Arsenal volvió a conquistar el título de liga y, en Brooklyn, la previa y la victoria se vivieron como una coronación colectiva: en Fort Greene, bajo la lluvia y con la pantalla de Selhurst Park televisada dentro del bar FancyFree, la hinchada Gunners llenó el lugar durante horas para ver el cierre de una espera larguísima. El equipo de Mikel Arteta terminó celebrando con un 2-1 ante Crystal Palace, desatando el festejo dentro del local y luego en la calle, mientras ya asoma la mira puesta en la final de Champions League frente a PSG.

La espera de dos décadas y el “título ya hecho” que igual necesitaba confirmarse

El domingo amaneció a las 9 en Fort Greene, con lluvia golpeando el concreto. Aun así, la cuadra se llenó de camisetas rojas y blancas: para los fanáticos de Arsenal, el clima parecía un detalle menor. Afuera de FancyFree, las sombrillas se fueron juntando hasta formar una suerte de techo improvisado, mientras dentro el piso estaba abarrotado y las ventanas empañadas complicaban encontrar una perspectiva cómoda. A esa altura, el objetivo era simple: ver el momento en que el título se terminara de sentir real.

La conquista, en los papeles, ya había ocurrido el martes. Arsenal aseguraba su décimo cuarto campeonato de liga, el primero desde la temporada 2003-04, cuando Bournemouth y Manchester City empataron 1-1 y dejaron a los Gunners como campeones. Sin embargo, el escenario del domingo ante Crystal Palace traía un marco distinto: era un cierre que, pese a no estar atado a la ansiedad por combinaciones, funcionaba como validación emocional para la gente.

En ese sentido, el partido ante Palace no se planteó como una cuestión de “permutaciones” sino como un ritual. La celebración en Brooklyn, de hecho, competía con el juego mismo: el bar estaba repleto desde hacía dos horas y el paso del tiempo ya venía cargado de cantos, bebidas y una atmósfera de fiesta anticipada.

FancyFree, una hinchada que por fin se siente protagonista

En un barrio donde los comercios cercanos parecían ajenos a lo que pasaba, los hinchas Gunners tomaron la cuadra. Algunos llegaron después de las 9 con provisiones propias, para sobrellevar la densidad del lugar y encontrar algún ángulo entre ventanas empañadas y gente amontonada. Dentro se mezclaban Guinness, chips, camisetas empapadas, botellas personalizadas y prácticamente cualquier variante de camiseta de Arsenal que uno pudiera imaginar.

La jornada también tuvo una cuota surrealista por la presencia de figuras conocidas: el alcalde de la Ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani; el director de cine Spike Lee; y Jason Sudeikis, reconocido por su papel en Ted Lasso. Mamdani ingresó por una puerta lateral cerca de los cinco minutos del primer tiempo, con una bufanda de Arsenal sin excesos, y el bar explotó cuando se sumó en un lugar ya colmado. Lee, por su parte, se mostró por la zona con un suéter navideño de Arsenal.

En el medio, la hinchada encontró un canto que parecía sostener la energía del recinto:

  • “And it’s Arsenal”
  • “Arsenal FC”
  • “We’re by far the greatest team”
  • “The world has ever seen”

El clima del lugar se resumía con una idea que se repetía en la convivencia: “Cualquiera sea el clima, ganamos la liga”. Y esa frase funcionó tanto para quienes estaban afuera, empapándose bajo la lluvia, como para los de adentro, acostumbrados a domingos grises en los que Arsenal se enfrentó durante años al escepticismo.

De hecho, el partido comenzó con lluvia en Brooklyn, mientras en la pantalla Selhurst Park se veía con un clima más luminoso. Aun así, los cantos siguieron con la misma intensidad. A esa altura, la transmisión no era solo para “ver el fútbol”, sino para confirmar que la espera terminaba.

Arteta ajustó el equipo: el 2-1 y la liberación del festejo

Mikel Arteta introdujo cambios en el once inicial: arrancaron Gabriel Jesus y Noni Madueke. Ambos aportaron para que el partido tuviera el tono de un cierre con sabor a ceremonia. Jesus estuvo cerca de abrir el marcador apenas tres minutos después del arranque, pero un defensor de Palace despejó el balón sobre la línea. Luego de eso, siguió generando situaciones y terminó encontrando el premio en el minuto 41, cuando marcó para poner a Arsenal arriba antes del descanso. Ese tanto fue otra señal para que el bar volviera a estallar.

El trámite no fue lineal y tuvo tensión. Crystal Palace alcanzó la paridad en el minuto 88 y, momentos después, pareció volver a empatar. Sin embargo, ese segundo gol fue anulado por fuera de juego. Durante unos segundos, la alegría se confundió con esa ansiedad futbolera que muchos hinchas Gunners conocen por experiencia: el festejo estuvo cerca de volverse preocupación.

Al final, la historia se acomodó. Arsenal resistió y cerró el partido con un 2-1. Aunque el marcador no era el punto central del día, sí pesaba: un título celebrado siempre se disfruta más cuando viene después de un triunfo.

Troféo, calle y una noche que no quería pensar más allá

Lo mejor llegó después del pitazo final. La celebración empezó dentro del bar y enseguida se trasladó a la calle: botellas explotaron en todos lados, incluso las personalizadas con estética de Arsenal, y el champagne se mezcló con la lluvia. Los hinchas se abrazaron, cantaron y trataron de capturar un instante que, para muchos, habían esperado gran parte de la vida.

No importó que la copa no se levantara en el Emirates. Tampoco pesó demasiado que el título se hubiera definido días atrás de forma poco habitual. Tras tanta espera desde 2004, los detalles pasaron a segundo plano: lo importante era que Arsenal lo había logrado.

Con ese marco, apareció la siguiente meta en el horizonte. Arsenal ya mira la final de la Champions League contra PSG en Budapest, con la posibilidad de completar un doble histórico. En FancyFree, sin embargo, esa conversación quedó para más adelante: por unas horas, la mayoría no parecía lista para ir más allá del momento del trofeo.

En Brooklyn, la escena se completó con abrazos entre desconocidos, tatuajes relámpago en los brazos, el servicio de champagne y la lluvia cayendo igual. Y así, durante unas horas, un bar del barrio terminó pareciendo el centro del mundo para Arsenal.

Al final, el mensaje quedó claro: con lluvia o sin lluvia, Arsenal ganó.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.