Del lado opuesto del país, Manchester City despidió a Pep Guardiola con un homenaje cargado de gratitud, justo en el momento en que Liverpool cerraba su ciclo con Mohamed Salah, una leyenda viva que puso punto final a un paso sensacional de nueve años en Anfield. En el medio, la emoción tuvo su pico máximo en Selhurst Park: Arsenal, después de una espera de 22 años, alzó la Premier League por primera vez en ese lapso y sus hinchas lo festejaron como una reivindicación largamente postergada.
Ahora bien, ¿quiénes fueron los grandes ganadores de la campaña 2025-26? GOAL lo desmenuza: el torneo dejó lecciones claras, decisiones determinantes y, sobre todo, señales contundentes sobre qué equipos supieron adaptarse y cuáles quedaron expuestos.
El gran golpe de Liverpool: la falta de adaptación en los saques detenidos
Hay varias explicaciones para el mal andar de Liverpool en su defensa del título, pero una se repite como una de las más relevantes: la dificultad para resolver saques detenidos. Arne Slot lo admitió con preocupación de cara al último partido de la temporada contra Brentford, cuando señaló que con el paso de un año el fútbol cambió mucho y que los Reds pagaron con dureza no haber sabido amoldarse.
El problema no fue menor. Liverpool no incorporó un especialista real en jugadas de estrategia bajo la conducción de Slot: en septiembre del año pasado, en vez de contratar a un perfil específico, promovieron a Aaron Briggs al rol. La experiencia no resultó como se esperaba. Briggs salió del puesto en diciembre y, sin dejar de reconocer que el club buscó una solución, era difícil no sentir algo de empatía por un profesional que había sido contratado inicialmente como “coach para el desarrollo individual”.
La campaña 2025-26 dejó una idea que ya no admite dudas: contar con un entrenador de pelota parada sólido es clave. Corners, tiros libres y también los saques laterales ganan peso con el correr de las temporadas. De hecho, aparece un dato llamativo: los equipos que marcaron más goles desde situaciones de balón detenido en cada una de las cuatro ligas de élite de Inglaterra fueron los campeones.
Por eso, si Liverpool quiere volver a disputar la Premier con chances reales el próximo año, tendrá que buscar su propio “Nicolas Jover” o “Austin MacPhee” durante el mercado, es decir, un perfil que convierta la pelota quieta en ventaja y no en deuda.
Slot: cómo puede ser “ganador” y aun así recibir críticas
Slot puede considerarse un “ganador” en el sentido más frío: sigue siendo el entrenador de Liverpool. Aun así, su etapa dejó una marca complicada, con una de las peores defensas de título en la historia reciente de la Premier League. El holandés logró atravesar la temporada y terminarla, pero el camino fue áspero: en el entorno pesó la presión por el desgaste que generaron los comentarios de Mohamed Salah sobre el estilo del equipo y la caída de estándares dentro del vestuario.
Sin embargo, cuando llegó mayo y el 0-0 o empate en Anfield ante Chelsea se volvió una postal que dolió, quedó claro que la paciencia de la gente se terminó. Los hinchas perdieron la confianza en el DT: antes incluso de que terminara la humillante eliminación copera ante Manchester City, ya se escuchaban cantos por Xabi Alonso. Y, claro, el reclamo no era solo por Slot: la afición entiende que la regresión del equipo no depende únicamente del entrenador.
En ese punto, el foco se desplazó hacia Fenway Sports Group (FSG), con Michael Edwards como CEO de Football, y Richard Hughes como director deportivo. Ellos aparecen como responsables de un gasto de 450 millones de libras en el verano que terminó debilitando a un plantel que, en papel, era el mejor parado del país. De los 10 futbolistas que llegaron a Anfield el año pasado, solo Hugo Ekitike puede mirarse como un acierto sin letra chica, aunque ni siquiera así hay certezas: en abril sufrió una ruptura del tendón de Aquiles y su futuro quedó condicionado.
El resto no acompañó. Florian Wirtz, valuado en 100 millones, mostró destellos pero no terminó de convencer de forma sostenida. Giorgi Mamardashvili no parece una mejora clara frente a Caoimhin Kelleher, y mucho menos respecto de Alisson Becker. Jeremie Frimpong tuvo problemas de forma y de estado físico, mientras que Alexander Isak, récord británico de fichajes, terminó instalado en la conversación como uno de los grandes fracasos del fútbol.
