Klopp ya estaba encaminado a su salida, así que no hacía falta que Mohamed Salah se expusiera a quebrar la relación con la hinchada de Liverpool tomando partido contra uno de los entrenadores más queridos de la historia del club. Allí, el panorama estaba definido: solo podía haber un ganador.

En contraste total, Salah no mostró reparos para criticar en público al sucesor de Klopp, Arne Slot. Su declaración de la semana pasada no incluyó el nombre del neerlandés, pero el blanco de su molestia quedó clarísimo para cualquiera, incluso para los compañeros que le dieron “me gusta” al post de Instagram del delantero.

En lo que va de la temporada, fue prácticamente el tercer encontronazo de Salah con Slot. La primera vez lo sorprendió por completo al entrenador, pero esta última reacción terminó siendo la que más daño provocó, tanto dentro como fuera del vestuario.

Cuando Liverpool confirmó el alejamiento de Salah antes de que terminara el certamen, y además lo hizo a pedido del propio jugador, quedó claro que no iba a cerrar esa etapa en silencio. No es el estilo del egipcio: aunque suele hablar poco, cada vez que se mostró disconforme en Anfield durante los últimos nueve años, terminó dejando en evidencia su postura de una u otra manera.

Por eso, era lógico que un futbolista que antes se irritaba incluso por ser reemplazado por Klopp reaccionara mal cuando Slot lo dejó en el banco apenas seis meses después de que Salah fuera clave para que Liverpool ganara el título, en una de las campañas individuales más destacadas de la historia reciente en la Premier League.

Además, lo ocurrido en Elland Road en diciembre todavía tiene el eco en la tribuna. En aquel momento, Salah sostuvo que “alguien” dentro del club quería que él “cargara con toda la culpa” por el peor tramo de resultados de Liverpool en 71 años, y también reveló que su relación previa, que calificó como “buena con el DT”, se había roto por completo.

La actitud desafiante de Salah fue cuestionada con dureza y con razón. Fue una falta de forma, impropia de un profesional de su jerarquía, y no podía caer bien en un grupo de jugadores que, en clubes anteriores, siempre tuvo como regla de oro “no lavar la ropa sucia en público”.

Ese mismo criterio aplica a la última salida del egipcio. Esta vez, con 33 años, volvió a señalar a Slot como responsable del rumbo catastrófico del equipo, acusándolo de alejarse demasiado del fútbol “heavy metal” que impulsaba Klopp. Fue otra manifestación de rebeldía, pero con intención: un intento claro de tomar el control del relato antes del último partido de Liverpool en la temporada, y también antes de su despedida definitiva en Anfield.

El problema para Slot es que el movimiento le salió caro, porque queda atrapado en una trampa: si lo deja afuera ante Brentford, lo condenan; y si lo alinea, también lo van a castigar. En cualquier caso, el ruido ya está instalado.

Incluso con el mejor esfuerzo de Jamie Carragher y compañía por seguir instalando a Salah como el villano, los hinchas no están dispuestos a comprar esa versión. De hecho, hubo un momento llamativo durante el último intento de Carragher por desacreditar al delantero en “Monday Night Football”: una encuesta mostró que el 92% de los Reds respaldaba a Salah por encima de Slot.

Hasta ahí, el dato podría relativizarse si se considerara que la opinión de la gente en redes no siempre es fiel. Pero lo que se vio en el partido anterior en casa, frente a Chelsea, dejó claro que el rechazo también llegó desde la grada. Y, por si hacía falta, había motivos.

Si quedaba alguna duda de que los problemas de Slot no se limitaban a una cuestión personal con Salah, en los últimos seis meses se borró cualquier margen. Liverpool no ganó ni un partido en 2026 cuando Salah no estuvo en cancha. Y la decisión del entrenador de dejarlo fuera en ambos choques de los cuartos de final de Champions League ante Paris Saint-Germain terminó de verse absurda: pese a que el delantero solo jugó 59 minutos dentro de los 180 totales, ningún jugador de Liverpool generó más chances contra el equipo de Luis Enrique.

