Las recientes dificultades de Real Madrid volvieron a encender interrogantes alrededor de Kylian Mbappé. Su llegada, libre en 2024 tras el final de su etapa en PSG, se había leído como una operación inevitable y, en lo individual, el delantero respondió: la temporada pasada marcó 31 goles en La Liga y en el certamen actual sumó 24. Sin embargo, desde el entorno del club ahora aparece una duda de fondo: si incorporar al francés fue realmente la decisión correcta en un plantel donde Vinicius Junior ya estaba consolidado como figura. En ese sentido, la llegada de Mbappé fue enmarcada como un “proyecto personal” de Florentino Pérez, y el argumento que gana fuerza es que esa apuesta terminó desbalanceando el funcionamiento del equipo. Además, el problema no se limitó a lo táctico: durante los ciclos de Carlo Ancelotti, Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa, ninguno logró construir una estructura que encaje con Mbappé, Vinicius y Jude Bellingham al mismo tiempo.
El dolor táctico que derivó en una interna
Lo que empezó como un rompecabezas para el entrenador terminó mutando a una pulseada interna, con un debate muy puntual durante el paso de Xabi Alonso: la discusión entre Vinicius y Mbappé ocupó gran parte del ruido interno en su breve etapa, que duró 233 días. Aunque en el plano local Mbappé mantiene números que sostienen su valor, en Europa la exigencia es otra y allí crecen las miradas críticas. El francés disputó 25 partidos de Champions League con Real Madrid y el club perdió 10 de ellos. En esa línea, el dato pesa por el tipo de eliminaciones: hubo caídas en instancias de eliminación directa ante Arsenal y Bayern Munich. A ese escenario se le suma un factor que también impacta en la lectura: las lesiones. En lo que va del año, las molestias restringieron su disponibilidad y lo llevaron a perder partidos de alto voltaje, incluyendo compromisos clave contra Manchester City, Benfica y el clásico del domingo, que terminó con derrota 2-0 ante Barcelona.
Cuestionamientos por actitud: el episodio del viaje y el “Hala Madrid”
En este contexto, por primera vez el debate ya no pasa solo por lo futbolístico: también se empieza a hablar en serio de actitud y compromiso. El detonante fue un episodio reciente ligado a su recuperación: se lo vinculó a unas vacaciones junto a su pareja mientras se recuperaba de una lesión. Y el detalle que encendió chispas fue el timing: regresó a Madrid apenas minutos antes de que el equipo jugara contra Espanyol, lo que en el entorno se calificó como un “desastre” en términos de imagen pública.
Desde su círculo, las críticas fueron rechazadas con un argumento puntual: sostuvieron que se trató de una “sobreinterpretación” de hechos vinculados a un período de recuperación estrictamente supervisado por el club. En paralelo, durante su ausencia en el clásico, su presencia pública se redujo a un gesto digital: publicó en Instagram una frase de aliento, “Hala Madrid”, que apareció cuando Barcelona ya ganaba 2-0. Además, se informó que hubo focos de tensión en bambalinas entre el delantero francés y el cuerpo técnico de Álvaro Arbeloa, lo que suma más combustible a la narrativa de una convivencia complicada.
Presión inédita de cara al próximo año
Con todo este escenario, Mbappé afrontará la próxima temporada bajo un nivel de presión poco habitual. El cuestionamiento que hoy enfrenta es de una intensidad que no se veía antes, y el desafío pasa por sostener el rendimiento tanto en lo individual como en lo colectivo. En la interna, el plantel necesita que el francés justifique su rol protagónico en el corazón del proyecto de Real Madrid, que por ahora muestra señales de estancamiento. La exigencia es clara: si no aparecen resultados y coherencia futbolística, el clima puede empeorar todavía más.