Con ese panorama, el comienzo de la próxima temporada se siente como una instancia definitoria para Slot, Edwards y Hughes. Los tres terminan contrato en 2027 y, hoy por hoy, no hay un clima de pedido de renovación desde la hinchada.
Man United, Carrick y el contraste con Amorim
La situación de Ruben Amorim en Manchester United ya era mala cuando lo echaron el 5 de enero. Pero el golpe terminó siendo más duro por lo que ocurrió después: el trabajo de Michael Carrick durante los últimos seis meses hizo que la reputación previa del portugués quedara en ridículo.
Amorim había quedado con la ventaja de no competir en Europa, pero aun así United estaba sexto al momento de su salida. Con Carrick, el equipo cerró tercero. Y además, en la segunda mitad de la Premier, sumó más puntos que cualquier otro entrenador del torneo.
Lo más incómodo para Amorim es que Carrick no pareció hacer nada “revolucionario” desde lo táctico. Realizó cambios evidentes que Amorim, por su terquedad, ni siquiera contemplaba. Dejó atrás la defensa de tres, colocó a Bruno Fernandes en su mejor rol detrás del 9 y volvió a meter en el equipo a Kobbie Mainoo, que había quedado inexplicablemente marginado.
Amorim tiene 41 años y su paso por Sporting CP no debe borrarse de un plumazo. Pero en Inglaterra se le quedó grabada otra imagen: un entrenador que, en el marco de una derrota de Carabao Cup ante Grimsby Town el agosto pasado, movía piezas con desesperación en un tablero táctico.
En el fondo, aunque el estilo de Amorim tiene una base y su trabajo en Portugal fue relevante, el recuerdo que quedó fue el de un “fracaso” que, pese a estar recién despedido de Spurs, consiguió otro trabajo en la Premier.
Premios individuales, Arsenal campeón y el contraste con Chelsea
Hay una teoría instalada sobre que el jugador de la temporada debería salir siempre del campeón. Pero esa idea es, directamente, un sinsentido. Aunque el fútbol sea un deporte colectivo, se trata de un premio individual: el mejor jugador de la liga no necesariamente viste al equipo más ganador.
Y este año lo confirma. David Raya, Declan Rice y Gabriel Magalhaes fueron figuras en Arsenal, campeón. Aun así, Bruno Fernandes fue, sin discusión, el jugador de la temporada. Puede que no sea un personaje especialmente simpático, pero nadie en la liga tuvo una influencia tan directa sobre su equipo como el portugués en Manchester United.
En palabras simples: los Red Devils ni siquiera habrían quedado cerca del tercer puesto sin su capitán. Además, Fernandes rompió el récord de asistencias de Premier League que antes compartían Kevin De Bruyne y Thierry Henry. Fue un logro histórico, un premio para un futbolista que, en el fondo, rara vez recibe el reconocimiento que merece: durante los últimos cinco años fue el 10 más creativo y más trabajador del fútbol mundial.
Mientras tanto, en Stamford Bridge se respiró una mezcla de cautela y esperanza. Hay versiones de que BlueCo, los dueños de Chelsea, decidieron por fin mejorar su estrategia de reclutamiento: que el club empiece a sumar jugadores probados, en lugar de centrarse únicamente en absorber talento joven de alto perfil. Ese cambio, aunque tardío, habría ayudado a que Xabi Alonso acepte el desafío como entrenador permanente este verano, en reemplazo de Liam Rosenior. También se menciona que la ausencia de competencias europeas puede favorecer la preparación del español, ya que con menos partidos tendrá una semana casi siempre completa para trabajar para cada duelo de Premier.
Pero sería injusto maquillar la realidad: la campaña 2025-26 de Chelsea en la Premier fue una catástrofe. Después de un verano con el título del Club World Cup en Estados Unidos como argumento, el equipo era candidato. Sin embargo, ya quedó fuera de la pelea cuando decidieron despedir a Enzo Maresca, justificando la medida por una supuesta falta de obediencia, y lo reemplazaron por “hombre de la casa” Rosenior.
El cambio, lejos de funcionar, terminó confirmando lo que muchos anticipaban: Rosenior, ex entrenador de Strasbourg, no logró ganarse al vestuario, que seguía aferrado a Maresca. Y además, llegó a un punto insostenible en tiempo récord: lo echaron apenas un poco más de cuatro meses dentro de un contrato absurdo de 5 años y medio, después de una racha de cinco derrotas consecutivas en liga, con un detalle que terminó de hundir la esperanza: el equipo no convirtió un solo gol en ese tramo.
