Lionel Messi tiene 38 años y, más adelante en este mismo mes, cumplirá 39. No fue sorpresa, entonces, que desde Inter Miami informaran que en la actualidad está padeciendo una “sobrecarga asociada con fatiga muscular en el bíceps femoral izquierdo”. Esa zona, precisamente, viene recibiendo exigencias durísimas desde hace más de dos décadas, con todo lo que implica para un futbolista que nunca dejó de competir al máximo.

En ese contexto, inevitablemente aparece la pregunta: ¿por qué Messi sigue empujando el cuerpo al límite cuando la mayoría de los jugadores ya se retira? No es que le quede algo pendiente en lo personal o en lo deportivo: prácticamente terminó de escribir el libro del fútbol. La consagración en el Mundial de Qatar fue tan dominante y tan definitiva que terminó por apagar, de una vez, el debate eterno sobre el “GOAT”.

Pero entonces surge otra duda: ¿hay algo nuevo que Messi pueda ganar en una sexta final? ¿O, más bien, hoy está tan afianzado como leyenda viviente que siente que no tiene nada que perder?… En realidad, la carrera internacional de la mayoría de los futbolistas no se elige: suele cortarse por decisión ajena, muchas veces del entrenador, o por una lesión.

Incluso cuando el jugador tiene la posibilidad de definir el cierre, no suele ser sencillo despedirse con el final soñado. Para Messi, en cambio, la oportunidad llegó en el momento ideal: tuvo la chance de retirarse en la cima más alta, después de levantar el trofeo más importante.

Durante años, el objetivo central había sido ganar la Copa del Mundo. Y cuando no pudo imitar a Diego Maradona llevándose la selección al título en la gran escena, ese “debe” se usó como argumento para golpearlo, como si el resto de su excelencia sostenida durante tanto tiempo se viera opacada por esa cuenta pendiente.

Sin embargo, justo cuando parecía que el “sueño de la infancia” se había apagado tras la eliminación de Argentina en octavos de final en Rusia 2018, Messi hizo que volviera a hacerse realidad en circunstancias increíbles en Qatar.

Lo de Messi en 2022 desafió cualquier explicación lógica. Tenía 35 años y, aun así, dejó a jugadores 15 años más jóvenes girando alrededor de su fútbol; incluso nombres como Josko Gvardiol, que lejos de avergonzarse, terminó recibiendo un premio por el partido y por la experiencia de enfrentarlo.

“Mañana voy a poder decirles a los chicos que marqué a Messi durante 90 minutos”, dijo Gvardiol luego de la derrota de Croacia en semifinales ante Argentina, en Lusail. Y no fue solo él: hubo muchos rivales que sintieron que compartieron cancha con algo que no parecía real.

Keanu Baccus, de Australia, lo resumió con crudeza al admitir que “parece falso” dentro del campo. Y agregó que era surreal lo bueno que era en la práctica, no solo en teoría.

Las actuaciones de Messi, además, fueron todavía más llamativas por el contexto de presión al que llegaron. Argentina arribó a Qatar con una racha de 36 partidos sin perder, coronada con el título de la Copa América, pero el escenario se complicó temprano: en el debut del torneo sufrió una sorpresa ante Arabia Saudita y quedó al borde de una eliminación prematura, lo que volvió a poner en discusión, una vez más, la credencial de Messi como capitán.

Pero cuando el país lo necesitó, Messi respondió. Logró el quiebre en el partido que Argentina debía ganar sí o sí ante México y después se transformó en el primer jugador en anotar en cada etapa decisiva del Mundial: fase de grupos, octavos de final, cuartos, semifinales y final. Así, el conjunto albiceleste se alzó con su primer Mundial desde 1986, un cierre que también se sentía inevitable: desde Maradona no había un futbolista que dominara la instancia final con tanta superioridad.

Con su quinto premio de Jugador del Partido en ocho encuentros, Messi no podía imaginar un final más feliz. Fue casi de película y, además, hasta se animó a hablar como el “buen chico” que por fin consigue lo que busca. Al sostener el trofeo, expresó con entusiasmo: “¡Es una locura! Mirá qué hermosa es. Yo la quería muchísimo. Tuve una visión de que iba a ser esta… y cada vez se acercaba”.

Continuó: “Tuve suerte de poder lograr todo en esta carrera… y esta que me faltaba está acá. Quería cerrar mi carrera con esto. Ya no puedo pedir nada más, gracias a Dios, me dio todo”. Y aun así, Messi decidió no irse directamente al atardecer.

