Este verano, Cristiano Ronaldo encarará su sexta participación en el Mundial con Portugal, ampliando una carrera que comenzó en 2006 en la gran vidriera internacional. Con 226 partidos y 143 goles en su cuenta con la selección, el delantero sigue en ritmo alto, aunque el gran desafío pendiente —ganar el trofeo más importante— continúa sin resolverse. El contexto suma presión y, a la vez, un incentivo: Portugal será coanfitrión del Mundial 2030 junto a España y Marruecos, algo que podría reavivar la tentación de estirar el sueño si la gloria vuelve a escaparse en Norteamérica.

Ronaldo y el “deuda” histórica: el Mundial como objetivo que todavía no tiene final feliz

Ronaldo tiene en su palmarés conquistas relevantes con Portugal, incluyendo trofeos en el entorno europeo tanto en el Campeonato de Europa como en la UEFA Nations League, siempre con el rol de capitán. Sin embargo, a diferencia de Lionel Messi, todavía no pudo levantar el máximo premio de un Mundial. Por eso, el Mundial que viene aparece como una oportunidad de corregir una injusticia deportiva que se viene repitiendo.

La intención, además, no es menor: la idea es que el equipo portugués vuelva a competir por lo más alto en suelo norteamericano, con Roberto Martínez al mando y un plantel lleno de estrellas que, por nombres y potencial, podría aspirar a convertirse en campeón del mundo y completar una colección de medallas a la altura de su figura.

El interrogante, de todos modos, es si la historia vuelve a complicarse. Porque si el trofeo máximo se vuelve a alejar, el Mundial 2030 con Portugal como sede compartida abre una puerta extra: con España y Marruecos como coanfitriones, la chance de despedirse jugando “en casa” podría pesar en la decisión final de Ronaldo.

La marca de longevidad: El Hadary y la posibilidad de jugar con 45 años

La conversación sobre una nueva participación se alimenta con un dato que marca récord: Essam El Hadary es, hasta hoy, el jugador de mayor edad en debutar o disputar un partido en un Mundial. Lo hizo con Egipto en 2018, cuando defendió el arco a los 45 años y 161 días. Con ese antecedente, Ronaldo podría verse tentado a emular —o incluso superar— ese hito de longevidad.

En ese sentido, aparece un matiz importante: el debate no es solo “si puede”, sino “cómo llega” y qué tan condicionante resulta la edad para el rendimiento sostenido. El propio entorno técnico y los comentarios sobre su disciplina apuntan a que Ronaldo cuida su preparación y su cuerpo de forma extrema, lo que le permite mantener condiciones competitivas incluso con el paso de los años.

¿Cuánto puede estirarse? La mirada desde el entrenamiento y el rol de Portugal

Durante su primera etapa en Manchester United, Meulensteen trabajó con Ronaldo, y desde su experiencia sostuvo que la variable central es la salud: mirándolo, con 41 años, entiende que su condición biológica estaría más cerca de principios de los 30, y que la mente acompaña mientras el cuerpo responde. También remarcó el fuerte cuidado personal del futbolista.

Dentro de ese mismo marco, surgió otra idea que puede operar como motivación: la posibilidad de jugar junto a su hijo, Cristiano Junior. Incluso se mencionó que en alguna oportunidad ese chico habría aparecido en una planilla en Al-Nassr, y la intención de compartir cancha con el heredero sería un desafío particular para Ronaldo, algo que tendría un componente simbólico y familiar muy fuerte.

Meulensteen también puso sobre la mesa un escenario clave: si Ronaldo se mantiene libre de lesiones y llega fresco, podría ser el jugador de mayor edad en el Mundial. Y, por cómo se define el calendario, el Mundial 2030 coanfitrión por Portugal, España y Marruecos tampoco queda lejos, lo que puede instalar la idea en su cabeza con fuerza. Es decir: no solo se trata de llegar, sino de decidir “para qué” llegar y si vale la pena sostenerlo.

Los antecedentes de Nuno Gomes y el factor “último Mundial”

Nuno Gomes, excompañero de Ronaldo en la selección, aportó otra lectura sobre el mismo tema. Consideró que la respuesta solo la tiene Ronaldo, porque el propio futbolista va tomando decisiones año a año, incluso a esta edad. También afirmó que todavía está en condiciones de jugar: es un profesional ejemplar y puede ser un modelo para las generaciones jóvenes.

Al mismo tiempo, el exdelantero fue claro en el matiz: la edad reduce ciertas capacidades, sobre todo en velocidad. No es el Cristiano de los 18 o 20 años, pero sigue siendo capaz de convertir —y en fútbol, el gol sigue siendo lo más importante—. Esa capacidad de seguir anotando es el puente entre el mito y el presente: la efectividad permite que el rol sea válido aunque el físico ya no sea idéntico al de la etapa inicial.

Gomes sumó además un factor decisivo: depende del entrenador. Con Roberto Martínez como DT, el plan del equipo puede hacer que Ronaldo juegue desde el arranque o desde otra función dentro del once. Por eso, el deseo individual del jugador también importa: su voluntad de disputar más partidos o administrar minutos podría ser el diferencial.

En la misma línea, dejó una hipótesis: probablemente su último Mundial sea el que viene. Aunque, al mismo tiempo, reconoció que en cuatro años Portugal tendrá partidos en el torneo, lo que podría ser una oportunidad para despedirse en su país. Esa combinación —edad, rol deportivo y una despedida posible en casa— es el núcleo del debate.

Presente en Al-Nassr: foco en títulos, carrera en 1.000 goles y contrato hasta 2027

Más allá de las especulaciones, hoy Ronaldo tiene objetivos concretos: viene de cerrar el capítulo de la selección y se concentra en conquistar trofeos con Al-Nassr. El equipo, además, aparece como líder de la Saudi Pro League, lo que le da un horizonte cercano para sumar plata.

En paralelo, está cerca de alcanzar la barrera simbólica de los 1.000 goles en su carrera. Y algo clave para entender su margen de decisión: mantiene contrato en Medio Oriente hasta el verano de 2027. O sea, el combustible competitivo existe por delante, al menos en términos contractuales.

Ese marco también ayuda a entender por qué el Mundial no se piensa como un “todo o nada” inmediato, sino como parte de una ecuación más grande: salud, minutos, objetivos de club y la posibilidad de un Mundial 2030 en el lugar que le daría sentido a una despedida.

Cristiano Junior y la motivación familiar: el posible “premio” de jugar con su hijo

Una de las motivaciones que aparece como concreta es la oportunidad de compartir cancha con su hijo, Cristiano Junior. El mayor de sus hijos tiene 16 años y ya sueña con convertirse en futbolista profesional. No hay información precisa sobre cuándo llegaría una decisión de retiro, pero el escenario no descarta nada: existe la chance de que Ronaldo se empeñe en sostener su carrera más allá de los 40 y pico si siente que aún puede competir a un nivel alto.

En ese cruce entre ambición deportiva y motivación personal, el Mundial 2026 y el eventual Mundial 2030 quedan como dos capítulos posibles. Primero, intentar corregir el “pendiente” histórico en Norteamérica. Después, si el destino vuelve a ser esquivo, mirar a Portugal 2030 como el escenario ideal para cerrar —o al menos intentar cerrar— el ciclo con el rugido de su gente.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.