Kylian Mbappé fue elegido Jugador de la Temporada de Real Madrid en una ceremonia del miércoles, repitiendo el impacto que ya había mostrado en la campaña 2024-25. El delantero francés volvió a dominar los premios individuales: terminó como máximo goleador de La Liga con 25 tantos y se quedó con la Bota de Oro por segunda temporada consecutiva, además de encabezar la tabla de anotadores en la Champions League con 15 goles. Pero, aunque sus números marcan una temporada casi perfecta en lo personal, el contraste con el rendimiento colectivo del club es lo que explica el clima de tensión que se vive en el Bernabéu.
Mbappé, la máquina goleadora: números que sostienen el presente y la esperanza
En el acumulado de todas las competencias, Mbappé volvió a ser determinante en 49 ocasiones: registró 42 goles y siete asistencias en 44 partidos. Desde que llegó a Real Madrid en condición de transferencia libre proveniente de Paris Saint-Germain, su producción ya alcanza 86 goles y 12 asistencias en 103 apariciones. Es decir: más allá de lo que ocurra con el equipo en títulos, la referencia ofensiva está clarísima.
En La Liga, el francés cerró con 25 gritos; en el plano internacional, sumó 15 en la Champions. Esa doble vara —liga y máximo torneo europeo— es la que lo mantiene como figura central, con un rendimiento que no se cae incluso cuando el contexto general no acompaña.
- Jugador de la Temporada de Real Madrid (repite el éxito de 2024-25).
- Máximo goleador de La Liga: 25 goles (Bota de Oro por segunda vez consecutiva).
- Líder de anotadores en Champions League: 15 goles.
- En todas las competiciones: 42 goles y 7 asistencias en 44 partidos (49 intervenciones decisivas).
- En su etapa en Madrid (transfer libre desde PSG): 86 goles y 12 asistencias en 103 partidos.
El problema no está en el goleador: la crisis es colectiva y ya se siente en la hinchada
Los logros individuales de Mbappé chocan con una realidad futbolística que, en Real Madrid, viene acumulando frustraciones. El club atravesó un tramo sin títulos en los últimos dos años, sin conseguir La Liga, la Champions League, la Copa del Rey ni la Supercopa. Esa sequía de trofeos fue el combustible para el malestar de la gente, que elevó el tono en el último tramo.
En ese contexto, durante la reciente victoria 2-0 sobre Real Oviedo, el ambiente se volvió claramente hostil. Los hinchas descargaron su bronca por la pérdida del campeonato de liga frente a Barcelona, y lo hicieron con silbidos y cargadas dirigidas a Vinícius Junior y a Aurélien Tchouaméni. Además, aparecieron banderas con críticas hacia el presidente Florentino Pérez, señalando que la tensión no se limita al rendimiento del plantel: también apunta a la estructura y al liderazgo.
Inestabilidad en el banco y un verano que puede definir el rumbo
El ruido en la grada tiene correlato con lo que ocurrió alrededor del plantel en el último ciclo. Real Madrid tuvo tres entrenadores distintos en el período de dos años del jugador de 27 años. Carlo Ancelotti fue reemplazado el verano pasado por Xabi Alonso, pero la experiencia no duró: el español fue despedido rápido y, como intento de recomponer el vestuario, Álvaro Arbeloa tomó el rol de entrenador interino para intentar frenar la fractura interna.
Con ese panorama, el club llega a un cierre de temporada doméstica que tampoco terminó de ordenar las cosas. Tras el triunfo 4-2 sobre Athletic Club el sábado para cerrar una campaña local decepcionante, se abre un verano clave: la necesidad de reconstrucción no es menor y el desafío será inmediato.
- Real Madrid no ganó La Liga, Champions League, Copa del Rey ni Supercopa en los últimos dos años.
- El malestar de la hinchada se manifestó en el 2-0 a Real Oviedo con silbidos hacia Vinícius Junior y Aurélien Tchouaméni.
- También hubo banderas criticando a Florentino Pérez.
- En dos años, el club pasó por tres entrenadores: Ancelotti → Xabi Alonso → Arbeloa (interino).
- El cierre local fue con 4-2 sobre Athletic Club, pero la campaña doméstica fue considerada decepcionante.
La prioridad internacional para Mbappé: Mundial 2026 con dos objetivos en la mira
Mientras Madrid intenta ordenar su presente, Mbappé buscará un refugio futbolístico en el plano internacional. Didier Deschamps lo convocó para el próximo Mundial 2026, donde intentará conseguir su segundo título global luego del que logró en 2018. En lo individual, además, tiene una marca histórica muy cerca: está a solo cuatro goles de igualar a Miroslav Klose como máximo goleador de todos los tiempos en la competencia.
Actualmente, su registro es de 12 goles en 14 partidos, lo que lo ubica igualado con Pelé. Ese dato agrega presión positiva: no solo se trata de ganar, también de dejar un legado que ya empieza a rozar el terreno de los grandes mitos del torneo.
Verano de decisión: reconstrucción y necesidad de cortar el clima tóxico
Con el Mundial como horizonte para Mbappé, el resto de la estructura tiene que resolver lo inmediato: el ambiente tóxico en el vestuario y en la tribuna, y el margen que el equipo sigue dejando respecto a sus rivales domésticos. La diferencia entre la producción del delantero y la falta de títulos del conjunto es tan grande que obliga a pensar en cambios de fondo.
En ese marco, Jose Mourinho aparece como el nombre que se espera para un regreso en su segunda etapa como entrenador, con la misión de restaurar el orden y corregir el rumbo. Si el club quiere recortar la distancia que lo separa de los rivales que sí celebraron en el plano local, la reconstrucción de verano no puede ser cosmética: tiene que traducirse en resultados, pero también en una convivencia futbolera que no termine explotando en cada partido.
En definitiva: Mbappé persigue gloria mundial, pero Real Madrid tiene que arreglar primero lo que falla puertas adentro y en la relación con su propia gente. El desafío de la dirigencia, el cuerpo técnico y el plantel es único: cerrar la grieta entre el talento que define partidos y un proyecto colectivo que no logra sostenerse en títulos.