No clasificar a Champions League fue una pérdida financiera enorme para un club que enfrenta un escrutinio creciente. Y aunque el interim coach Calum McFarlane logró que el equipo llegue a la final de la FA Cup, eso no alcanzó para calmar el ánimo de la gente. Algunos hinchas caminaron por Wembley Way con una pancarta que decía: “BlueCo out! We want our Chelsea back”.
Es difícil que se cumpla el deseo todavía, pero si el ciclo de Alonso arranca lento, la presión va a crecer sobre Todd Boehly y compañía. Porque, aunque Chelsea pueda ser “campeón del mundo”, la sensación que se instala es que los dueños están entre los más desorientados del fútbol actual.
Maresca, Rosenior y el “encadenado” que terminó favoreciéndolo
Un entrenador que estuvo sin trabajo desde que lo despidieron a mitad de temporada podría parecer una elección rara para hablar de “ganadores”. Sin embargo, los últimos seis meses le fueron muy bien a Enzo Maresca.
Su decisión de criticar al club después de una victoria rutinaria sobre Everton, en diciembre, pudo sonar extraña. Pero la lectura cambia con el tiempo: Maresca habría “hablado de más” a propósito y, en la práctica, terminó empujándose hacia afuera de Stamford Bridge. La idea era clara: ya estaba encaminado para otro proyecto en el Etihad Stadium.
Es cierto que algunos discutieron su capacidad para suceder a Pep Guardiola en Manchester City, más allá de la relación previa de trabajo. Pero su paso reciente por Chelsea se ve con muy buenos ojos desde que se fue.
En la segunda parte de la temporada, Chelsea se desmoronó bajo Liam Rosenior. Y fue clave que jugadores determinantes como Enzo Fernández y Marc Cucurella sintieran la necesidad de expresar públicamente su disgusto por la decisión de echar a Maresca, el cerebro del equipo que había vapuleado a Paris Saint-Germain en la final del Club World Cup del verano pasado.
En resumen: que lo despidieran en Stamford Bridge, en medio de un clima desordenado, terminó siendo lo mejor para Maresca. En el momento más duro de su carrera, se movió hacia un club mucho mejor gestionado.
Postecoglou en Forest: la defensa en conferencia y la salida 18 minutos después
Durante una conferencia de prensa extraordinaria el 18 de octubre, Ange Postecoglou respondió con intensidad al rumor sobre su futuro como entrenador de Nottingham Forest. En esa defensa apasionada, el australiano remarcó con firmeza que su “historia” en el City Ground terminaría del mismo modo que en sus clubes anteriores: “con un trofeo conmigo”.
Pero al día siguiente, la historia se cortó. Postecoglou fue despedido tras la caída 3-0 en casa ante Chelsea, apenas 18 minutos después del partido. El golpe fue duro: estaba al mando apenas 39 días, por lo que se convirtió en el entrenador permanente con menos tiempo en el cargo en la historia de la Premier League.
Además, no ganó ninguno de los ocho encuentros que dirigió en todas las competiciones. Perdió seis, incluyendo un cruce de Carabao Cup ante Swansea City.
Se reconoce que Postecoglou es un personaje con ideas audaces y un enfoque de fútbol valiente. Pero su etapa históricamente desastrosa en Forest no cambió la percepción instalada: el “fracaso” que tuvo suerte de conseguir otra chance en la Premier, poco tiempo después de ser despedido de Spurs.
Arteta y Arsenal: ganar el título con estilo “feo” pero efectivo
Para Mikel Arteta, esta fue una campaña de vida o muerte en Arsenal. Tras cinco temporadas completas sin levantar un trofeo, el español necesitaba sí o sí conseguir algo. A pesar de otro abril ansioso, que encendió el temor de otra “bottle job” (decepción final), llevó a los Gunners a su primer título de Premier desde 2004.
No fue una victoria para el “juego lindo”. Arsenal llevó el concepto de ganar feo a un nuevo nivel: manejo del tiempo, actuaciones teatrales y una dependencia marcada en la pelota parada para construir goles. El 1-0 sobre Burnley, que terminó de sellar el campeonato, resumió ese método: tanto David Raya como Leandro Trossard simularon lesiones en los instantes finales de un triunfo sobre el segundo peor equipo de la liga, con un gol de cabeza a partir de un corner.
Aun así, y aunque Thierry Henry admitió que su estilo no le convenció, el ex delantero francés entendió —como muchos en el club— que el resultado justifica el camino. Arsenal está cerca de un hito enorme: un doblete histórico entre Premier League y Champions League.
