El PSG sintió un golpe fuerte al alejarse de la etapa “galáctica”. Con las salidas de Lionel Messi, Neymar y, más tarde, Kylian Mbappé, el campeón francés tuvo dificultades para convencer a la élite europea de que seguía siendo un destino de primer nivel. Y esa sensación no quedó solo en el exterior: puertas adentro apareció el temor de que el club volviera a ser “chico”, algo que se vio reflejado en la forma de encarar los fichajes y en la respuesta de varios nombres importantes.
El fin de una era y el miedo a perder jerarquía
Tras la salida de Mbappé, Messi y Neymar, en París se instaló una ansiedad interna: un sector de jugadores y personal habría entendido que el PSG podía retroceder en estatura, alejándose del perfil de gran candidato que supo instalar en Europa. La pérdida de esas piezas afectó directamente la “marca” del club en el continente: al irse los pilares que sostenían su identidad global, se abrió un vacío de figuras en el Parc des Princes.
En ese contexto, la dirigencia encontró un obstáculo mayor al intentar vender un plan deportivo con horizonte claro. A medida que el tiempo pasaba y los referentes se marchaban, se hacía más difícil sostener una idea de futuro que mantuviera la misma gravitación entre los mejores. El resultado fue que varios objetivos comenzaron a mirar otras opciones, buscando garantías futbolísticas inmediatas.
El caso Kane: negociación, diálogo familiar y un “no” con lógica de Champions
Dentro de la búsqueda de un reemplazo para la cuota goleadora que dejaron los delanteros que se fueron, el PSG apuntó fuerte a Harry Kane. Incluso se avanzó con negociaciones intensas con el entorno del capitán de Inglaterra, una señal clara de que el club consideraba al atacante como pieza necesaria para recomponer el frente de ataque.
Pero el entendimiento no prosperó. La información indica que hubo conversaciones con el hermano y con el padre del futbolista, aunque Kane no terminó de convencerse con la propuesta que se le ofrecía.
Desde el propio PSG se explicó el motivo del rechazo con una frase que deja pocas dudas: a su edad, Kane quería un club con capacidad de ganar la Champions League “ya”, y no terminaba de creer en el proyecto del PSG. Con esa decisión, el delantero eligió estabilidad en Baviera, dejando al club parisino con la reflexión de que no pudo captar a un sucesor de nivel mundial para su línea ofensiva.
La misma señal en el mercado: Olise también se decantó por Alemania
El “no” a la hora de aterrizar figuras no quedó limitado a un nombre veterano como Kane. También se habría observado que talentos más jóvenes, con aspiraciones en crecimiento, mostraron preferencia por el modelo alemán. Uno de los ejemplos fue Michael Olise, que estaba haciendo ruido en Crystal Palace y figuraba entre los objetivos destacados del PSG.
En el desenlace, Olise analizó sus posibilidades con calma y concluyó que su desarrollo podía ser mejor si se alejaba de la capital francesa. Finalmente, su destino fue el Allianz Arena: llegó para acompañar a Kane en una operación de alto monto.
Desde el lado del PSG admitieron que, una vez que el jugador decidió su rumbo, la capacidad de reacción quedó reducida. Sobre la decisión del extremo, el club remarcó que la elección era suya: evaluó distintos factores y, como ocurrió con otros nombres, terminó optando por otro proyecto.
De los rechazos al cambio de rumbo: Luis Enrique recompuso la identidad
Con el impacto de estos tropiezos en el mercado, en París había quedado instalada la narrativa de que el PSG se estaba achicando. Sin embargo, el relato cambió con el tiempo a partir de un proceso de reinvención táctica. La identidad colectiva construida por Luis Enrique habría ayudado a recomponer parte del prestigio dañado y a ordenar la imagen del equipo.
En esa evolución, la cohesión del plantel se transformó en un argumento más convincente que el de las estrellas individuales. Y el efecto se empezó a notar en el plano continental: el PSG mejoró sus actuaciones en Europa, lo que fue apagando críticas que antes ganaban terreno con cada frustración del mercado.
Así, la historia de Kane y Olise —que en su momento parecían confirmar la idea de que el PSG perdía atractivo— quedó contrastada por una fase posterior donde el funcionamiento del equipo se volvió la base para recuperar credibilidad deportiva.
Una nueva estrategia de reclutamiento: compensar salidas y evitar el “bling-bling”
Más allá del plano futbolístico, el PSG también ajustó su forma de pensar el mercado. Se habría dejado atrás la obsesión por fichar figuras sueltas para avanzar hacia una planificación más equilibrada: la prioridad pasó a ser construir un plantel competitivo con balance entre líneas, en lugar de depender de incorporaciones vistosas que marcaron la década anterior.
En ese sentido, las reglas internas ahora establecen un criterio concreto: cada salida debe ser compensada numéricamente. La idea es que el equipo mantenga su competitividad sin necesidad de recurrir a un perfil de contrataciones “de lujo”, el mismo estilo que había caracterizado a la etapa previa.
En síntesis, el PSG intentó primero sostener su poder de atracción con grandes nombres y encontró resistencia. Luego, con reinvención táctica y una estructura de trabajo más ordenada, comenzó a reconstruir la imagen: menos promesas individuales, más identidad colectiva y un mercado pensado para equilibrar el equipo.
