El presidente y dueño de Napoli, Aurelio De Laurentiis, volvió a encender el debate alrededor del fútbol internacional con una entrevista en la que apuntó, sin filtro, contra la forma en que FIFA y UEFA administran los grandes torneos. En el mismo tramo, también cuestionó el calendario, exigió cambios en el seguro de los futbolistas cuando juegan con selecciones y hasta planteó una modificación del formato de los partidos para adaptarlo a las nuevas generaciones.
Datos clave
- De Laurentiis denunció que los ingresos de los torneos internacionales se quedan demasiado tiempo en manos de FIFA y UEFA, en lugar de beneficiar a los clubes.
- Se mostró a favor de recortar de forma drástica los compromisos del medio de temporada y concentrar el trabajo de selecciones en una sola ventana de dos meses.
- Exigió que FIFA y UEFA incorporen un esquema de seguro y compensación económica cuando un jugador se lesiona defendiendo a su selección.
- Planteó adaptar el producto futbolístico para la Generación Z, con una propuesta inspirada en el modelo de tiempos de la NBA.
- De cara a las elecciones en FIGC, pidió un perfil político para conducir el fútbol italiano y cuestionó fuerte el rol de los agentes.
Choque por la distribución económica y el poder en el fútbol
De Laurentiis sostuvo que la estructura actual del negocio está mal planteada: “Generan demasiado dinero”, remarcó, y aseguró que ese rendimiento debería quedar en los clubes y no en las federaciones. Según su visión, aunque desde esos organismos se afirma que se “redistribuye la riqueza”, la realidad sería distinta, al punto de acusarlos de no decir la verdad.
En esa línea, insistió en que la correlación de fuerzas hoy perjudica a quienes efectivamente invierten para sostener los planteles. Para el mandamás napolitano, el dinero no termina volviendo con justicia a los clubes que pagan sueldos y sostienen las operaciones, mientras que el peso de los torneos internacionales parecería recaer más en las entidades que los organizan que en quienes forman la base competitiva.
Calendario, selecciones y exigencia de compensaciones
El titular de Napoli amplió su crítica hacia el calendario internacional. Afirmó que los clubes terminan siendo los más perjudicados por la forma en que las selecciones consumen futbolistas, y propuso un cambio de fondo: reducir a un mínimo los partidos a mitad de temporada para permitir una única franja internacional de dos meses.
Además, fue más allá del debate deportivo y metió la pata en lo económico: pidió que las federaciones paguen por el “privilegio” de utilizar futbolistas que pertenecen a los clubes, marcando una postura directa de defensa del valor de la propiedad deportiva.
El reclamo se volvió especialmente puntual cuando habló de los seguros. De Laurentiis planteó una pregunta central: por qué no existe cobertura cuando un jugador se lastima representando a su selección. Y desarrolló su idea con ejemplos concretos: si un futbolista queda afuera durante un mes, tendría que existir una compensación económica acordada; si la ausencia se prolonga, la respuesta debería ser mayor. Incluso, si el jugador no puede volver a jugar durante un año, sostuvo que tendría que haber un monto suficiente como para que el club pueda incorporar a alguien del mismo nivel.
“Si quieren nuestros jugadores, tienen que pagarlos”, expresó con dureza, y agregó una comparación numérica: si el salario anual de un futbolista es de 10 millones, y la selección lo requiere por un mes, el club debería recibir una compensación de un millón. En su argumentación, cuestionó que los clubes “regalen” futbolistas y denunció que se produce una desventaja práctica: llegan a tomar 15 jugadores sin pagar el costo real, o se encamina dinero por vías informales para que los futbolistas sean convocados, una práctica que calificó como poco profesional y que dijo que sucede en Italia.
Un fútbol que, para él, no engancha a la Generación Z
Más allá de lo financiero y del calendario, De Laurentiis también puso el foco en lo que ocurre dentro del campo de juego y en la forma en que el público consume el espectáculo. Consideró que el producto actual no logra captar el interés de la Generación Z. Para intentar revertirlo, propuso cambiar de manera drástica el formato del partido.
Su idea es abandonar el esquema tradicional de dos tiempos de 45 minutos y moverse hacia un modelo más cercano al de la NBA. En su explicación, remarcó el cambio de hábitos: “Los chicos crecieron con teléfonos”, sostuvo, y agregó que avanzan rápido, con pasión pero sin paciencia. Por eso, planteó que el partido debería volverse más “mirable” en un tiempo acotado, proponiendo que la gente solo puede ver el juego durante dos horas cuando está en el estadio.
En ese marco, planteó dividir cada partido en dos mitades consecutivas de 25 minutos, con un criterio de “tiempo efectivo” similar al del básquet. También criticó la forma en que el fútbol maneja la recuperación: dijo que hoy la determinan los árbitros y que eso termina generando desorden, a lo que calificó como “anarquía”. En su visión, el fútbol es una industria que requiere comprensión real del negocio, y aseguró que él invierte mucho dinero mientras “habla demasiada gente” que no entiende el funcionamiento del sistema.
FIGC, política y guerra contra el peso de los agentes
Con la proximidad de las elecciones en FIGC, De Laurentiis reclamó que el fútbol italiano sea conducido por alguien con perfil político y no por un exjugador. Enfatizó la necesidad de un liderazgo creíble que pueda negociar reformas impositivas y cambios burocráticos con el gobierno, en busca de soluciones que, según su criterio, no se han logrado hasta el momento.
También apuntó contra la influencia de los agentes. Los describió como proveedores de servicios que cobran honorarios altos, pero que no acompañan al futbolista cuando aparecen problemas reales. En su lectura, ese rol termina perjudicando al jugador y no aporta herramientas concretas en momentos decisivos.
De Laurentiis remarcó que para enfrentar el escenario fiscal y administrativo se necesita alguien capaz de hablar “políticamente” con el gobierno y destrabar cuestiones pendientes. Citó ejemplos de perfiles que, según su opinión, no estuvieron a la altura: dijo que Gabriele Gravina intentó protegerse, mientras que Gennaro Gattuso no supo hacia dónde ir ni qué decir. Cerró con una reflexión sobre el estilo de gestión: sostuvo que hace falta tranquilidad, porque para ser exitoso hay que estar relajado.