Con lo que se diga de Arteta, sus métodos y el tiempo que le demandó reconstruir al equipo con dinero y paciencia, lo cierto es que merece respeto por haber transformado a “especialistas en fallar” en el mejor plantel de Inglaterra y, con chances reales, también de Europa. El proceso no fue bonito, pero fue efectivo.
Guardiola se va: City con incertidumbre y posibles salidas en cadena
El 19 de mayo de 2026 fue, para los hinchas de Manchester City, uno de los días más tristes del último decenio. Primero, debieron procesar el impacto de reportes confiables sobre que Pep Guardiola decidió dar un paso al costado al término de la temporada. Después, tuvieron que ver cómo la posibilidad de cerrar su ciclo con un séptimo título de Premier League se derrumbaba en Bournemouth.
La decisión de Guardiola de marcharse este verano, y no cuando termine su contrato el año próximo, tampoco sorprendió tanto: se venía hablando de que se bajaría del proyecto pase lo que pase en la recta final. Además, dos copas domésticas todavía estaban disponibles, un marco perfecto para cerrar la etapa con trofeos y, al mismo tiempo, demostrar que el City armado por el catalán tiene capacidad para sostener una era de dominio sin precedentes.
Pero Guardiola no es el único que se va. El capitán inspirador Bernardo Silva también saldrá del club, y su ausencia se sentirá tanto dentro del campo como afuera. Y el dato que enciende alertas es si Rodri acompaña la salida. Incluso hay una pregunta abierta: si Erling Haaland resistirá la tentación de sumarse a un club verdaderamente top del mundo.
Lo que está claro es que City entra en tiempos preocupantes. Por encima de todo, Guardiola era el activo más valioso del club: el genio de la conducción con el que todos querían trabajar. Ese “aura” será imposible de replicar. Así, el clima de supuesta “alarma” que se hablaba en el norte de Londres hace un mes se convirtió en ansiedad en la mitad azul de Manchester.
Aston Villa: el giro de Emery, la frase de Faulkner y el caso Elliott
Un año atrás, en Aston Villa la inquietud también era grande. No entrar a la Champions League fue, como lo expresó Ezri Konsa, “un golpe durísimo para los jugadores”. Pero también se trató de un golpe económico, porque esa ausencia implicó un presupuesto de transferencias aún más acotado, en un club que ya carga con dificultades conocidas dentro de las Profit & Sustainability Regulations de la Premier League.
Un verano que no terminó de convencer tampoco elevó el ánimo en Villa Park. Y con el equipo sin lograr triunfos en los primeros cinco partidos, las sensaciones en la grada eran de posible descenso.
En ese contexto, imaginar que Villa terminaría cuarto y además ganaría un primer trofeo europeo en tres décadas era algo casi absurdo. Pero el ex CEO Paul Faulkner dejó una idea contundente: Unai Emery es “un genio”. Según su lectura, el español tomó un equipo que sufría bajo Steven Gerrard y lo transformó por completo. Incluso con un plantel con muchos jugadores que ya estaban desde antes, Emery logró tejer la unidad y sostener resultados de forma constante.
“Ha sido increíble como entrenador”, sostuvo Faulkner en declaraciones que reflejaron su admiración. “El equipo estaba sufriendo con su antecesor, Gerrard, y él lo cambió. Tiene una base parecida, sumaron algunas piezas al plantel, pero hay gran parte del grupo que ya estaba desde hace mucho tiempo. Se ve cómo arma el bloque y cómo logra que haya regularidad. Es realmente notable”.
Así, el mismo hombre que antes era burlado con dureza en Arsenal pasó a ser considerado una leyenda viva en Villa.
Tras la goleada de Aston Villa por Europa League frente a Freiburg, Harvey Elliott utilizó Instagram para escribir: “Estaba escrito en las estrellas desde que firmé. ¡Vamos por Villa! Tuve un rol enorme. En serio: gracias a los hinchas por todo. Disfruten”.
La mezcla de sinceridad y humor autocrítico es típica del británico, pero también inevitablemente genera pena por uno de los personajes más queridos del fútbol.
Elliott llegó a Villa buscando minutos y una oportunidad real después de salir de Liverpool el verano anterior. Sin embargo, con 23 años, no disputó un solo minuto desde marzo. La razón sería que el club no quiso activar la obligación de compra de 35 millones pactada en el préstamo, al no permitirle llegar a 10 apariciones en liga.
