La vuelta de José Mourinho a Real Madrid era una confirmación que se venía masticando desde hace tiempo. El mes pasado, de hecho, se había filtrado que el portugués encabezaba la lista de prioridades de Florentino Pérez para reemplazar a Álvaro Arbeloa, que apenas había tomado el mando luego de la salida apresurada de Xabi Alonso en enero. Aun así, el momento sigue siendo impactante: en medio de una crisis profunda, el club decide apostar fuerte por un entrenador cuya llegada no parece, precisamente, un bálsamo.
Madrid atraviesa un período convulsionado: Pérez pelea por su supervivencia política en el día a día, hay futbolistas que terminan hospitalizados por incidentes ocurridos en el entorno del equipo y, además, millones de hinchas firmaron una petición para que se venda a delanteros “estrella”. En ese escenario, sumar a Mourinho se siente como echar combustible sobre un incendio que ya estaba fuera de control.
Con ese panorama, surge una pregunta inevitable: ¿quiénes son los grandes beneficiados y quiénes los grandes perjudicados de una decisión que es a la vez inesperada y, en cierto punto, previsible? GOAL desmenuza el impacto de la designación.
El retorno de “El Especial” y el cambio de época
Mourinho, figura históricamente segura de sí misma, seguramente interpretará su regreso como volver a un lugar donde siempre supo moverse con comodidad: el comando de uno de los clubes más grandes del planeta. Sin embargo, la lectura más fría es que “El Especial” ya no conserva exactamente ese aura que lo convertía en el entrenador “todoterreno” por definición.
Benfica, que había mostrado interés en conservar a un DT que recién había recontratado en septiembre, difícilmente vaya a entusiasmarse con esta nueva etapa. A Mourinho lo miraron con ganas de despedirse sus cuatro empleadores anteriores: Fenerbahce, Roma, Tottenham y Manchester United.
Cuando arribó a Madrid en 2010, muchos neutrales lo veían como el número uno del mundo. Venía de ganar un triplete con Inter, y también traía antecedentes enormes con Chelsea y Porto. Pero de cara a este nuevo intento, el dato cambia el relato: no conquista un título de liga desde 2015 y, en los últimos nueve años, el único trofeo que aparece en su vitrina es la Conference League.
Así, mientras en su momento Mourinho cuestionó la credibilidad de varios entrenadores jóvenes que habían aterrizado en equipos top, la realidad es que en la última década no acumuló resultados que necesariamente justifiquen un regreso de semejante magnitud. Por eso, más allá de la autoconfianza, debería sentirse agradecido con Pérez por darle otra chance de demostrar que todavía puede competir en el más alto nivel.
Pérez apuesta por personalidad: el contraste con Zidane y Ancelotti
Florentino Pérez, fiel a su forma de pensar, siempre sostuvo que para dirigir a Real Madrid hace falta un perfil de personalidad particular. Y, en esa lógica, no le faltan argumentos: Zidane y Ancelotti compartían una misma línea de carácter, con perfiles serenos, controlados y con un respeto ganado tanto por su carrera como futbolistas como por la forma de manejar el vestuario. En un ambiente de presión brutal, con egos altos y tensiones permanentes, ambos supieron administrar emociones.
El problema es que Mourinho no es de esa estirpe. No suele “desactivar” los climas internos: más bien suele soltar “verdades” en momentos sensibles, con poca consideración por consecuencias o daños colaterales. Antes, su capacidad para motivar lo convertía en un maestro. Pero hoy sus métodos no impactan con la misma eficacia que en su mejor etapa, y, además, en Madrid no todo fue exitoso de manera sostenida.
En su primer ciclo, hizo lo suficiente para romper la hegemonía de Barcelona en el campeonato español. No obstante, su mandato terminó antes de tiempo por la pérdida de respaldo de figuras clave del vestuario: entre ellas, dos íconos del club, Sergio Ramos e Iker Casillas. De hecho, el segundo incluso manifestó estar en contra de un posible regreso. Pero su postura, lógicamente, no alcanzó para frenar el plan.
Con Pérez convencido de que Mourinho sigue siendo “el hombre” y con esa apuesta sosteniendo buena parte de su mandato, el riesgo es clarísimo: no parece una jugada con final feliz garantizado. Todo indica que podría salir mal, y fuerte.
El contexto del “plan Alonso” que se rompió
El verano pasado, Hansi Flick recibió con atención el nombramiento de Álvaro Alonso como entrenador de Madrid, pero también se encargó de anticipar que eso podía ser una mala noticia para Barcelona. En su rol como seleccionador de Alemania, Flick había tenido contacto con el técnico español en el pasado y había quedado impresionado por su forma de entender el fútbol.
El arribo de Alonso también marcaba un cambio que se venía demorando en el Bernabéu: parecía que José Ángel Sánchez había logrado convencer a Pérez para apostar por un estilo más moderno, donde el trabajo colectivo tuviera prioridad sobre el protagonismo individual.
Sin embargo, el presidente nunca terminó de subirse por completo al proyecto. Incluso después de un comienzo alentador de Alonso, coronado con una victoria 2-1 en el primer Clásico de la temporada que permitió a Los Blancos abrir una diferencia de cinco puntos sobre Barcelona en la cima, el rumbo se quebró. En cuanto los resultados empeoraron, Pérez se encontró ante una decisión directa: apoyar a un entrenador exigente intentando construir algo con sentido en Madrid o satisfacer a un pequeño grupo de figuras inconformes lideradas por Vinicius Jr. Y, tras apenas seis meses, la dirigencia decidió abandonar el ciclo de Alonso.
