Cuando los equipos saltaron al césped, en las tres bandejas del estadio apareció una enorme camiseta del Bayern que ocupó la mayor parte de la tribuna: de su parte superior salían dos manos para sujetar una pelota de la Champions League. Debajo se leía un mensaje bien claro: “Todo está en nuestras manos”.
Ya desde unos 45 minutos antes del pitazo inicial, el sector de hinchas organizado empezó a hacerse sentir con cánticos atronadores, aunque no mantuvieron el mismo ritmo durante todo ese tramo previo al arranque. Ese fue, precisamente, uno de los motivos por los que las puertas del estadio se abrieron bastante antes de lo habitual, para que la fiesta estuviera lista y el ambiente pudiera crecer con tiempo.
Incluso antes del comienzo del partido, un diario español había instalado la idea de que Real Madrid se metía en una especie de “infierno alemán”. La advertencia venía con una imagen fuerte: “en Múnich se van a prender fuego los árboles”. Joshua Kimmich reforzó esa misma línea de comunicación, al invitar públicamente a que todos los hinchas tiñan el estadio de rojo durante la noche del miércoles.
En paralelo, desde el lado del campeón europeo, apareció un mensaje destinado a la tribuna. “Hola, queridos fanáticos: estamos entrando en la etapa decisiva de la temporada. Tanto nosotros como ustedes soñamos con estos partidos. ¡Los necesitamos! Vamos a darlo todo, nos exigiremos al máximo. Vengan con el rojo y vayamos por todo juntos”. El texto se difundió a través de los canales sociales del club.
En la vuelta, el Bayern llegó con la tranquilidad de sostener una ventaja de 2-1 conseguida en el partido de ida. El entrenador Vincent Kompany repitió el mismo once titular que había utilizado la semana anterior. La nómina no estuvo completa por varias ausencias: Tom Bischof quedó afuera en el último momento por una “lesión menor en el gemelo”, mientras que Lennart Karl y Sven Ulreich también se perdieron el encuentro por motivos físicos.
Por su parte, el entrenador de Real Madrid, Álvaro Arbeloa, introdujo cuatro cambios respecto de lo que había ocurrido en el Bernabéu. El detalle más llamativo estuvo en la formación inicial: por primera vez en la historia del club en la Champions League, el equipo salió a jugar sin un solo futbolista español dentro del once.