Se habló de que Monchi, ex director deportivo, habría traído a un jugador que Emery no quería. Pero el español no dio una explicación completa sobre por qué Elliott fue rápidamente considerado prescindible.
“Explicar ahora el motivo de esta decisión es difícil o es fácil, pero no es el momento”, expresó Emery al inicio de este mes, y al mismo tiempo elogió la profesionalidad y la personalidad del jugador. “Mis disculpas por Harvey Elliott están cada día en mi cabeza”.
Su contrición, aunque sea admirable, no cambia el presente del futbolista: Elliott llegó a Villa con el objetivo de ganarse un lugar en la convocatoria para la Copa del Mundo con Inglaterra y hoy vuelve a Anfield con un futuro incierto, luego de perder un año entero de su carrera. Aun así, la reacción muestra carácter: es capaz de reírse incluso cuando la situación es triste y desesperante.
Championship y la supervivencia: Leeds, Sunderland y el mérito de resistir
La temporada volvió a confirmar que la Championship es ferozmente competitiva. Los clubes están dispuestos a ir a extremos ridículos para asegurar el ascenso a Premier: ya sea arriesgando lo financiero con inversiones descomunales en jugadores, o incluso espiando entrenamientos del rival.
El problema es que, aunque salir de la segunda división es complicado, volver a caer en ella es relativamente fácil. Por eso, antes de empezar la Premier, se esperaba que los tres recién ascendidos descendieran por tercer año consecutivo. Pero esa idea solo se cumplió en parte: Burnley fue el único que no logró evitar el golpe.
Leeds tenía preocupación de cara a abril, pero matemáticamente ya estaba salvado con tres fechas restantes gracias a una racha de invicto que incluyó un triunfo histórico sobre Manchester United en Old Trafford. Así, Daniel Farke pasó de estar “muerto” a convertirse en candidato para llevarse la “libertad” de la ciudad.
Y todavía hubo algo más llamativo en el caso de Regis Le Bris en el Stadium of Light. Sunderland invirtió fuerte el verano pasado, pero nadie esperaba que terminara séptimo después de empatar 0-0 con Manchester City el día de Año Nuevo. Mucho menos que concluyera ahí. Sin embargo, los Black Cats ganaron los dos últimos partidos: de visita ante Everton y de local contra Chelsea. Con eso aseguraron un lugar en Europa por primera vez desde 1973, apenas un año después de ganar el playoff de ascenso en Wembley.
Por eso, Le Bris, Farke y todo el entorno de ambos clubes merecen elogios: demostraron que un recién ascendido no solo puede sobrevivir, sino también prosperar en la Premier.
Newcastle y Nuno: dudas, altura perdida y golpes de gestión
Newcastle United aseguró un cupo a Champions League en la última fecha del ciclo 2024-25. Pero el domingo ni siquiera tuvo chances de meterse en la Conference League, lo que deja claro el nivel de caída de Eddie Howe y su equipo en el último año.
En defensa del entrenador, hay un factor: el golazo de Alexander Isak que desordenó por completo los planes de pretemporada. Tampoco sería su responsabilidad que Newcastle no lograra fichar con eficacia a ninguno de sus objetivos principales para reemplazar al delantero sueco.
Aun así, Howe no pudo sacarle provecho a Nick Woltemade y, en especial, a Yoane Wissa, que terminó siendo de los peores refuerzos de la temporada. Y no solo eso: tampoco se vio una mejora clara en el rendimiento de Anthony Elanga o Jacob Ramsey. Mientras tanto, la hinchada se fue impacientando por tácticas poco inspiradas y cambios predecibles.
De ese modo, empiezan las preguntas serias sobre el DT que terminó con 70 años de espera de un trofeo local para Newcastle tras ganar de forma sorpresiva la Carabao Cup frente a Liverpool, pero que ahora llega tras un 12° puesto en la liga, un desenlace inaceptable.
Se dice que Howe aún tiene respaldo del CEO David Hopkinson y del director deportivo Ross Wilson. Incluso el propio entrenador sostiene que es el indicado para el puesto. Pero la duda es si él mismo querrá seguir al final del mercado: hay chances reales de que el verano empeore lo ya flojo del anterior, con rumores de salidas de Anthony Gordon, Sandro Tonali y Bruno Guimaraes desde St. James’ Park.
