Mientras las selecciones de todo el mundo siguen dando a conocer sus planteles definitivos para el Mundial, El Tri continúa con ajustes finos. La idea, puertas adentro, es encontrar la versión más competitiva del equipo que pueda hacer ruido en condición de local, y para eso Javier “Vasco” Aguirre está exprimiendo cada minuto disponible.

Los futbolistas que juegan en el exterior acortaron sus vacaciones para incorporarse a la concentración y entrar rápido en modo Mundial. México tiene su debut el 11 de junio en el Estadio Azteca, y antes de esa fecha el tramo de amistosos en Estados Unidos aparece como una especie de ensayo general. En ese contexto, la gira por el área metropolitana de Los Ángeles adquiere un peso extra: no se trata solo de un amistoso más, sino de una prueba con público y ambiente de gran cita.

El compromiso del sábado ante Australia en el Rose Bowl le permitirá a El Tri vivir de cerca el respaldo de su enorme hinchada en territorio estadounidense. De hecho, el equipo de comunicaciones de MexTour informó que ya se habían vendido más de 70.000 entradas para el partido del miércoles por la mañana, lo que convirtió Pasadena en una atmósfera parecida a la de una previa mundialista.

La última vez que México y Australia se cruzaron en suelo de Estados Unidos fue en 2023, en el AT&T Stadium de Arlington, otro escenario que también fue sede mundialista. Ese encuentro terminó 2-2 frente a 52.787 espectadores: Raúl Jiménez y César “Chino” Huerta anotaron para El Tri después de que Australia se pusiera 2-0 arriba.

Si bien en la concentración actual ya hay más de 20 jugadores que parecen tener asegurado su lugar en el Mundial, el amistoso del Rose Bowl se presenta como una de las últimas oportunidades reales para quienes todavía están al borde. El sábado por la noche será, en la práctica, el último examen antes de que México se sume al resto del mundo y el 1 de junio revele su lista final de 26 convocados.

En ese recorrido, Brian Gutierrez aparece como uno de los puntos a seguir. Desde que llegó al fútbol mexicano procedente de Chicago Fire FC, tanto en su etapa con Chivas como luego con El Tri, mostró una mentalidad de jugador que busca generar situaciones todo el tiempo. Pide la pelota, se mete en zonas peligrosas y no parece abrumado por la velocidad con la que fue creciendo su rol.

Aguirre conoce bien ese potencial y valoró la actitud de Gutierrez en un plantel que necesita con urgencia nuevas figuras en el ataque. Durante años, México intentó encontrar delanteros o jugadores ofensivos capaces de romper el ritmo, crear entre líneas y hacerse cargo sin depender de que el juego les “llegue servido”. En ese sentido, Gutierrez empezó a ofrecer exactamente ese tipo de soluciones.

Además, los próximos dos amistosos le dan una ventana dorada para consolidarse dentro del once inicial. Desde su llegada a México a principios de enero, su escalada en la consideración del cuerpo técnico no se detuvo. No rehúye el protagonismo cuando toca, aunque también se lo ve más cómodo sosteniendo su argumento dentro de la cancha, donde cada partido con minutos le va sumando confianza tanto de sus compañeros como del cuerpo técnico.

En otra zona, también es válido preguntarse por Luis Romo. A esta altura, puede sonar prematuro decir que podría transformarse en una pieza relevante para el Mundial, sobre todo porque los minutos con Aguirre todavía no terminan de reflejarlo del todo. Sin embargo, hay aspectos de su fútbol que lo vuelven especialmente interesante dentro del campamento.

En el juego ante Ghana, Romo pasó con naturalidad de una función más defensiva a una posición en el mediocampo. Esa versatilidad importa mucho para Aguirre, sobre todo mientras termina de definir cuál será la estructura más conveniente para México: si un sistema con tres atrás, un doble pivote o una línea media capaz de mutar durante el partido.

Romo puede actuar como líbero y, aun así, encarar el área con la intención de sumar como un atacante más. Si hay que pensar en un jugador que interpretaba el espacio con una amplitud similar, el nombre que aparece es el de Yaya Touré. No se trata de afirmar que Romo tenga el mismo repertorio técnico que el que mostró Touré en Barcelona y Manchester City, pero la comparación ayuda a entender la idea: un futbolista con capacidad para leer el juego desde distintos puntos y modificar su influencia sin que el sistema gire necesariamente alrededor de él.

En esta etapa, Romo también trabajó para dar un salto físico bajo la conducción de Aguirre y su cuerpo técnico. Fue una de las primeras cosas que resaltó después del triunfo 2-0 ante Ghana. La campaña mundialista va a exigir piernas, pulmones y preparación mental, especialmente con el debut en altura en Ciudad de México. Romo entiende ese desafío y podría terminar siendo valioso tanto desde el arranque como como una de las primeras opciones de Aguirre desde el banco.

