En el fútbol, cada entrenador tiene sus fuentes de inspiración. Muchas veces aparecen referentes de siempre: Rinus Michels, Sir Alex Ferguson, Bill Shankly o Pep Guardiola. Otras veces, la motivación llega por caminos más vinculados al aprendizaje: mentores, cursos de formación y experiencias previas en el rol.
Marko Mitrovic, entrenador de New England Revolution, respeta a los clásicos. Pero su inspiración principal tiene otro origen: una figura del tenis cuyo recorrido fue alterado de manera definitiva antes de terminar de alcanzar su techo. Monica Seles ganó siete títulos de Grand Slam siendo adolescente y parecía destinada a convertirse en una de las grandes de la historia del deporte. Sin embargo, en 1993, durante un torneo en Alemania, fue apuñalada por un espectador. A partir de ese momento, nunca volvió a ser la misma.
En el caso de Mitrovic, lo que más queda grabado no es el ataque. Es la forma en la que Seles encaraba el juego.
“Siempre le enseñaban a concentrarse en el punto que viene. ¿Sabés que en tenis, para cada punto, cambiás de lado? Ella fallaba ese cambio muchísimas veces porque no tenía idea de cuál era el marcador”, comentó Mitrovic. “Eso me impactó muchísimo”.
Y si suena intenso, es porque el entrenador también lo es. En New England Revolution no traza objetivos de temporada. Tampoco mira la tabla de la MLS, al menos eso es lo que afirma.
Su obsesión por los detalles individuales puede hacer que, en la práctica, la magnitud del logro —especialmente en el registro de victorias y derrotas— quede un poco desdibujada. Aun así, los métodos están funcionando. Si se fijara en la clasificación, Mitrovic sabría que los Revs están terceros en la Conferencia Este. Además, desde el 21 de marzo en la MLS solo perdieron una vez.
“Tengo una fuerte convicción: si repetimos las cosas correctas una y otra vez, ahí es donde se construye el gran éxito. Pero el gran éxito no aparece antes de que alcancemos esos pequeños triunfos que vienen después”, expresó.
Ahora bien: todos los entrenadores tienen “jugadas” particulares. Muchos hablan durante horas de su obsesión por los detalles o de la forma en que estudian videos antes, después e incluso durante los partidos. Están las escenas más “performáticas”, como la de Liam Rosenior en su etapa en Chelsea, compartiendo notas mientras el equipo estaba 3-1 abajo contra PSG. También queda la imagen de Marcelo Bielsa dando indicaciones desde un balde apoyado de costado, con la intensidad que lo caracteriza.
Entonces, ¿cuál es la marca de Mitrovic? No hay una única respuesta. Sí: le encantan los detalles y no desconecta. Pero, para él, todo arranca con un contexto duro, sin concesiones.
Antecedentes: la vara más alta desde adentro
Mitrovic nació en Belgrado, Serbia, y desde chico fue formado en la academia de Estrella Roja de Belgrado. Allí aprendió, muy rápido, la diferencia entre “intentarlo” y “ganar”.
“No hay negociación, todos los días. Tenés que estar en tu mejor versión en cada partido que jugás. Tenés que ganar cada juego, respetarte y saber que, sin importar quién sea el rival, vas a jugar para ganar. En Estrella Roja no existe negociación con el triunfo”, sostuvo.
Ese enfoque se repetía en cada práctica: se peleaba un lugar contra los mejores jugadores del país.
“La competencia es tan alta que para sobrevivir ahí tenés que competir con los mejores dentro del club. Los mejores jugadores siempre llegan”, agregó.
La ironía es que él no llegó a “sobrevivir” en el sentido esperado: solo tuvo una aparición con el equipo de su infancia en un partido de copa, antes de ir pasando por distintas instituciones. Además, registró tres préstamos separados en otros clubes serbios. También jugó en Hungría, Azerbaiyán y Kazajistán.
Su etapa más larga en un club fue un ciclo de tres años en FK Budućnost Banatski Dvor, un equipo que hoy ya no existe: transitaba entre el primer y segundo nivel de Serbia, se fusionó con otra entidad y, finalmente, dejó de operar en 2016. Mitrovic cerró su carrera con 232 partidos a lo largo de 15 años. Estuvo en los registros de 14 clubes distintos y se retiró apenas después de cumplir 32 años.
