo con lágrimas en los ojos cuando los fuegos artificiales estallaron sobre el Camp Nou, en un gesto que marcó el inicio de las celebraciones por el título. Apenas se enteró de la muerte de su padre y, poco después, logró cerrar la campaña coronándose con el FC Barcelona en El Clásico, el entrenador de 61 años quedó desbordado por la emoción. “Fue un día difícil. Un día que no voy a olvidar”, expresó luego a los hinchas a través del sistema de sonido del estadio.
Antes, las figuras del plantel, con Lamine Yamal a la cabeza, ya habían arrojado a su DT al aire en plena fiesta. Sin embargo, Flick siguió la entrega del trofeo con un perfil más contemplativo, aunque una y otra vez recibió abrazos y gestos de apoyo por parte de la gente que se acercaba a saludarlo. En definitiva, el club entero terminó acompañándolo en ese doble momento: duelo y celebración. “Para mí el Barcelona es como una familia”, había remarcado el ex entrenador de Alemania.
Sentado en el banco, con un buzo negro, Flick había hablado del relato completo recién en la conferencia de prensa posterior al 2-0 sobre Real Madrid. “Esta mañana mi madre me llamó para decirme que mi padre había fallecido. Me pregunté si convenía guardármelo o compartirlo”, explicó. Poco después, Flick lo comunicó a los jugadores —“no voy a olvidar cómo reaccionaron”— y luego hizo público el hecho, permaneciendo en Barcelona.
La decisión de contar lo que estaba viviendo le valió un reconocimiento enorme por parte del plantel y de la gente en las tribunas. “Siempre decimos que el fútbol te da una gran familia. Para mí, Flick es como un padre”, sostuvo Raphinha. En la misma línea, Pedri explicó que el equipo ganó “el título para él”. Y el zaguero Pau Cubarsí añadió que el campeonato fue “para toda la familia Flick”.
Con dos años en el club, esta fue la quinta conquista para Flick, y la renovación de su contrato hasta 2028 se ve como un hecho cercano. En el entorno barcelonés se remarcó que el técnico alemán “no va a olvidar” el cariño recibido en la ciudad desde el primer día, mientras que desde Madrid se insistió en que, por sus logros, su forma de manejarse y su personalidad, Flick está construyendo una nueva etapa y que “se identifica por completo” con la institución.
El domingo, el respaldo volvió a sentirse con fuerza. Antes del duelo número 264 entre los clásicos rivales, se guardó un minuto de silencio con música clásica y ambos equipos salieron con brazaletes negros. Flick, con la emoción a flor de piel, intentó contener las lágrimas mientras los hinchas coreaban su nombre. Más tarde, incluso confesó que “nunca antes” había sentido tanto afecto en el Camp Nou.
De todos modos, Flick no se conforma con lo vivido: quiere superar la barrera de los 100 puntos en la temporada con tres victorias más y, de cara al próximo curso, levantar por fin la Champions League. Primero, sin embargo, tuvo que procesar toda la carga emocional que dejó el 10 de mayo. “No voy a olvidar este día. Nunca. Estoy muy feliz acá en Barcelona”, dijo cerca del final de su conferencia. “Para mí, acá es como una familia”.