El capítulo defensivo también deja preguntas abiertas. En Puebla, Edson Álvarez actuó como marcador central, un movimiento que por sí mismo instala con más urgencia la gran cuestión táctica en El Tri.

Álvarez no solo busca recuperar minutos: intenta recuperar sensaciones, ritmo y la certeza de ser una pieza indispensable para El Tri. Su etapa en el Fenerbahce no terminó como él hubiera querido, aunque sus pasos por Ajax y West Ham dejaron la marca de un jugador de gran nivel, capaz de cubrir terreno y de desempeñarse en distintos roles dentro del andamiaje defensivo.

Una característica que siempre destacó en Álvarez es que no se achica ante la adversidad. Su fútbol tiene una cualidad de “guerrero”, un perfil que encaja con una tradición muy asociada al deporte mexicano: la misma arista que se ve en grandes boxeadores, desde Julio César Chávez hasta Saúl “Canelo” Álvarez, marcada por el orgullo, la resiliencia y la negativa a desaparecer cuando la pelea se pone incómoda.

Aguirre lo sabe y por eso administrar el rol de Álvarez se vuelve más complejo. El presente de Erik Lira le da a México otra alternativa, quizá más limpia con la pelota. Contra equipos que se repliegan y obligan a El Tri a construir con paciencia, Lira podría tener ventajas. Pero cuando el rival empuja el partido hacia duelos físicos, el recorrido defensivo de Álvarez se vuelve mucho más difícil de ignorar.

Los próximos partidos servirán para que Aguirre defina qué lugar ocupa Álvarez de cara al debut. ¿Va a ser un mediocampista de contención? ¿Un tercer central en ciertos momentos? ¿O será un recurso según el rival, con un rol que cambie de acuerdo al contexto del encuentro?

Australia, por su parte, no llega al Rose Bowl como un compañero pasivo de práctica. Los Socceroos también están en el tramo final de evaluación de cara al Mundial. El equipo de Tony Popovic viene trabajando con una concentración tipo “campamento” en Sarasota, Florida, antes de mudarse a Los Ángeles para el partido ante México.

Como México, Australia también tiene que presentar su lista definitiva antes del 1 de junio. Y en ese período Popovic busca mirar un abanico más amplio para tomar sus decisiones finales con la mayor información posible.

Se trata de un seleccionado que sabe sobrevivir en partidos incómodos. En el Mundial 2022, Australia llegó a la instancia de eliminación directa y en octavos le plantó batalla a Argentina antes de caer 2-1. Ese torneo reforzó la reputación de los Socceroos como un equipo capaz de sufrir, mantenerse ordenado y complicar la vida incluso cuando no tiene control del balón.

Hay varios jugadores que pueden poner en aprietos a México. Mat Ryan aporta experiencia bajo los tres palos. Harry Souttar sigue siendo una amenaza importante en el juego aéreo. Jackson Irvine y Connor Metcalfe combinan química de club, energía en el mediocampo y solidez para masticar el partido. Nestory Irankunda suma explosividad. Awer Mabil, Martin Boyle y Mathew Leckie ofrecen recorrido y jerarquía en las bandas, mientras Alessandro Circati y Kye Rowles aportan profundidad defensiva. La lesión de Riley McGree es un golpe significativo, pero Australia mantiene suficiente estructura y calidad individual como para que este sea un ensayo útil para El Tri.

Para México, ese tipo de examen puede ser exactamente lo que necesita Aguirre. Australia no va a regalar espacios ni va a permitir que El Tri se sienta cómodo. La propuesta será incomodar la paciencia, exigir la defensa cuando el rival recupera y probar la capacidad de convertir el balón en peligro real.

En el tramo final de la preparación, Santiago Giménez entra como una de las historias más atractivas del plantel. Su temporada 2025-26 con AC Milan cerró con un gol en 18 apariciones, un registro que contrasta fuerte con lo que había hecho en Feyenoord: 65 tantos en 105 partidos, y el lugar ganado como uno de los delanteros mexicanos más emocionantes en Europa.

Cuando comenzó el ciclo de Aguirre, la sensación era que el rol de Giménez era central. En la Final Four de la Liga de Naciones Concacaf 2025 incluso arrancó junto a Raúl Jiménez, una señal de que el entrenador y su cuerpo técnico creían que México podía funcionar con dos delanteros en cancha. Esa idea no se apagó: el staff mantiene una valoración alta del atacante y lo ve como un jugador con chances de transformarse en un componente importante del ataque de El Tri.

Igual, el Mundial no espera a que vuelva la confianza por inercia. Para “Santi”, lo mejor que puede pasar es simple: convertir en alguno de estos amistosos y recordarle a todos por qué su figura pesa. Muy pocos futbolistas mexicanos pueden decir que juegan en un club histórico del fútbol europeo, y Giménez puede hacerlo. Ahora el desafío es sostenerse dentro de esa categoría, tanto en el rendimiento como en la manera de llevar la competencia en su primer Mundial con la camiseta de México.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.