“Es normal competir con los mejores para ganarte el puesto, y luego siempre tener que rendir al máximo para ganar los partidos. Creo que eso fue lo que más me marcó. Y eso moldeó quién soy como persona ahora”, explicó.
Del banco de suplentes al trabajo de formación
El salto a la dirección técnica le terminó resultando lógico. Pero incluso esa transición no fue lineal. Primero tuvo un par de trabajos como asistente. Después llegó una breve etapa como interino en Napredak, donde logró que el equipo serbio ascendiera a la primera división.
Luego se enfocó en el fútbol formativo: dirigió en las selecciones sub-20, sub-19 y sub-18 de Serbia, además de trabajar también con jugadores todavía más jóvenes. Fue asistente cuando Serbia se consagró campeón del Mundial Sub-20.
“Tuve la suerte de ganar el Mundial siendo asistente. Entonces, otra vez: probar lo que significa ser el mejor equipo del mundo”, dijo.
Una conexión con Veljko Paunovic lo llevó a la MLS. Paunovic lo contrató como asistente principal cuando asumió en Chicago Fire en 2016. Más tarde, Mitrovic se sumó al cuerpo técnico para el MLS All-Star Game de 2017 contra Real Madrid, un plantel que contaba con nombres del nivel del Balón de Oro como Bastian Schweinsteiger, Kaká y David Villa.
“Entrené a tres jugadores que fueron nominados al Balón de Oro. Así que sé lo que implica [entrenar] a uno de los mejores del mundo, o al menos tengo una comprensión bastante buena de lo que se necesita para estar ahí”, sostuvo.
Para cerrar esa etapa, pasó dos temporadas en Reading después de la salida de Paunovic de Chicago.
“Todos vamos acumulando experiencias entrenando en diferentes niveles. Entrené juveniles. También fui entrenador a nivel de mayores, como acá en la MLS durante cuatro años. Además, valoré mucho mis dos años en Inglaterra”, comentó Mitrovic.
Y después vino Estados Unidos. Igual que antes en Serbia, fue armando un camino “ordenado” en dos trabajos de base. Primero, guió a los U23 en los Juegos Olímpicos de 2024. Más tarde, supervisó una campaña hasta cuartos de final con los U20, que terminó con derrota ante una selección marroquí sólida.
“Estos cuatro años con la federación fueron increíbles. Me sirvieron para ayudar todavía más, para aprender sobre la liga y para aprender sobre la mentalidad de los jugadores. Tuve gente increíble en la federación que me ayudó a crecer como entrenador”, aseguró.
Mitrovic también puede señalar historias de éxito. Dirigió una selección U23 en los Juegos Olímpicos que hoy se viene desarrollando de buena manera. Miles Robinson, Patrick Schulte y Jack McGlynn aparecen en la conversación para el plantel de Estados Unidos este verano. Tanner Tessmann tiene chances reales de jugar desde el arranque. En el nivel U20, identificó temprano a Zavier Gozo, que actualmente —según se comenta— estaría en la órbita de Aston Villa y Atlético Madrid.
¿Dónde deja todo esto a Mitrovic hoy? El punto más evidente en su carrera es la ausencia de un rol full time como entrenador principal de profesionales de primer nivel. Por más que el recorrido sea amplio entrenando juveniles de manera constante o asistiendo en programas de élite, en general eso no alcanza para preparar del todo a la mayoría de los técnicos para esa tarea. De todos modos, en el caso de Mitrovic hay ciertos hilos que puede tomar: ejemplos individuales que fueron moldeando su manera de trabajar.
El método en New England: análisis, objetivos “no negociables” y claridad
Su designación fue recibida con elogios por la mayoría. Mitrovic parecía un entrenador que necesitaba una oportunidad, y por fin la tuvo. Ahora tiene su propio equipo y viene aplicando un enfoque intensamente analítico que se parece a la pelea diaria que afrontó para ganarse el lugar en Serbia. En su estructura hay mucho peso de los números y, especialmente al principio de la temporada, poca obsesión con el resultado inmediato.