Así, aunque la reputación de Alonso quedó relativamente “reparada” por el caos que hoy atraviesa el club, la imagen de Pérez quedó muy golpeada. En su desesperación, recurrió a Mourinho como solución rápida, como ya había hecho en 2010.
Barça mira el regreso con cautela… pero no con pánico
En Barcelona, el regreso de Mourinho no genera indiferencia: durante su etapa anterior en Madrid, ganó una Copa del Rey y una Liga. Aun así, es poco probable que lo vean como un asunto realmente alarmante. Aunque no estén en el mismo nivel de hace 16 años, Flick levantó a un plantel joven y unido que viene de ganar dos campeonatos consecutivos. Y, además, el perfil polarizante de Mourinho choca con un vestuario que hoy ya aparece dividido.
Con ese escenario, se espera que los “hermanos” de La Masia puedan imponerse con claridad sobre un Madrid con componentes menos cohesionados y más cargados de individualidades.
Y hay un factor extra: si Vinicius ya tuvo un problema con Alonso, ¿qué chances hay de que ahora logre una relación armoniosa con un entrenador hacia el que, además, podría guardar rencor personal?
El antecedente con Vinicius en el recuerdo: declaraciones que encendieron el fuego
No es un detalle menor. Mourinho acusó a Vinicius de ser responsable de los incidentes que se vivieron en el Estádio da Luz en febrero, cuando el extremo recibió insultos verbales tanto de la parcialidad local como de Gianluca Prestianni, jugador de Benfica, luego de abrir el marcador en el primer partido del play-off de la Champions League en Lisboa.
Prestianni, que se cubrió la boca con la camiseta para impedir que se viera lo que decía, terminó sancionado luego por “conducta homofóbica” hacia Vinicius. Paradójicamente, el argentino evitó cualquier castigo por una supuesta agresión racista contra el brasileño, un señalamiento que Prestianni siempre negó. Incluso, se mantuvo firme en sus dichos al hablar con Mourinho después del partido.
La lectura de Mourinho sobre el episodio, sin embargo, terminó enojando a mucha gente alrededor del mundo. En aquel momento, el portugués explicó —en diálogo con Amazon Prime— que le dijo a Vinicius que, cuando marcás un gol así, lo normal es celebrarlo y volver; y que el problema era que eso “pasa en todos los estadios” donde juega Vinicius. En el fondo, el argumento sonó a una especie de culpa asociada al propio futbolista por la cadena de agresiones racistas que venía recibiendo.
Fue una frase fuerte y polémica, una declaración poco afortunada que, en la práctica, terminaba responsabilizando a Vinicius por el abuso racista que sufrió durante años. Por eso, el regreso de Mourinho abre una incógnita adicional: si su llegada tendrá algún efecto en las tratativas contractuales extendidas de Vinicius, que quedará como agente libre el año próximo y por eso ya aparece vinculado a un posible traspaso de verano hacia otro grande europeo.
El “show” Mourinho y el impacto mediático
Guste o no, Mourinho no pasa desapercibido: aunque quizá ya no sea el referente que marcaba tendencia a nivel táctico, sigue siendo una figura diferencial en la capacidad de provocar reacciones. También domina la escena mediática como pocos. Cada vez que se le acerca un micrófono, suelta frases que se vuelven titulares, y según el clima o la intención previa, puede ser tan gracioso como ofensivo. Justamente por eso, todos quieren escucharlo.
En definitiva, Mourinho sigue siendo un producto de alta convocatoria. Su regreso a Real Madrid será bien recibido por los responsables de derechos televisivos de La Liga, la Champions League y la Copa del Rey: no hay neutralidad cuando se trata del autoproclamado “Special One”. De ese modo, los hinchas de todo el mundo seguirán cada semana si celebra victorias o si sufre las derrotas.
Choques históricos con el entorno azulgrana y el fútbol español
En agosto de 2011, luego de otro Clásico cargado de toxicidad, Mourinho llegó a agredir al asistente Tito Vilanova, un gesto que dejó marcas. En ese contexto, Gerard Piqué acusó al entonces DT de “destruir el fútbol español”. Aunque Piqué no sea precisamente el más confiable cuando habla, en esa oportunidad su crítica tenía un punto: se trataba de un clima que se iba degradando.
Después, Andrés Iniesta —más tranquilo y respetado— sostuvo que Mourinho había “cultivado” un clima de “odio” entre Madrid y Barcelona, algo que terminó haciendo “mucho daño” al seleccionado nacional. El campeón del Mundo remarcó que no hacía falta ser de uno u otro lado para reconocer que aquella situación era desagradable, y que el elemento clave de esa historia era Mourinho.
También se suma el punto de Casillas. El ex arquero cree que el cambio en la actitud de Mourinho hacia él tuvo que ver con el intento del entrenador de reconstruir puentes que, en algún momento, había quemado. En 2016, Casillas contó que habló con Xavi Hernández y Carles Puyol, y que les dijo que la situación podía terminar cargando demasiado al fútbol español, por lo que era necesario limar asperezas. Según su versión, esa conversación pudo no sentarle bien a Mourinho, especialmente por el hecho de que él buscara hablar con gente de Barcelona para bajar la tensión.
El regreso, con Barcelona y Madrid acusándose entre sí
Con todo esto encima, el regreso de Mourinho al Bernabéu parece llegar en el peor momento posible. Barcelona y Madrid se alternan en las acusaciones por corrupción e influencia sobre autoridades, y la tensión institucional está lejos de calmarse. En ese clima, vuelve la frase de Piqué de 2011: “Esto va a terminar muy mal”.
