Desde que en el verano de 2024 dejó Manchester para instalarse en el sur de Italia, McTominay vivió una transformación notable. Ya no es una pieza de recambio en Old Trafford: en cambio, se convirtió en el motor y la referencia de los pesos pesados de la Serie A, hasta conducirlos a un título histórico de liga. Tanto fue su impacto que los hinchas lo adoptaron por completo, mientras su pareja, Cam Reading, recibió el apodo de la “Queen of Italy” por parte de la fanática parcialidad napolitana.
De cara a su participación con Escocia en el Mundial 2026, McTominay decidió tomarse un respiro antes del torneo. Eligió disfrutar del sol en una escapada junto a su novia, Cam Reading, y ella compartió postales del viaje en su cuenta de Instagram, mostrando la intimidad del momento previo a la competencia.
De un vistazo
- Tras mudarse en el verano de 2024 de Manchester a Italia, pasó de ser alternativa a figura clave en Serie A.
- Fue parte central de un título histórico de liga y generó una aceptación enorme entre la gente de Nápoles.
- Su pareja, Cam Reading, fue apodada “Queen of Italy” por los hinchas napolitanos.
- En la temporada 2024-25 logró reconocimiento como Jugador del Año de la Serie A y una nominación sorpresiva al Balón de Oro.
- Para afinar su rendimiento sumó rutinas de recuperación: terapia con luz roja y anteojos con filtro de luz azul.
- Se prepara para el Mundial 2026 con una metodología de “marginal gains” y disciplina diaria.
- Además del trabajo físico y táctico, encara el aprendizaje del idioma italiano.
La campaña 2024-25 lo llevó a alturas que pocos preveían al momento de dejar la Premier League. Fue distinguido como Jugador de la Temporada en la Serie A y, como si fuera poco, recibió una nominación inesperada al Balón de Oro. En esa definición terminó por delante de figuras planetarias como Erling Haaland y Jude Bellingham.
Ese salto de nivel no aparece como casualidad: en su proceso influyó una mentalidad orientada a la recuperación, con un enfoque casi obsesivo en los detalles. Incorporó terapia con luz roja y, además, usa lentes que bloquean la luz azul para sostener un pico de rendimiento y acelerar su vuelta a las mejores sensaciones.
Disciplina y mentalidad de élite
Aun con tantos premios individuales, McTominay se mantiene firme en su forma de entender el fútbol, marcada por el hábito de trabajo que le inculcaron desde chico. Se lo describe como un tipo de jugador poco común: de los últimos formados en la cantera de Manchester United durante el ciclo de Sir Alex Ferguson. Esa obsesión sin vueltas con los estándares altos es, precisamente, lo que quiere trasladar al escenario internacional este verano.
Su preparación para el Mundial se parece a un plan minucioso, tanto como sus tareas tácticas bajo la conducción de Conte. En su propio relato remarca que siempre se enorgullece de estar en muy buena condición física y de buscar jugar el mayor tiempo posible dentro del partido, porque entiende que eso es una base fundamental. Incluso cuando tiene descanso, continúa enfocado en las mejoras pequeñas que, acumuladas, fueron las que lo convirtieron en uno de los mediocampistas “box-to-box” más efectivos del mundo.
En una entrevista reciente, además, dejó una señal clara de su disciplina: se presentó 30 minutos antes de lo pautado. Ese tipo de conducta lo convirtió en un jugador preferido por cada entrenador con el que le tocó trabajar. Durante una sesión comentó que, una vez finalizado el entrenamiento del día, se dedicaba a descansar para el próximo compromiso, con la idea de que cada momento de recuperación sea parte del plan para dominar el medio durante los 90 minutos.
La adaptación a Italia también es cultura
El rendimiento de McTominay no se explica solo por lo que hace con la pelota. También se integró de lleno a la vida en Italia. Mientras Conte lo exige en el trabajo diario en el campo de entrenamiento, el contexto italiano también tuvo un rol en su aprendizaje fuera de lo estrictamente deportivo.
Reconoció que aprender el idioma es un desafío, pero que lo encara con la misma intensidad que pone en el gimnasio. Sobre la barrera del idioma, explicó que el italiano no es sencillo porque él habla rápido; y que, encima, cuando escucha a la gente hablar, lo hacen a una velocidad muy alta. Aun así, dice que fue agarrando “pedacitos” en los entrenamientos, en el hotel y en la ciudad.
Con el Mundial cada vez más cerca, el mediocampista —frecuentemente comparado con un “nuevo líder” en Nápoles— apunta a demostrar que puede sostener esa autoridad también en el escenario más grande. Su objetivo es trasladar a la selección esa misma presencia que lo transformó en protagonista en Italia.