Ahora bien, eso no significa que los fanáticos estén conformes con el rendimiento de Salah esta temporada, ni que se hayan olvidado de la forma en que expresó su enojo. Al contrario: no les gustó nada que una leyenda viva del club saliera a manifestar su disgusto en Instagram con el DT actual.

Sin embargo, a diferencia de gran parte de la cobertura mediática, muchos hinchas están mirando el fondo del mensaje por encima del canal. Y en ese punto se repite una idea: una porción enorme del estadio sigue con sorpresa y bronca por el hecho de que el reemplazo ideal de Slot, Xabi Alonso, terminó aceptando un proyecto en Chelsea.

Lo cierto es que Liverpool perdió el rumbo con Slot. Antes era un equipo difícil de enfrentar; hoy se vuelve sencillo de vulnerar. Y ese diagnóstico apunta al entrenador, porque los rivales no están encontrando fórmulas nuevas: repiten lo mismo una y otra vez y consiguen resultados a través de recursos conocidos, como las jugadas a balón parado, los bloques bajos y las transiciones rápidas.

Slot asegura que entiende la frustración de los hinchas, pero sostiene que “están subestimando lo que puede hacer una ventana de transferencias”. La pregunta que se impone es otra: ¿cómo esperar fe en el trabajo de reclutamiento si el club invirtió 450 millones de libras en el último verano y, aun así, debilitó de forma significativa al plantel que venía siendo el más fuerte de la liga?

Además, hasta acá la inversión no viene acompañada por resultados claros con las nuevas incorporaciones. Hugo Ekitike aparece como el único saldo positivo hasta ahora. Y curiosamente, el delantero francés incluso se sumó al clima del vestuario al darle “me gusta” al post de Salah que lamentaba el estilo de Liverpool, junto con otros fichajes del verano 2025: Milos Kerkez, Jeremie Frimpong y Giovanni Leoni.

En ese contexto, también pesó lo que hicieron Dominik Szoboszlai, Curtis Jones y Andy Robertson al apoyar públicamente la postura de Salah. Es un detalle especialmente relevante porque, en distintos momentos de los últimos meses, los tres admitieron que la campaña del equipo no estuvo ni cerca de ser suficiente.

Así que, aunque el comunicado de Salah fue claramente movido por su propio interés y con el timing pensado para generar el mayor golpe posible a Slot, no parece que él sea el único responsable del clima de rebelión en Merseyside. La gran mayoría de los Reds está inquieta, y el motivo es sencillo: los partidos de Liverpool son tan difíciles de jugar como aburridos de mirar.

Slot, como viene haciendo durante todo el año, intentará apelar a factores atenuantes. Incluso considerando los problemas de lesiones, no alcanza para justificar lo que se ve en el balance: 52 goles en contra en la liga y 19 derrotas en todas las competiciones. En toda una campaña, desde el último ascenso del club en 1962, solo una vez Liverpool había sufrido más derrotas.

También resulta ofensivo para la gente que se repita la idea de que esta temporada “tenía que ser de transición”. Lo dice la lógica y lo desmiente la memoria reciente: el plantel de Slot no está jugando como el equipo que en abril anterior se consagró campeón de la Premier League. Fenway Sports Group (FSG) no encaró una expansión de gasto histórica para terminar quinto.

Y si los dueños esperaban al menos señales concretas de mejora con el paso de los meses, lo visto no alcanza. No hay indicios de que sacar a Salah, a Robertson o a Jones del once vaya a resolver el problema grande que tiene Liverpool, tanto en el funcionamiento como en los resultados.

La verdad incómoda es que, aunque Salah haya estado equivocado al airear sus reclamos en público, lo que dijo terminó siendo correcto. Liverpool está ofreciendo resultados inaceptables, sus partidos se volvieron demasiado a menudo poco atractivos, y la situación de Slot hoy es insostenible. La poca credibilidad que aún le quedaba al entrenador se terminó de romper con la magnitud del apoyo que recibió la despedida de Salah.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.