Además, Newcastle tuvo dificultades para atraer talento a Tyneside incluso con Champions League. Sin fútbol europeo, el desafío será mayor, especialmente si se confirma que los dueños sauditas planean reducir inversión en deporte.
También hay un caso duro en Nottingham Forest: el de Nuno Espirito Santo, con una de las etapas más complicadas para un entrenador. A pesar de haber clasificado al club a competiciones europeas el año previo, lo despidieron con solo tres partidos de la campaña 2025-26 después de que estallara el conflicto con el propietario Evangelos Marinakis. El motivo fue la decisión de nombrar a Edu, ex director deportivo de Arsenal, como jefe global del club, y darle al brasileño el control de las transferencias.
Nuno no estuvo desempleado mucho tiempo: el 27 de septiembre fue presentado como reemplazo de Graham Potter en West Ham, con la misión de sacar al equipo de la zona de descenso. Sin embargo, el equipo solo pareció estar realmente a salvo en abril, cuando sumó 7 puntos sobre 9 inmediatamente después del parón por selecciones de marzo. West Ham no volvió a ganar hasta la última fecha, pero para entonces Tottenham ya lo había pasado en la tabla. El 3-0 ante Leeds llegó tarde y terminó siendo inútil.
El descenso se interpretó como un castigo lógico para las decisiones pobres de los dueños. Aun así, cuesta no sentir algo de empatía por Nuno: varias decisiones grandes se le dieron en contra en la recta final. Y además, el hecho de que Unai Emery haya puesto un equipo debilitado antes de una semifinal de Europa League le regaló tres puntos enormes a Tottenham en Aston Villa.
De todas formas, los números marcan que desde la confirmación de que había que cambiar el rumbo, Nuno tuvo ocho meses completos para evitar el descenso y no lo logró. Como dijo justo después de confirmarse la caída: “Mejoramos, pero no fue suficiente”.
Brentford, Brighton y Bournemouth: la sorpresa de presupuestos bajos
El dinero es el motor del fútbol moderno: los clubes más ricos suelen quedarse con la mayor parte de los trofeos. Pero esta Premier volvió a demostrar que con presupuestos chicos se puede dar el golpe. Brentford, Brighton y Bournemouth fueron tres ejemplos emocionantes: terminaron en la mitad alta de la tabla pese a estar entre los cinco clubes con menores salarios.
Brentford, además, fue el caso más improbable. Llegaba como 20° en el análisis general y se esperaba que sufriera mucho tras la salida de Thomas Frank hacia Tottenham. Con su reemplazo, el ex coach de pelota parada Keith Andrews, muchos lo daban como el siguiente en caer. Sin embargo, la base del Gtech Community Stadium fue tan sólida que Andrews no solo aguantó a Frank —que fue despedido por Spurs en febrero— sino que igualó el mejor rendimiento del danés en Primera: un 9° puesto, marca histórica para el club.
Brighton, por su parte, ya era visto como uno de los equipos mejor gestionados de Europa. Por eso, no fue sorpresa que Fabian Hurzeler metiera al equipo en la Conference League, con chances reales de ganarla el año próximo.
Y Bournemouth: Andoni Iraola es claramente un entrenador joven de enorme proyección. Pero el propio español debería admitir que el mérito del histórico sexto lugar no recae solo en el cuerpo técnico y los jugadores. También hay que reconocer el trabajo de toda la estructura del Vitality Stadium.
Con todo esto, el club mira con optimismo el futuro aunque Iraola se vaya: ya probaron, junto con Brentford y Brighton, que la élite inglesa a veces tiene más dinero que sentido.
Tottenham, De Zerbi y el enojo con ENIC
Tottenham evitó el descenso el domingo, pero eso no se vivió como fiesta. Como reconoció el defensor Micky van de Ven, “terminar 17° dos años seguidos es inaceptable”. El central remarcó que el club tiene jugadores increíbles y que fue una vergüenza llegar hasta el final dependiendo de lo que pasara con rivales.
El trabajo de Roberto De Zerbi desde su llegada el 31 de marzo deja una ventana de esperanza, aunque no hay que perder de vista su perfil: es exigente y no teme mostrar su malestar si siente que lo dejan tirado desde el lado directivo en el mercado. En este momento, el italiano trabaja para un equipo que se asocia con anuncios flojos y decisiones cuestionables. (La referencia apunta directamente a la gestión y a las señales internas discutidas).
En ese marco de alivio en el Tottenham Hotspur Stadium, un cartel resumió el sentimiento general de frustración: “Promised success, delivered failure. ENIC out!”.