Después de esperar tanto por el Mundial, tampoco era raro que no tuviera apuro para soltar el trofeo. “Voy a llevar el trofeo a Argentina para disfrutarlo con ustedes”, les dijo a los hinchas que miraban desde el país, en el tramo posterior a lo que muchos consideran la final más grande de la historia. “Amo lo que hago, amo estar en la selección, y quiero seguir jugando unos partidos más siendo campeón del mundo”.

Lo cierto es que Messi se lo había ganado: entregó todo para su momento de gloria y, por lo tanto, tenía derecho a saborearlo. Pero lo que vino no fue una vuelta de honor. Rápidamente se vio que quería más medallas y que no tenía intención de abandonar la carrera. Su determinación, la que a veces se subestima, siguió intacta.

Ahora bien, el motivo principal de su continuidad en la selección parece haber sido, ante todo, el disfrute. Ganarlo todo cambió el mundo para Messi: le quitó una carga que llevaba desde que Maradona lo señalara como su heredero. La victoria lo liberó. Aun así, Messi mismo reconocía que, por más que su figura fuera determinante en lo individual, Qatar fue un trabajo colectivo. Esa idea de equipo, justamente, es la que más lo conmovía.

Hasta la llegada de Lionel Scaloni como entrenador, Messi no había vivido un vínculo tan profundo ni con el cuerpo técnico ni con el grupo de jugadores. Y en una entrevista que brindó el año pasado, antes de que pasaran demasiadas semanas, lo explicó con claridad: desde el primer día se instaló una idea, pero lo mejor, más allá del modo de experimentar el juego y de organizar los partidos, fue la cercanía con el plantel.

“La forma en que trata a los jugadores, cómo se conecta con cada uno: los conoce como personas, sabe cómo hablarles, porque él armó este equipo trayendo jugadores nuevos, incluso algunos que no eran tan conocidos en el fútbol argentino”, remarcó Messi. Y sumó: “Es un grupo increíble, que se lleva muy bien. Pero en los entrenamientos o en ciertas tareas, si hay que exigirse, se exige. Todos dan todo, y eso es una fortaleza enorme de este plantel y de esta selección”.

“Scaloni y su cuerpo técnico construyeron todo esto. El clima del día a día viene de ellos”, agregó. Aunque, lógicamente, Messi también puso lo suyo.

Con los años, pese a las críticas por su rol de capitán, fue creciendo en esa función y pasó de ser un personaje históricamente reservado, que prefería que hablara su pie izquierdo, a animarse a expresar con más voz incluso en el túnel, después de los partidos, frente a rivales de gran porte. Era una faceta de uno de los mejores jugadores del mundo que muchos no habían visto, pero que sus compañeros sí conocían, y por la que lo querían.

Emiliano Martínez llegó a describir al grupo como “leones que pelean por Messi”, y Julián Álvarez también contó, antes de la última Copa América, que todo el plantel estaba feliz de seguir contando con el capitán porque, en su día a día, hace que todo sea “mejor”.

Así, Argentina terminó pareciéndose a una familia: o, como dijo Jorge Valdano con esa comparación inconfundible, el equivalente futbolístico de “Ocean’s 11”. En otra charla, el campeón del Mundo en 1986 remarcó que vio una foto: los jugadores bajando del micro, con Messi al frente y el resto detrás, formando una especie de triángulo. Para él, no hizo falta comentar nada: esa imagen explicaba lo que es Argentina.

Por el lado estrictamente deportivo, todavía quedaba un interrogante sobre si Messi iba a seguir hasta 2026. La razón era simple: la campaña de Copa América 2024 se le cortó por lesión, y el Mundial también podría haber sido una víctima de ese mismo escenario físico.

Sin embargo, para Scaloni incluirlo en el plan es una decisión prácticamente automática. Incluso con 38 años, Messi sigue marcando goles y asistiendo con pases que parecen imposibles para cualquiera que no vea el juego desde su perspectiva. Además, su impacto sobre el resto del grupo es algo que el entrenador dice no haber visto antes, motivo por el cual incluso hablaba de reservarle un lugar en la lista de 2026 para Messi desde 2022.

En algunos sectores existe el temor de que su continuidad en Estados Unidos pueda empañar su legado, pero cuesta ver cómo podría pasar algo así. A diferencia de su gran rival Cristiano Ronaldo, Messi ya ganó el Mundial, y nada puede restarle a lo que ya hizo. El fútbol lo terminó hace tiempo, y ahora parece estar disfrutándolo, partido a partido, sin apuro… pero tampoco con pausa.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.