“Pasamos siempre por ciertas cosas que son importantes para nosotros. No hay aspectos negativos ni positivos del juego como tal”, explicó.
En su lugar, propone un desglose minucioso en cuatro categorías: ataque, defensa, jugadas a balón parado y mentalidad. En cada apartado se plantean objetivos puntuales, que no dependen directamente del marcador. A veces, incluso, se van a detalles muy específicos.
“Por ejemplo, la cantidad de remates en general importa. Pero para nosotros, lo más relevante es desde qué distancia están llegando esos tiros. Si tomás 50 disparos desde 30 yardas, ¿a dónde te lleva eso? Podés agruparlo con los esperados goles. Si tenés 50 remates desde 30 yardas, ¿qué tan probable es que metas? Y la respuesta no es precisamente ‘probable’”, planteó, anticipando el concepto de que el dato por sí solo no garantiza eficacia.
También existen planes concretos para jugadores. Un ejemplo: cuántas veces un futbolista llega al área en cada 90 minutos. Pero incluso ahí, las metas no son rígidas ni automáticas.
“No podemos decirle al jugador: ‘tenés que llegar a la caja ocho veces’. ¿Y si llega ocho veces y después piensa: ‘Bueno, el coach me dijo ocho, ya no hace falta más’? Pero después se abre el partido y vos tenés que hacerlo 20 veces”, remarcó.
El entrenador entiende que el equipo está afinando el “tono” de trabajo.
“No creo que estemos haciendo algo mágico. Lo que sí siento es que hay claridad entre los jugadores y nosotros sobre lo que queremos hacer. La devolución de los chicos, hasta ahora, viene siendo muy buena”, concluyó.
Igualmente, los marcadores finales son lo único que no se puede calcular con total certeza. Se celebran pequeños hitos. Mitrovic puede sentirse orgulloso de logros puntuales —y suele hacerlo—, pero también dejó claro que podés cumplir cada objetivo y aun así que no llegue el triunfo.
Y por eso, justamente, no mira la tabla. “Cuando llegás al partido, es muy difícil predecir cualquier cosa. Esa es la mayor incertidumbre que tenemos. Tenés que asegurarte de que todo lo que hacemos antes del encuentro esté bien”, dijo.
En esa línea, también “apaga” bastante el ruido externo. Cuando está en casa, mira fútbol. Cuando no está entrenando ni en el campo de práctica, piensa en fútbol. No queda mucho lugar para otra cosa.
“Mi esposa siempre dice que tengo suerte porque amo tanto este juego. Puedo mirar sin parar. Siempre veo fútbol y en casa todos somos iguales, así que no hay problema. Sabés, soy tan poco talentoso para otras cosas que no tengo otras actividades”, comentó.
Mitrovic insiste en que no está obsesionado: sería una palabra con una connotación equivocada. Lo suyo es más bien amor profundo por el deporte.
“Simplemente amo el juego. Siempre siento también una responsabilidad enorme por lo que representa”, cerró.
Presente en la MLS: recuperación, defensas sólidas y juveniles con minutos
Ahora queda por ver hasta dónde llega New England Revolution. Tras un comienzo complicado, el equipo se recuperó. Una derrota difícil ante Nashville cortó una racha de siete partidos sin perder en la liga. Hoy los Revs están terceros en el Este, con un partido pendiente respecto del segundo, Inter Miami.
Mitrovic tiene piezas clave acercándose a su mejor versión: Carles Gil y Luca Langoni están en la recta final para lo que puede ser su pico. Además, viene dando minutos a futbolistas jóvenes, especialmente Brooklyn Raines y Peyton Miller, que lograron llamar la atención.
En números defensivos, el equipo muestra una mejora: tiene la séptima mejor defensa de la MLS con 16 goles recibidos. Todo esto representa un salto para un plantel que el ciclo anterior terminó a 17 puntos del puesto de repesca final.
Mitrovic sabe que muchas cosas pueden cambiar. Pero insiste en que los pequeños hitos son los que de verdad importan: un remate, una práctica, un día a la vez.
“No creo que estemos en ningún punto de destino ya definido. Si lo pensás como un partido de 90 minutos, estamos en el minuto 30, en una situación buena. Todavía falta muchísimo camino”, concluyó.
